La IA sacude a los traductores legales: “Está siendo verdaderamente complicado estirar el negocio hasta la jubilación”
El algoritmo obliga a estos profesionales a replantearse su futuro; una frase mal traducida puede tumbar un contrato o frustrar una herencia

Una sola frase mal traducida puede tumbar un contrato, desatar peleas familiares por una herencia o frustrar la creación de una empresa. Basta un paso en falso para desencadenar un conflicto legal. En ese filo trabajan los traductores jurídicos, profesionales capaces de trasladar el significado de leyes, cláusulas o conceptos legales de un idioma a otro sin perder su sentido. Su labor es clave cuando el derecho cruza fronteras lingüísticas. Hoy, sin embargo, comparten terreno con la inteligencia artificial. Y para muchos, su llegada no es bienvenida, pues el algoritmo amenaza con ocupar tareas que antes dependían exclusivamente de estos especialistas.
Los algoritmos ya traducen textos en cuestión de segundos, con un coste muy inferior al precio de mercado. Esa circunstancia ha sido la puntilla para el gremio. “Para los jóvenes recién egresados está siendo imposible incorporarse al mercado y para muchos senior, está siendo verdaderamente complicado estirar el negocio hasta la jubilación”, confiesa Ángel García, traductor e intérprete de conferencias especializado en traducción jurídica. La entrada de la IA deja a los traductores ante una espada de Damocles. “Convertir al traductor en una fábrica de palabras que cobra prácticamente céntimos por palabra al por mayor ha llevado a la precarización del oficio en muchos casos”. De hecho, afirma, muchos optan directamente “por dejar la profesión”.
Desde la Asociación Española de Traductores, Correctores e Intérpretes (Asetrad) señalan que el cambio ya se nota en la rutina de los bufetes. “Muchos despachos jurídicos han pasado de contratar a traductores profesionales externos a utilizar herramientas de traducción automática para cubrir sus necesidades de traducción”, afirma Rebecca Porwit, vocal de universidades y promoción profesional de la institución. Además, en lugar de acudir a los profesionales para revisar el trabajo de la IA, utilizan “becarios o abogados bilingües internos sin formación en traducción”, lo que provoca, a su juicio, “una bajada de la demanda de servicios lingüísticos profesionales, además de una merma en la calidad de la documentación traducida”.
Los traductores — especialmente los autónomos, donde se concentra la mayoría del colectivo— viven en condiciones precarias. “No contamos con las mismas protecciones que las personas empleadas y, además, trabajamos por encargo, por lo que nunca sabemos cuánto vamos a ingresar cada mes”, señala Porwit. La vocal de Asetrad reclama un aumento de los honorarios. “Lo lógico es que esta desprotección se compense con unas tarifas dignas que nos permitan cubrir nuestras necesidades básicas, tomar días de descanso, ahorrar para la jubilación...”, apunta. “Por desgracia, esto se hace difícil debido a la constante guerra de precios en el sector lingüístico, agravada ahora por la generalización de la inteligencia artificial generativa”.
Confiar ciegamente en la inteligencia artificial trae consigo un abanico de riesgos. Principalmente, porque el algoritmo no es 100% fiable. “La IA no solo se inventa la jurisprudencia, como hemos visto varias veces ya, sino que también las traducciones de conceptos complejos”, apunta Fernando Cuñado, especialista en traducción jurídica y financiera en la boutique Traducción Jurídica. “De la misma forma que no le pediríamos a un becario que redactase la contestación a una demanda o un contrato de M&A, tampoco podemos pedirle a la IA que traduzca documentos de esa naturaleza”, afirma.
Son imprescindibles
Las nuevas tecnologías suponen un jarro de agua fría para la profesión, pero, aun así, estos profesionales afirman que son un pilar insustituible. “La inteligencia artificial hace traducciones mediocres, pero mucho más baratas que las de un traductor humano”, señala Cuñado, especialista en traducción jurídica y financiera en la boutique Traducción Jurídica. No obstante, asegura que el algoritmo se choca con un muro cuando se adentra en temas legales. “Para traducir documentos sencillos como informes internos o correos electrónicos, es una gran herramienta, pero no tiene la calidad necesaria para traducir contratos, pólizas de seguros o resoluciones judiciales”.
La traducción jurada sigue, de momento, fortificada frente a la IA. Muchos textos jurídicos — como registros civiles o notarías— requieren de una validación fiel que va más allá de traducir un documento. “Un procedimiento judicial o un contrato nunca se va a traducir con la IA”, señala Rosa Cabrera, fundadora de Traducciones Abroad. “Estas traducciones deben ser siempre juradas, es decir, que legalmente necesitan estar firmadas, certificadas y selladas por un traductor jurado nombrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores, Unión Europea y Cooperación (MAEC)”, afirma la experta. “Es como si le dices a un notario que su trabajo peligra porque ahora le puedes decir a ChatGPT que redacte un contrato de compraventa; como es natural, sin la firma del notario es papel mojado”, compara.
Impacto real
Jugar con la IA también tiene un gran impacto en la vida de las personas. “Las traducciones jurídicas afectan a cuestiones cruciales, ya sea cobrar un seguro de cientos de miles de euros, adoptar un hijo en el extranjero, o traerte a tu familia a vivir a tu nuevo país”, explica Fernando Moreiras, experto en traducción jurídica. “Dejar una cuestión que puede alterar tu vida de una forma tan radical en manos de una máquina sin capacidad de raciocinio, que tan solo ensambla fragmentos de textos, es muy poco sensato”, apostilla.
Los errores de traducción afectan incluso a las garantías jurídicas básicas. “Pueden vulnerar derechos fundamentales como la defensa, la información y el consentimiento informado”, expresa Rebecca Porwit. “Si una persona no entiende lo que firma, lo que consiente o lo que declara ante la policía o el juez por culpa de la traducción, el procedimiento puede considerarse irregular”, señala. “Un término como default judgment se traduce por la IA como juicio por defecto, en lugar de juicio en rebeldía, lo que altera obligaciones legales críticas”, ejemplifica.
A estos problemas se suma otra preocupación creciente: la confidencialidad de la información. “Los documentos jurídicos tienden a versar sobre temas muy sensibles y personales que debemos tratar con la debida diligencia”, explica Moreiras. Sin embargo, advierte, “la IA acumula toda esa información personal para alimentarse a sí misma”. En su opinión, usar estas herramientas sin mesura puede hacer estallar problemas legales en el futuro. “El día que se constate que las IA suponen una grave violación del Reglamento General de Protección de Datos, van a caer demandas millonarias”, augura. Ángel García es claro: “Antes de meter un formulario con datos personales o una patente por una IA, prefiero dejar las puertas de mi casa abiertas de par en par”.
Errores al usar la IA para traducir
Falta de coherencia. La inteligencia artificial puede producir traducciones aparentemente impecables, pero plagadas de incoherencias que pasan desapercibidas a primera vista. Al manejar múltiples opciones para un mismo concepto jurídico, puede alternar términos sin criterio y rompe la unidad del texto. “Un traductor profesional sabe que no puede traducir el mismo concepto de formas distintas en el mismo documento, pues provocaría una gran confusión en el lector”, explica Fernando Cuñado, especialista en traducción jurídica y financiera en la boutique Traducción Jurídica. El algoritmo, en cambio, no percibe el impacto que esos cambios tienen en un texto legal. “Traducir es mucho más que cambiar palabras o frases, es trasladar sentido de un idioma a otro”, subraya.
Sesgos de género. Traducir textos automáticos con inteligencia artificial puede generar sesgos de género. En el ámbito jurídico, señala Ángel García, traductor e intérprete de conferencias especializado en traducción jurídica, puede darse en traducciones que tienden a asignar automáticamente el género masculino a profesiones o cargos (juez, abogado, perito) incluso cuando el contexto se refiere a una mujer. “Traducir desde lenguas con menor marcación de género hacia lenguas como el español, el sistema puede generar formas masculinas por defecto, invisibilizando a las mujeres o introduciendo una información que no estaba presente en el texto original”, advierte García.
Confiar en el algoritmo. Los traductores jurídicos no rechazan esta tecnología, pero recuerdan que, igual que ocurre con los abogados, la inteligencia artificial nunca podrá sustituir el criterio humano cuando hay entresijos legales en juego. “La IA es una herramienta muy valiosa para traducir textos, no documentos sensibles”, subraya Rosa Cabrera, fundadora de Traducciones Abroad. Por eso, añade, “nunca se va a dejar en manos de la IA, ya que la traducción no es fiable, sobre todo a la hora de comprender un contexto en concreto”.