El Premio Mujer y Liderazgo reivindica la importancia de la educación
Clara Fontán y María Porta, ganadoras de la cuarta edición de un galardón que reconoce también la labor de la directora de la Fundación Princesa de Asturias, Teresa Sanjurjo

La educación como palanca de crecimiento para que el talento femenino pueda romper los techos de cristal que se encuentre en su trayectoria profesional. Esa fue la idea que se desprendió de las palabras con las que Macarena Cuenca, decana de Deusto Business School, explicó el propósito que hay tras el Premio Mujer y Liderazgo. La cuarta edición del galardón, impulsado por Deusto Business School y CincoDías con el apoyo del Banco Santander, se ha clausurado este miércoles en un acto celebrado en la sede madrileña de la institución académica.
La ganadora del primer premio, consistente en una matrícula gratuita para cursar el Executive MBA o cualquier otro programa del centro, fue Clara Fontán, directora de operaciones e inteligencia en Corporate Excellence, Centre for Reputation Leadership. Fontán se mostró encantada con que el reconocimiento le diera la oportunidad de hacer una de las cosas que más le gusta, “aprender”. En su discurso de agradecimiento quiso resaltar que “el talento femenino es una enorme oportunidad para transformar el liderazgo empresarial”.
El accésit, una bonificación del 60% en la matrícula de un programa a elegir, fue en esta edición para María Porta, responsable de talento, comunicación y RSC de Globalvia, quien desde hace unas semanas ya disfruta de la dotación del premio, pues cada lunes se desplaza a Bilbao para seguir formándose. “De esos viajes vuelvo convencida de que nuestra labor como líderes es continuar construyendo esperanza. Y más en los días que vivimos ahora. La esperanza no es una emoción, no es ingenuidad. Es una construcción cognitiva donde necesitamos un objetivo, un camino que nos lleve a él y pensar que tenemos los recursos para conseguirlo”.
En la categoría de Mujer con una trayectoria consolidada, por ser un ejemplo para las futuras generaciones de mujeres directivas, el galardón se otorgó a Teresa Sanjurjo, directora de la Fundación Princesa de Asturias. Tras reconocer que se le hacía extraño estar “al otro lado”, en el de las premiadas, Sanjurjo destacó la importancia de que haya confianza no solo entre los miembros de un equipo o una organización, también en la sociedad en general, para su buen funcionamiento. Antes de concluir su agradecimiento, rescató una frase de Nelson Mandela, quien afirmaba que “la educación es el arma más poderosa del mundo”.
Tras las ganadoras, tomó la palabra Almudena Eizaguirre, directora general de Deusto Business School, quien hizo énfasis en la necesidad de que haya “faros y ejemplos” entre las profesionales femeninas. “Muchas mujeres jóvenes, que están haciendo grandes cosas, cuando levantan la vista no tienen a quién mirar. Se aprende haciendo, reflexionando, sintiendo y también observando”. Eizaguirre hizo un llamamiento para que las mujeres no dejen de alzar la voz, para que sean un ejemplo para otras, que se den la mano y se apoyen en su crecimiento.
El broche final al acto lo puso Seydu, un trovador y activista de Sierra Leona, que emocionó al público con su historia y su música, a la que llegó gracias a su abuelo, que le enseñó a fabricar instrumentos con materiales reciclados, como el que usó para acompañar su voz sobre el escenario. Seydu fundó en 2004 la ONG Diamond Child School of Arts and Culture, una escuela-taller en Freetown para niños huérfanos de guerra, mutilados y excombatientes. Menores que cambiaron las armas por un instrumento musical y el horror del combate por la educación.