Convulsión en los mercados: el Ibex cae un 2,6% y el euro retrocede contra el dólar
Los inversores huyen del riesgo, el precio del oro sube cerca de un 1,2% y cotiza cerca de máximos. El temor a la inflación hace subir los tipos de la deuda


Las Bolsas europeas han vivido una jornada negra. Los mercados mundiales se han encontrado este lunes con un mundo distinto al que habían dejado el viernes. El ataque perpetrado por Estados Unidos e Israel sobre Irán durante el fin de semana ha tensionado el suministro de crudo y gas, disparando los precios de las materias primas y provocando que los inversores reaccionaran con ventas masivas de acciones. Esta reacción recuerda que la economía global puede tambalearse por un estrecho, el de Ormuz, de apenas unos kilómetros de ancho, pero por el que circula alrededor del 20% del petróleo y gas mundial y que la Guardiar Revolucionaria iraní ha dado por cerrado a última hora de este lunes.
Durante semanas, los mercados ya habían abonado el terreno para una corrección. La inteligencia artificial, con sus promesas y amenazas sobre productividad, inversión y empleo, había sembrado dudas en el ánimo inversor, mientras las tensiones geopolíticas y las expectativas sobre la política monetaria en Estados Unidos completaban un panorama inquietante. La guerra en Oriente Próximo ha sido la chispa que prende la mecha: los ataques sobre Irán han presionado el suministro de crudo y gas, llevando al Brent a dispararse un 7,25% y al gas natural europeo a encarecerse un 40,8%. Los índices europeos y los asiáticos han perdido más de un 2% y Wall Street ha cerrado mixto, debatiéndose entre las subidas y las caídas hasta el final de la sesión. Como suele ocurrir en estos episodios, los inversores han buscado refugio en activos más seguros: el oro ha subido más de un 3% y el dólar se ha fortalecido frente al euro.
El Ibex 35 ha cerrado con una caída del 2,62%, hasta los 17.878 puntos, perdiendo la barrera de los 18.000. Solo cuatro valores han escapado de las pérdidas: Repsol (+5,6%), Naturgy, Cellnex y Enagás. Por el contrario, las mayores caídas las ha registrado Inditex y el Santander (-4,8%) e IAG (-4,7%). El sector bancario ha sufrido con especial intensidad, con pérdidas del 3,9% para el BBVA y 3,7% para Unicaja. Dado su peso en el índice, de cerca del 40%, la banca condiciona de manera decisiva el comportamiento final del Ibex.
En Europa, las pérdidas han sido amplias pero algo menores: el Dax alemán ha cedido un 2,3% y el Cac francés y el Mib italiano otro 2,1%. Wall Street abrió con los paneles teñidos de rojo, con caídas de hasta el 1,5% en el Nasdaq, aunque tras el cierre de los mercados europeos se ha dado la vuelta. Finalmente, el Dow Jones ha cedido un 0,15%, el Nasdaq ha subido un 0,36% y el S&P 500 ha cerrado plano. La reacción global refleja la sensibilidad de los inversores a un conflicto que, más allá del shock inmediato, plantea riesgos macroeconómicos de largo alcance.
El conflicto también ha dejado huella sectorial. Las compañías turísticas y de transporte aéreo han sido las más golpeadas: Royal Caribbean, Norwegian Cruise y Carnival han llegado a caer cerca del 10% en Wall Street y Air France ha perdido más de un 9% reflejando el temor de los inversores ante el alza del petróleo y la inestabilidad geopolítica. Por el contrario, las energéticas se han beneficiado temporalmente de la tensión, ya que los contratos ligados al precio del gas o al petróleo permiten a las empresas compensar parte de la volatilidad. Más allá de las alzas de Repsol y Naturgy, la italiana Eni sube un 3,6% y Total Energies un 3%.
El impacto del conflicto en la energía y la inflación es central para los analistas. Aunque el régimen de Teherán ha sido descabezado, el conflicto está lejos de desactivarse y, de hecho, se ha extendido con ataques iraníes a infraestructuras petroleras y bases militares. La exportación de petróleo y gas del Golfo Pérsico por vía marítima está interrumpida, y los expertos intentan evaluar el riesgo de que la crisis se prolongue. El petróleo Brent, de referencia en Europa sube un 6,7% hasta los 77,7 dólares el barril y el gas natural europeo (TTF) sube un 40,8% hasta los 44,5 dólares por megavatio.
La duración y el alcance del conflicto añaden un nivel adicional de incertidumbre. En general los analistas confían en que el conflicto no se prolongue demasiado ya que una guerra prolongada y un fuerte repunte en el precio del petróleo no entran dentro de los planes del presdiente estadounidense, Donald Trump. Samy Chaar, economista jefe de Lombard Odier, señala que, aunque su escenario principal no contempla un choque petrolero global, un cierre prolongado del estrecho de Ormuz podría elevar el precio del barril hasta 50 dólares más, con efectos temporales sobre la inflación y el crecimiento económico global. “Los ataques tienen como objetivo explícito un cambio de régimen y es probable que duren mucho más que la acción limitada observada en 2025″, advierte Paolo Zanghieri, economista sénior de Generali AM.
Pero más allás de los precios de las materias primas, la tensión en el suministro energético tiene consecuencias directas sobre la inflación, los costes de producción y la estabilidad de los mercados financieros. Mohammed Elmi, gestor sénior de Federated Hermes, señala que “están en riesgo el 15% del comercio marítimo mundial y el 30% del tráfico de contenedores que pasa por el mar Rojo hacia el canal de Suez. Una interrupción significativa podría lastrar el crecimiento mundial y reforzar las presiones estanflacionistas”. Además, añade que “más allá del petróleo, la ventaja energética del Golfo respalda la producción de fertilizantes nitrogenados, en torno al 10% del suministro mundial, lo que afectaría mercados clave como India y África si se prolongan los cortes”.
En los mercados de deuda, los movimientos también han sido visibles. El bono español subió siete puntos básicos hasta el 3,085%, mientras que el estadounidense avanzó nueve puntos, hasta el 4,043%. Los analistas coinciden en que la verdadera prueba será la duración del conflicto: un choque breve podría ser absorbido con relativa rapidez, mientras que una escalada prolongada mantendría elevados los precios del crudo y complicaría los planes de los bancos centrales.
Los estrategas de ING subrayan que Europa es donde las consecuencias macroeconómicas golpean con mayor fuerza, y el momento no podría ser peor. “El Banco Central Europeo se encuentra en un dilema real: la inflación de los servicios sigue siendo persistente, y un choque petrolero empujaría la inflación general aún más arriba”. Los expertos recuerdan que, aunque los bancos centrales tienden a mirar más allá de los efectos puntuales, permanecen atentos a los riesgos sobre las expectativas de los consumidores, especialmente después de que el impacto inflacionario de la guerra de Ucrania en 2022 resultara más persistente de lo esperado.
En Estados Unidos, la Reserva Federal también se encuentra bajo presión. Los movimientos en los bonos del Tesoro reflejan que los inversores anticipan que un repunte prolongado de los precios del petróleo podría condicionar la política de tipos de interés. Chris Larkin, analista de Morgan Stanley esxplica que “hay más preguntas que respuestas ahora mismo, pero un escenario energético estabilizado podría tener un efecto positivo en cadena, mientras que los temores de una interrupción a largo plazo tendrían el efecto contrario”.
En el mercado de divisas, el dólar se ha fortalecido frente al euro, que ha caído un 0,9% hasta las 1,17 unidades, y ha ganado posiciones frente al yen. Como suele ocurrir en estos episodios, los inversores han buscado refugio en activos considerados seguros. El oro sube cerca de un 1,2%, y supera los 5.300 dólares la onza, cerca de sus máximos recientes.
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