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El fuego geopolítico y los desajustes fiscales hacen perder brillo a la deuda soberana

Los bonos han dejado de estar entre la apuesta favorita de los gestores de renta fija, ahora centrados en deuda corporativa, pero conservan su lugar en las carteras y ofrecen oportunidades de compra

La deuda soberana de Alemania y EE UU

La deuda soberana ha sido protagonista en el mercado financiero en estos días en los que el presidente de Estados Unidos Donald Trump ha agitado el avispero geopolítico con amenazas de invasión de Groenlandia y andanada de aranceles. Las aguas se han calmado de momento tras conocerse un acuerdo en el marco de la OTAN que de paso ha neutralizado el peligro de nuevos aranceles, pero los bonos soberanos han acusado el golpe del riesgo geopolítico y, como ha ocurrido en otras ocasiones, han acaparado la atención en los momentos más tensos. Incluso se ha abierto otro debate inimaginable cómo la UE podría emplear su cartera de deuda soberana estadounidense como arma de persuasión frente a Trump.

De forma inevitable, la geopolítica pesa con fuerza sobre los bonos soberanos. Son el instrumento a través del que se financian los gobiernos, que deben ganarse la confianza de los inversores si quieren tener cubiertas sus necesidades de gasto y de inversión. Y en el momento en que una administración pública se desvía de la disciplina fiscal —con elevados niveles de déficit y endeudamiento y sin planes para su reducción—, interfiere en la labor de su banco central o aplica aranceles que pueden elevar la inflación —y requerir por tanto alzas de tipos para controlar la subida de precios—, esa confianza empieza a quebrarse. Los inversores piden más rentabilidad a esos bonos soberanos y esa presión puede llegar a desatar una espiral que haga insostenible el pago de la deuda pública.

Con la amenaza de aranceles lanzada por Trump, se ha abierto de nuevo la caja de los truenos de la inflación y, con ello, de unas subidas de tipos de interés que, si bien dejan rentabilidades más elevadas para los bonos, implican el descenso de su precio. De hecho, esa fue la dinámica que en 2022, el año en que los bancos centrales rompieron con la era de los tipos cero, dejó pérdidas sin precedentes en la renta fija. La gestora BlackRock, la mayor del mundo, señalaba este viernes que el mercado está subestimando el riesgo de la inflación y de que sea persistente en Estados Unidos y Reino Unido, ante lo que la firma ha decidido vender bonos soberanos de ambos países.

Los riesgos están ahí y resurgen de forma recurrente en unas economías desarrolladas fuertemente endeudadas y bajo vigilancia de los inversores. Esta semana se vio al bono de EE UU a 30 años trepar al filo del 5%, al bono a 40 años japonés superar el 4% por primera vez en su historia ante la expectativa de un mayor gasto público y en Francia, la rentabilidad de los bonos repunta con fuerza en cada crisis política, con la prima de riesgo gala ya instalada por encima de la española. Las subidas de rentabilidad como las vistas esta semana implican una pérdida de valor de esos bonos y, por tanto, una caída de su precio. Para algunos esas depreciaciones son una oportunidad de compra, pero la deuda soberana afronta un cambio de paradigma de mayor trascendencia: ya no es el incuestionable activo refugio de antaño —una pérdida de estatus que apunta especialmente al treasury estadounidense—. Las preferencias de los inversores se concentran ahora en plazos cortos y medios, menos sensibles a la volatilidad y a los movimientos de los tipos, y en los bonos corporativos de más calidad crediticia, de aquellas más empresas más fiables en cumplir con sus acreedores.

Pimco, la mayor gestora de renta fija del mundo, no tiene a la deuda soberana de economías desarrolladas entre sus activos predilectos. En su declarada estrategia de diversificación, sus preferencias se concentran en bonos a 2 y 5 años y en mercados emergentes (Sudáfrica, Brasil y Perú), favorecidos por la debilidad que prevén para el dólar, en bonos del Tesoro estadounidense ligados a la inflación y en bonos corporativos de calidad, de empresas inmobiliarias y financieras. Según Pimco, la gestión activa de la renta fija puede permitir rentabilidades de entre el 5% y el 7%. Esta gestora estadounidense es la que más ha capitalizado el interés de los inversores europeos por la renta fija: los fondos de bonos fueron los que más suscripciones netas lograron en 2025, preferiblemente los de gestión activa con aportaciones récord de la década por 310.000 millones de euros.

A propósito de la deuda soberana, Pimco señala que “la difícil dinámica de la deuda y el déficit en muchas economías desarrolladas”. Y advierte de que “aunque esa deuda parece sostenible en la actualidad —el tipo de interés medio que se paga por la deuda pública sigue estando por debajo de los niveles de crecimiento tendencial—, la inteligencia artificial y las políticas comerciales podrían impulsar tendencias de inversión que provoquen un aumento de los tipos de interés, lo que añadirían presión a la deuda soberana". La perspectiva actual es que la Fed recorte los tipos de interés dos veces este año y que el BCE los deje sin cambios en el 2% actual, si bien ya hay analistas que auguran un alza a finales de este año o principios del próximo. El plan de estímulo fiscal de Alemania se prevé dé lugar a un mayor crecimiento en el conjunto de la zona euro y también a una inflación más alta que hiciera necesario ese ajuste.

Cristina Gavín, responsable de renta fija de Ibercaja Gestión, reconoce que la firma infrapondera la deuda soberana y es más positiva, en cambio, en la deuda corporativa de calidad, el activo que más consenso despierta entre los gestores de bonos. “El sentimiento en deuda soberana es algo más negativo por los desequilibrios fiscales y por el mayor volumen de emisiones con el que se financiará el gasto en defensa”, explica. Sí mantiene posiciones en bonos soberanos españoles e italianos, que se han revelado para muchos gestores como alternativa a la deuda francesa e incluso alemana. “El refugio en deuda está en los plazos cortos y medios”, añade Gavín, que tampoco aprecia a la deuda soberana estadounidense como alternativa. “La debilidad del dólar va a seguir pesando sobre el inversor en euros que quiera apostar por EE UU. Habría que esperar a ver un euro en los 1,20 dólares para entrar en deuda estadounidense”, explica.

Refugio en cuestión

Las últimas jornadas de turbulencias financieras están demostrando que si hoy día existe un activo refugio por excelencia, es el oro. Después de acumular un alza cercana al 70% en 2025, este año pulveriza nuevos máximos hasta rozar los 5.000 dólares por onza. Y mientras, el precio de los bonos soberanos ha descendido estos días, con mayor intensidad en la deuda estadounidense que en la europea. Para David Ardura, director de inversiones de Finaccess Value, el refugio en deuda soberana está en los bonos alemanes y austríacos, ambos de economías con calificación financiera sobresaliente. “Son una cobertura natural, si hay turbulencias graves el dinero se refugiará ahí. La deuda soberana de EE UU ya no es refugio, ha perdido el máximo rating, la triple A”, defiende. En su opinión, una cartera de renta fija debe contar con entre el 15% y el 20% de bonos soberanos de la máxima calidad.

Aunque la preferencia mayoritaria de los gestores dentro del universo de la renta fija sea actualmente la deuda corporativa, no discuten la importancia de contar con bonos en la cartera. Pueden ser de hecho una vía con la que rebajar exposición a una renta variable en máximos. “Los bonos son baratos en comparación con las acciones a las valoraciones actuales. Los inversores tienen hoy una oportunidad única de aumentar la calidad, la liquidez y la diversificación de la cartera sin renunciar al potencial de rentabilidad similar al de la renta variable”, defiende Pimco. Desde AllianceBernstein apuntan que los inversores preocupados por la volatilidad potencial de la renta variable “también pueden querer reducir el riesgo de la Bolsa asignando más al crédito, especialmente a un grado de inversión de alta calidad a más corto plazo”.

Pedro del Pozo, director de inversiones de Mutualidad, va más allá y defiende que las recientes caídas de precios de la deuda pública dejan a los bonos como una buena alternativa de inversión, especialmente en comparación con una Bolsa en máximos y generalmente cara. “De manera análoga a lo que sucedió el pasado abril durante el famoso Día de la Liberación, una caída fuerte de valoración de los bonos americanos (y europeos), debido a tensiones geopolíticas de este cariz, puede representar una excelente oportunidad de compra”, asegura. Todo dentro de una estrategia de cautela, eso sí. El año ha arrancado a una velocidad vertiginosa y los próximos meses van a ser determinantes para ver cuán arriesgada es la apuesta por la deuda soberana. Será el momento de comprobar la resistencia del crecimiento estadounidense, la tozudez de la inflación del país y el rumbo que marque el sustituto de Jerome Powell al frente del banco central más poderoso del mundo, la Reserva Federal. En renta fija, la historia reciente demuestra que ese adjetivo no es garantía de que nada pueda cambiar.

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