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A paso lento: así va la lucha por la autonomía europea en semiconductores

El Viejo Continente apuesta por la soberanía en este ámbito, pero potencias tecnológicas como Estados Unidos o Taiwán tienen monopolios en ciertas áreas de este sector. Los expertos consideran que la mejor opción para la Unión Europea es enfocarse en segmentos que estén alineados con su matriz industrial

Un técnico de laboratorio sostiene un semiconductorMykola Pokhodzhay (Getty Images/iStockphoto)

La Unión Europea comienza a cumplir las primeras metas para fortalecer su industria de semiconductores, pero los expertos no están convencidos de que estos avances sean suficiente para consolidar la autonomía. A pesar del progreso reciente en la implementación de infraestructura de fabricación y desarrollo, fuentes del sector califican de irreales los objetivos planteados por la Ley Europea de Semiconductores (EU Chips Act en inglés o ECA), que pretende duplicar la cuota de mercado mundial de la UE al 20% para 2030. En esta línea, los especialistas subrayan que la falta de ambición en las propuestas y de dinamismo en el financiamiento obstruyen el avance de los Veintisiete hacia la soberanía tecnológica.

Cuatro años después de la presentación de la EU Chips Act, los semiconductores han pasado a ocupar un lugar prioritario en la agenda industrial europea. “La Comisión Europea los ha posicionado, junto a la inteligencia artificial, la biotecnología y las tecnologías cuánticas, como una de las cuatro tecnologías críticas dentro de su Estrategia de Seguridad Económica”, recuerda el equipo de la patronal tecnológica española Adigital. Sin embargo, desde la patronal señalan que la inversión privada sigue estancada, y destacan que el capital privado destinado a deep tech en Europa en 2025 fue de 16.000 millones de euros, una cantidad tres veces menor que los fondos públicos movilizados por la ECA (43.000 millones), según el informe State of European Tech 2025.

Alfonso Gabarrón, gerente de la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (Aesemi), considera que el avance ha sido lento y que no se han cumplido los objetivos de cuota de mercado que la Unión se planteó en un principio. “La propia Ley Europea de Chips no es lo suficientemente ambiciosa y no pone los mecanismos para que estos grandes proyectos terminen de aterrizar. Falta coordinación entre los Estados miembros, capacidad para involucrar a las industrias consumidoras de semiconductores y que adopten las tecnologías y productos que se desarrollen en la UE, y medidas para que el sector en Europa pueda desarrollar proyectos y tecnología que no dependa del extranjero”, sentencia el analista.

Avances y concentración

A pesar de lo anterior, Gabarrón resalta que se han visto iniciativas transformadoras. “Ejemplos de esto son las líneas piloto europeas, infraestructuras en la frontera de la tecnología, de las cuales España es coordinadora de una de ellas, o las inversiones impulsadas por toda Europa para desarrollar capacidades productivas. Son primeros pasos de un recorrido que llevará décadas”, explica el experto a CincoDías.

Justamente, uno de los hitos que muestran el progreso de la estrategia es la reciente inauguración de la línea piloto NanoIC en Bélgica. La Comisión Europea ha movilizado un total de 2.500 millones de euros para desarrollar chips de nueva generación en estas instalaciones, que según un comunicado oficial serán las primeras que utilicen litografía ultravioleta extrema para tecnología por debajo de 2 nanómetros en Europa (semiconductores clave para IA, vehículos autónomos y las redes 6G).

No obstante, competir en un campo donde la producción está tan monopolizada puede ser complejo. Las cadenas de suministro de esta tecnología estratégica actualmente están copadas por compañías de Taiwán, que controla cerca del 72% de las fundiciones con el gigante TSMC, o Estados Unidos, que domina el diseño con empresas como Nvidia, Broadcom, AMD o Intel. Japón, China y Corea del Sur también controlan cuotas relevantes en otras partes específicas de la cadena productiva.

En Europa, entidades como Bank of America resaltan que Países Bajos es uno de los países que lideran en este sector, con la tecnología de gigantes como ASML, Besi, ASM International o NXP. En el resto del bloque, firmas como Infineon (Alemania) o STMicroelectronics (Suiza-Francia-Italia) también lideran con productos enfocados en el ámbito de la automoción, la industria y la gestión energética. Dicho esto, cabe mencionar que existe una relación de dependencia con las grandes potencias. Ejemplo de esto es que Bank of America calcula que China compró el 72% de todas las máquinas de litografía que vendió el gigante neerlandés ASML en 2024.

“En conjunto, estas capacidades posicionan a Europa no como un gran centro de fabricación de chips en nodos avanzados, sino como un habilitador clave de la innovación global en semiconductores, a través de herramientas y conocimiento en semiconductores analógicos que sustentan la industria”, explica Joran Mambir, especialista de producto en J. Safra Sarasin Sustainable AM (JSS).

Metas realistas

En esta coyuntura, Gabarrón ve más “realista” pensar que Europa puede tener capacidades equivalentes a las de Taiwán o EE UU para tecnologías más maduras, como las que se utilizan en automóviles, o en nichos como las tecnologías fotónicas, donde incluso se puede ser líder a nivel global. En contraste, considera improbable pensar que lo logrará en las últimas tecnologías como las que se emplean en teléfonos móviles o consolas, pero tampoco cree que sea necesario.

Así, Gabarrón resalta la necesidad de apostar por segmentos claves de esta industria que beneficien directamente a las empresas comunitarias. “En Europa no tenemos fabricantes de móviles, así que, ¿tiene sentido que gastemos 40.000 millones en una fabrica de chips con este uso? Poco a poco vamos generando capacidades en esos puntos donde Europa sí está posicionada, pero hay cuestiones, como las tierras raras o el software para diseñar chips, en las que siempre seremos dependientes del extranjero”, reflexiona el gerente de Aesemi.

Desde Adigital, concuerdan en que la Unión Europea puede reducir sus dependencias y debe hacerlo desde una lógica de autonomía estratégica abierta. “La estrategia europea, más que intentar replicar la cadena de valor debe dirigirse a la construcción de un ecosistema lógico y práctico que potencie aquellos eslabones donde realmente puede competir. Desde la UE se puede liderar el diseño, el desarrollo de materiales avanzados y la atracción de tecnologías estratégicas. A tal efecto, la estrategia europea debería adoptar una visión de cadena de valor completa y full stack, que identifique los nichos donde pueda liderar, como materiales avanzados que mejoren productos existentes y refuercen capacidades que aporten mayor impacto”, indican los expertos de Adigital.

Joran Mambir también coincide en que, para los Veintisiete, no tiene sentido competir en segmentos que no están alineados con su matriz industrial, y en los que además sería prácticamente imposible competir con los grandes fabricantes. “En definitiva, el futuro europeo de los semiconductores no pasa por tratar de alcanzar a TSMC en nodos avanzados, sino por reforzar sus ventajas diferenciales, como la fabricación en nodos maduros, los chips analógicos y de potencia, y su equipamiento de clase mundial. Al mismo tiempo, debe construir con paciencia las bases para una competitividad sostenible a largo plazo”, asegura el analista de JSS.

Costes y otros desafíos

Otra de las grandes dificultades que tiene que abordar el Viejo Continente para ser competitivo es la reducción de los costes. A este respecto, los analistas dicen que, aunque la capacidad de fabricación aumentará, el coste de producción en Europa sigue siendo superior al de Taiwán debido a los precios de la energía y los salarios. De hecho, algunos expertos subrayan que la viabilidad comercial de estos hubs dependerá de los subsidios estatales continuados y de la capacidad de Europa para atraer a empresas de diseño de chips que garanticen contratos de suministro a largo plazo.

“Pese a los esfuerzos políticos y financieros por relocalizar la producción de semiconductores en Europa, construir un ecosistema competitivo a escala global para la fabricación de chips de última generación continúa siendo un reto. Este proceso llevará mucho más que unos pocos años. La brecha no se limita al capital o a las infraestructuras. Tiene que ver con la red profundamente arraigada e interdependiente de proveedores, talento y excelencia operativa que TSMC ha desarrollado durante más de 40 años en Taiwán. Este ecosistema, que abarca desde materiales y equipos hasta ingeniería de procesos y optimización del rendimiento, no puede replicarse de la noche a la mañana”, ponderan los expertos de JSS.

Por su parte, Gabarrón piensa que los costes laborales y el precio de la electricidad son otros elementos en los que Europa es competitiva en condiciones de mercado, aunque cuestiona que el apoyo gubernamental suele inclinar la balanza a favor de los rivales extracomunitarios “En otras regiones, los gobiernos dan grandes paquetes de ayudas que vienen a cubrir estos costes y que rompen esa capacidad de competir de Europa. Otros aspectos como la cultura y la regulación laboral sí marcan la diferencia. La cuestión es: ¿hasta dónde estamos dispuestos a ceder en la guerra por los semiconductores?”, reflexiona el gerente de Aesemi.

Por supuesto, los especialistas también reconocen que la burocracia y las barreras intracomunitarias igualmente quedan citadas como una de las barreras que se tienen que demoler para poder tener una industria de semiconductores competitiva. Desde Adigital, recalcan que la fragmentación competencial entre Estados miembros y la duplicidad normativa generan un entorno donde operar en distintos marcos regulatorios se convierte en una barrera especialmente dura para start-ups y ­scaleups.

“A esto se suma que seguimos trabajando con marcos administrativos diseñados para sectores tradicionales incapaces de adaptarse a ciclos de maduración de diez años propios del deep tech, que no solo ralentizan la burocracia, sino que desincentivan la inversión y la escalabilidad”, expresa el equipo de Adigital.

Con todo, cabe resaltar que algunos analistas del sector creen que el objetivo de la autonomía total, en sí mismo, es inalcanzable y relativamente irrelevante. De hecho, opinan que los Veintisiete no deberían enfocarse en desarrollar otros ámbitos en los que son más competitivos. “En nuestra opinión, Europa nunca alcanzará la independencia total. Es poco probable que ningún país lo consiga jamás. Depender de otras potencias económicas en algunos segmentos de la economía, como materias primas, nube o semiconductores, es aceptable, siempre que esas potencias dependan de nosotros en otros aspectos estratégicos, como transición energética, ingeniería nuclear o defensa”, concluye Thomas Friedberger, deputy CEO y co-CIO de Tikehau Capital.

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