Ganarle a Hacienda por errores en el procedimiento
Oponerse a la Agencia Tributaria no es confrontar, sino buscar una tributación justa y poner freno a los posibles abusos de la Administración

Podría pensarse que la batalla legal frente a Hacienda comienza con una planificación fiscal adecuada que reduzca la carga tributaria y aporte estabilidad, claridad y eficiencia a las decisiones empresariales y patrimoniales del contribuyente. Sin embargo, a pesar de ello, el contribuyente puede verse sumido en un litigio frente a Hacienda. Y es en ese momento en el que los errores en el procedimiento que haya podido cometer la Administración, pueden suponer un argumento de peso para ganarle a Hacienda, y anular la liquidación o sanción notificada al contribuyente.
En efecto, una buena planificación fiscal simplificará y facilitará la estrategia de defensa procesal en un litigio frente a Hacienda. Pero a pesar de ello es posible que la Administración discrepe de la interpretación realizada por el contribuyente e inicie una comprobación.
Puede ocurrir también que el contribuyente no haya declarado de forma correcta porque no ha existido una previa estrategia fiscal adecuada. De hecho, existen situaciones en las que la defensa jurídica frente a Hacienda resulta prácticamente inviable, si atendemos tan sólo a argumentos referidos al fondo del asunto. Es decir, a cuestionar los motivos de la regularización.
Pues bien, es en este punto en el que conocer el procedimiento, y dominar la última jurisprudencia y doctrina de los tribunales se antoja fundamental para lograr una victoria definitiva (y a priori sorpresiva) sobre Hacienda. Ello, a pesar de que esta pueda tener razón en sus argumentos de fondo, y los motivos de la regularización sean correctos.
En efecto, vivimos en un entorno fiscal cada vez más complejo, con una profusión normativa que genera, en muchos casos, inseguridad a la hora de analizar correctamente las consecuencias tributarias de determinadas decisiones empresariales y patrimoniales. Además, los contribuyentes deben tener en cuenta no solo la norma tributaria, sino también la interpretación que de la misma llevan a cabo los órganos administrativos y los tribunales de justicia.
Por si fuera poco, a ello se suma una presión fiscal elevada, que en ocasiones conduce a seguir estrategias de tributación arriesgadas, con el fin de reducir la carga impositiva a corto plazo, sin valorar suficientemente los riesgos asociados.
En el otro lado espera una Administración Tributaria cada vez más voraz que, a pesar de batir récords de recaudación en los últimos ejercicios, no ceja en su empeño de perseguir a los contribuyentes sin importarle mucho si estos han actuado siguiendo una estrategia fiscal que consideraban acorde al ordenamiento, o son directamente defraudadores. Es tal el ímpetu de Hacienda que muchas veces acaba perdiendo los recursos en Tribunales por errores en el procedimiento.
Es en ese contexto en el que la defensa tributaria en caso de litigio frente a Hacienda, en todas sus instancias, se antoja fundamental para evitar interpretaciones de la Administración que no tengan un claro respaldo legal o sean contrarias al criterio de los tribunales. Y también para evitar que se vulneren los derechos y garantías del contribuyente.
La litigación tributaria no ha dejado de incrementarse en los últimos años. Ello responde en buena medida a un mayor control por parte de la Administración y a una creciente conciencia de los contribuyentes sobre la necesidad de defender sus derechos cuando consideran que una actuación administrativa no se ajusta plenamente al ordenamiento jurídico.
Por ello, resulta cada vez más necesario contar con una buena estrategia de litigación tributaria que permita defender en Tribunales la interpretación seguida por el contribuyente. Además, es conveniente dominar el procedimiento tributario para poder detectar y denunciar en vía de recurso los múltiples errores que comete Hacienda al regularizar la situación de los contribuyentes.
Será preciso tener en cuenta las distintas interpretaciones de la norma que pueden sucederse mientras el recurso está todavía pendiente de resolución, y que pueden favorecer o perjudicar al contribuyente. Este vaivén de interpretaciones afecta en gran medida a los defectos de procedimiento que puede alegar el contribuyente, siendo imprescindible conocer los últimos pronunciamientos judiciales que van surgiendo para incorporar al recurso nuevos argumentos de defensa según se vayan conociendo, o reforzar los que ya se alegaron.
La buena noticia es, sin embargo, que a Hacienda se le gana en tribunales, tanto por motivos de fondo como especialmente por errores en el procedimiento. Y es que los Tribunales no permiten que Hacienda se salte el procedimiento. De hecho, puedo confirmar que el respeto a los derechos y garantías del contribuyente está de moda (especialmente en nuestro Tribunal Supremo), y que no todo vale para perseguir el fraude fiscal.
En definitiva, la litigación tributaria se ha consolidado como una herramienta fundamental para lograr una tributación justa, garantizar el respeto a los derechos del contribuyente y poner coto a la voracidad recaudatoria de la Administración Tributaria.
No debe temerse por tanto el litigio frente a Hacienda. Oponerse a Hacienda no es confrontar, sino buscar una tributación justa y poner freno a los posibles abusos de la Administración, cuando para perseguir al contribuyente se haya saltado el procedimiento tributario.