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El Tesoro coloca 5.857 millones y sube al 4% la rentabilidad del bono a 50 años

La demanda para las tres referencias adjudicadas este jueves supera los 11.804 millones

La necesidad de dar salida al exceso de liquidez se impone a las preocupaciones geopolíticas. Mientras la renta variable empieza a mostrar signos de nerviosismo, el mercado de capitales sigue funcionando a pleno rendimiento. El Tesoro analiza con lupa el apetito del mercado y, mientras decide cuándo lanzar la tradicional emisión sindicada de comienzos de año, continúa ejecutando su programa de financiación. Dos días después de colocar 6.077 millones de euros en letras a seis y doce meses, con una rentabilidad en torno al 2%, este jueves ha sido el turno de las referencias a tres, 15 y 50 años. El organismo que dirige Paula Conthe ha adjudicado 5.856,7 millones de euros y ha elevado la rentabilidad del bono a 50 años hasta el 4%.

El mercado está demostrando capacidad para absorber el intenso volumen de emisiones del arranque de año. En un entorno marcado por el aumento de los riesgos geopolíticos y la incertidumbre económica, la deuda es vista como un activo algo más seguro, especialmente los bonos de la zona euro. En un escenario global que incluso el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha llegado a calificar de “loco”, las perspectivas de crecimiento más estables de la región y las expectativas de tipos contenidos aportan visibilidad. Este cóctel ayuda a explicar el interés de los inversores por el papel español: la demanda registrada por las tres referencias ha alcanzado los 11.804 millones de euros, el doble de lo finalmente adjudicado.

En deuda a tres años, el Tesoro ha captado 3.250,95 millones y la rentabilidad ha repuntado ligeramente desde el 2,217% registrado en la colocación de septiembre al 2,348% actual. En obligaciones a 15 años, se han vendido 1.400,8 millones con una rentabilidad del 3,67%, frente al 3,261% anterior. La lista la completa los 1.100 millones en deuda con vencimiento en 2071. A pesar de haber registrado unas peticiones de más de 3.857 millones, la rentabilidad ha repuntado al 4%.

En sintonía con la hiperactividad de los emisores privados, los soberanos están acelerando la venta de deuda antes de que el panorama se enturbie aún más. Una semana después de que Italia protagonizara la mayor colocación sindicada de su historia —20.000 millones de euros en deuda a siete años y la reapertura de su bono verde—, Francia ha concentrado esta semana la atención del mercado. El país ha captado 10.000 millones de euros en un bono a 20 años y, pese a la fragilidad de sus cuentas públicas y a las dificultades para aprobar los presupuestos, los inversores le han concedido un voto de confianza. La demanda alcanzó los 106.000 millones, aunque quedó por debajo de los récords registrados recientemente por Italia y Portugal.

La persistente fragmentación política dificulta la puesta en marcha de las reformas reclamadas por el mercado y los desequilibrios fiscales, lejos de corregirse, siguen ampliándose. El ministro de Finanzas, Roland Lescure, ha advertido de que el déficit podría situarse en el 5,4% del PIB si no se aprueban las cuentas, muy por encima del 3% que fijan las normas europeas. En el mercado secundario la presión a Francia baja de intensidad y su prima de riesgo ronda los 67 puntos básicos, lejos todavía de los 39 puntos de la española, pero a cierta distancia de los 86 puntos que llegó a registrar el pasado octubre cuando el segundo Gobierno de Sébastine Lecornu pendía de un hilo.

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