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Los bonos viven su mejor año desde 2020 y recuperan su papel como activo refugio

La renta fija resiste la volatilidad gracias a las rebajas de tipos en un 2025 de máximos bursátiles

Inestabilidad y ganancias no siempre van de la mano. Pero en un año marcado por las tensiones comerciales, el auge de la inteligencia artificial y la rebaja de los tipos de interés, los inversores estuvieron de enhorabuena en 2025. Las subidas fueron generalizadas y alcanzaron tanto a activos refugio como el oro —que se revalorizó más de un 64,5%, su mejor año desde 1979— como a activos de riesgo intermedio, como la renta fija, y a los de mayor riesgo, como las Bolsas.

Mientras los principales índices bursátiles siguen en zona de máximos, la deuda logró sobreponerse a los episodios de volatilidad y a las expectativas de un fuerte aumento de las emisiones para financiar abultados déficits públicos y los programas de rearme. El índice global de renta fija de Bloomberg —que incluye deuda pública, corporativa y titulizaciones de mercados emergentes y desarrollados con grado de inversión— avanzó un 8,2% en el año, su mejor desempeño desde 2020. Con estas ganancias, los bonos revierten parte de las pérdidas acumuladas desde 2022, ejercicio marcado por una subida agresiva de los tipos de interés en el intento de los bancos centrales por devolver la estabilidad a los precios.

El escenario actual dista mucho del que imperaba hace cinco años. En 2020, los tipos de interés permanecían anclados en el 0% y los bancos centrales sostenían las valoraciones de la deuda mediante ambiciosos programas de compra de activos. En la actualidad, con una inflación que se aleja de los máximos alcanzados tras el estallido de la guerra en Ucrania, el BCE, la Reserva Federal y el Banco de Inglaterra han iniciado un giro hacia una política monetaria más laxa, devolviendo atractivo a un mercado que durante años estuvo relegado. A medida que los tipos bajan, las rentabilidades de los bonos se moderan y los precios —que se mueven de forma inversa a los rendimientos— suben. Aunque los retornos han descendido de forma sostenida en los últimos meses, siguen situándose muy por encima de los niveles de la era en la que los tipos negativos eran la norma.

“Los inversores pueden aprovechar la abundancia actual de renta fija global, con rendimientos reales y nominales atractivos en mercados desarrollados y emergentes”, afirma Marc Seidner, director de inversiones de estrategias no tradicionales en Pimco. El experto subraya que, con el fin de las rentabilidades negativas, los bonos han recuperado su papel como herramienta de diversificación gracias a su tradicional correlación negativa con las acciones.

La teoría económica indica que, cuando aumenta la aversión al riesgo y se intensifican las ventas en Bolsa, los flujos se desplazan hacia activos defensivos como la deuda, compensando las pérdidas y reduciendo el riesgo global de la cartera. Uno de los momentos en los que mejor se pudo comprobar esta corriente fue en las dos jornadas que siguieron al anuncio de los aranceles por parte de la Casa Blanca en abril del año pasado. Mientras índices como el Ibex 35 registraban las mayores caídas desde la pandemia, los inversores se lanzaron a la compra de deuda y referencias como el bono estadounidense a diez años llegaron a caer momentáneamente por debajo del 4%, antes de que las preocupaciones fiscales y los ataques a la Reserva Federal erosionaran la etiqueta de activo seguro tradicionalmente asociada a la deuda de EE UU.

En la última década, esta dinámica se había roto. Con las tasas oficiales en negativo, invertir en deuda dejaba de ofrecer rentabilidad: al contrario, los inversores tenían que pagar por ella. La renta fija quedó relegada principalmente a bancos centrales y aseguradoras, desapareciendo del radar de la mayoría de los inversores.

El proceso de rebaja de tipos actual ha permitido que la deuda pública resista los crecientes desequilibrios fiscales de grandes economías como Estados Unidos o Francia. El índice Bloomberg de deuda soberana avanzó un 6,8% el año pasado, solo superado por el 9,5% registrado en 2020. Luca Paolini, estratega de Pictet AM, destaca que incluso la deuda estadounidense ha logrado proteger a los inversores, ofreciendo un rendimiento un 8% superior al de otras referencias públicas gracias al recorte de tipos de la Fed.

Índice de Bloomberg de deuda global

De cara al ejercicio que acaba de arrancar, Paolini considera que la demanda de bonos estadounidenses podría seguir apoyándose en la flexibilización monetaria, consolidando la renta fija como refugio y como una oportunidad de diversificación para las carteras.

Pero más atractiva que la deuda soberana ha resultado la corporativa. El índice de Bloomberg que engloba bonos de empresas con grado de inversión sumó un 10,5%, superior al 10% de hace cinco años y prácticamente empatado con las ganancias del 10,7% registrada un año antes. Aunque los diferenciales son estrechos, Paolini se muestra positivo: “Las valoraciones son atractivas en un momento en que los emisores cuentan con balances sólidos y beneficios robustos, capaces de resistir posibles choques económicos”.

En este contexto, los episodios de tensión ocurridos en la recta final de año, como el colapso del fabricante de componentes de automoción First Brands o de dos financieras de automóviles en Estados Unidos, son considerados casos aislados. Jamie Dimon, consejero delegado de JP Morgan, los definió como un momento “cucaracha”, insinuando que podrían aflorar más problemas en el sector de los préstamos en la sombra. Sin embargo, los analistas tratan de restar dramatismo y subrayan que la banca regional estadounidense es hoy más resistente.

El problema para los gestores está en la escasa regulación de la banca en la sombra. El Banco de Pagos Internacional (BIS) alertó el pasado octubre que las calificaciones crediticias de los préstamos privados otorgadas por aseguradoras estadounidenses podrían estar infladas. En este contexto, Pilar Gómez-Bravo, codirectora de renta fija para MFS, reconoce que la falta de transparencia supone un desafío para el crédito privado y cree que el mejor escudo pasa por un análisis minucioso.

Por su parte, Boutania Deixonne, directora de crédito en euros de grado de inversión y de high yield para Axa IM, cree que las mejores oportunidades están en los mercados de bonos europeos. “La calidad crediticia de los emisores europeos sigue siendo buena lo que debería ayudarles a protegerse frente a una posible desaceleración económica”, remarca.

En un mercado dominado por la volatilidad, giros geopolíticos y riesgos fiscales, los bonos han dejado de ser un refugio pasivo para recuperar un papel activo en las carteras. Con los bancos centrales inclinándose hacia políticas más laxas, la renta fija vuelve a cumplir una doble función que parecía olvidada: generar rentabilidad y amortiguar los sobresaltos del ciclo.

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