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Breakingviews
Opinión

Las vacunas pueden entrar en una espiral financiera descendente

La reticencia de los ciudadanos y el Gobierno de EE UU acaba por afectar a la inversión corporativa

El CEO de Pfizer, Albert Bourla (izquierda), con Donald Trump y Robert F. Kennedy (secretario de Salud de EE UU, detrás de Bourla), en la Casa Blanca en septiembre pasado.Ken Cedeno (REUTERS)

En la pandemia, las empresas de vacunas fueron el orgullo del sector farmacéutico. Las valoraciones de Pfizer o Moderna se dispararon después de que los investigadores ayudaran a poner fin a los confinamientos a una velocidad vertiginosa. Pero los grupos con gran presencia en las vacunas, entre los que también están Sanofi y GSK, se enfrentan ahora a un Gobierno estadounidense casi hosti l. Ello está afectando a los inversores de capital riesgo y a las agencias de financiación, y podría decirse que está haciendo que los ciudadanos de a pie se muestren más reticentes a vacunarse.

Las inmunizaciones masivas, junto con el agua potable y los antibióticos, han transformado por completo la salud de la humanidad en los últimos siglos. Aunque existe una larga historia de inoculaciones en la medicina asiática y la africana, la vacuna contra la viruela del médico y científico británico Edward Jenner fue la que realmente dio inicio a la práctica moderna alrededor de 1800.

La innovación en vacunas continúa hasta hoy, como se demostró durante la pandemia. En los últimos 10 años, el grupo británico GSK ha lanzado una vacuna eficaz contra el herpes zóster, que da un 90% de protección contra una enfermedad dolorosa y a menudo debilitante. Él y Pfizer también han creado vacunas eficaces contra el virus respiratorio sincitial (VRS), que afecta a los bebés y a las personas mayores. Y la vacuna contra la gripe de Sanofi redujo las hospitalizaciones en casi un tercio en los mayores de 65 años.

Estos avances también han dado lugar a lucrativos negocios. En 2023, mucho antes del inicio del segundo mandato de Donald Trump, las ventas de vacunas de GSK se dispararon un 25%, gracias a sus vacunas contra el herpes zóster y el VRS. Por su parte, las ventas de Sanofi aumentaron un 8% durante el mismo periodo. Pero, en el último año, estas potencias de las vacunas han visto a menudo cómo sus ventas descendían, con una menor aceptación de las esenciales contra la meningitis, el sarampión, la poliomielitis, las paperas y la rubéola.

Hay muchas causas. Pero las empresas suelen citar una Administración de EE UU menos favorable. Trump nombró secretario de Salud a Robert F. Kennedy Jr., escéptico con las vacunas. En enero, el Gobierno puso fin a la recomendación de larga data de que todos los niños recibieran vacunas contra la gripe y otras tres enfermedades. Esto parece estar alimentando una mayor desconfianza entre los ciudadanos, tanto en EE UU como en otros lugares, lo que ha provocado el resurgimiento de enfermedades que no se veían en Occidente desde hacía décadas. El año pasado, EE UU registró su tasa más alta de sarampión desde 1993, y está a punto de perder su estatus de eliminación de la enfermedad, otorgado por la Organización Mundial de la Salud. Gran Bretaña, donde la misma infección está al alza en las escuelas del norte de Londres, ya perdió ese estatus el mes pasado.

En teoría, la caída de las vacunaciones masivas patrocinadas por el Estado no debería ser un gran problema para los grandes fabricantes. Gran parte de sus ingresos proviene de vacunas más nuevas y de mayor precio. Pero, aunque pueda sorprender, GSK y Pfizer también han experimentado un descenso significativo en la aceptación de sus vacunas contra el VRS en EE UU. En el tercer trimestre del año pasado, todas las vacunas bacterianas de Pfizer sufrieron caídas en sus ingresos. Por su parte, Sanofi registró en el cuarto trimestre un descenso del 2,5% en las ventas de vacunas, y prevé un crecimiento “ligeramente negativo” este año. En otras palabras, parece que la reticencia a la vacunación se está extendiendo y afectando a todo tipo de vacunas.

Ello está afectando a las valoraciones. Sanofi y Pfizer cotizaban hace cinco años a un múltiplo de precio/beneficio futuro de casi 12 veces. Ahora rondan las 9. Es cierto que hay muchos factores. Pero es notable que Novartis, que no tiene un negocio importante de vacunas, haya subido a un múltiplo de 18, frente a poco menos de 14 en 2021.

Resto del mundo

Una posible respuesta es que los CEO vuelvan a centrarse en el resto del mundo. El jefe de Moderna, Stéphane Bancel, espera generar en los mercados internacionales el 50% de los 17.000 millones de dólares (14.000 millones de euros) de ingresos de este año, un fuerte aumento respecto al menos del 40% que logró en 2025. El CEO de Pfizer, Albert Bourla, dijo en noviembre que las vacunas eran un “área clave de interés en los mercados internacionales”.

Pero los mercados fuera de EE UU suelen ser menos lucrativos. También es difícil ignorar el hecho de que, históricamente, este país ha sido el mayor mecenas de la ciencia de las vacunas a nivel mundial. Así que las opiniones negativas de la Casa Blanca pueden afectar al negocio independientemente del lugar donde las empresas tengan previsto venderlas, por ejemplo, limitando la ayuda estatal a la investigación. El año pasado por sí solo, los Institutos Nacionales de Salud de EE UU recortaron 500 millones destinados a la investigación de vacunas de ARNm. Es un tipo relativamente nuevo que usa instrucciones genéticas creadas en laboratorio, que indican a las células humanas que produzcan una parte inofensiva del virus, lo que desencadena una respuesta inmunitaria beneficiosa. Hasta hace relativamente poco, era un campo muy publicitado.

Resulta preocupante que el pesimismo parezca estar contagiando a algunos de los primeros financiadores del sector: los capitalistas de riesgo, que respaldan a las biotecnológicas incipientes. La financiación de riesgo para las vacunas de ARNm fue de solo 90 millones entre principios de 2025 y octubre de ese año, según GlobalData: un 82% menos que en 2023. Esto amenaza con ahogar la cantera de nuevos fabricantes de vacunas innovadoras, muchos de los cuales acabarían siendo comprados por grandes grupos. GSK pretende alcanzar los 40.000 millones de libras (46.000 millones de euros) en ventas anuales para 2031, y los analistas creen posible que no pueda contar con el crecimiento de su negocio de vacunas para ayudarle.

A principios de mes, Paul Hudson, CEO de Sanofi, dimitió en medio de una serie de ensayos farmacológicos decepcionantes y problemas en la división de vacunas. Moderna recortó en 2025 su presupuesto de I+D en casi un tercio, y anunció que ya no financiaría los ensayos de vacunas en fase avanzada. Su jefe afirmó que no podría obtener un retorno de la inversión si no tenía “acceso al mercado de EE UU”. Es cierto que el miércoles recibió noticias más positivas cuando la agencia del medicamento del país, la FDA, anunció que revisaría la solicitud de su vacuna contra la gripe solo una semana después de rechazar su presentación inicial, aunque es pronto para saber si es probable que se apruebe. Mientras, Pfizer se ha centrado en cerrar acuerdos en otras áreas, como oncología y obesidad.

Este alejamiento de las vacunas supondrá menos avances en nuevas áreas de investigación como el cáncer, las enfermedades de transmisión sexual y los trastornos cutáneos. Moderna ha archivado vacunas prometedoras para el virus de Epstein-Barr, el herpes zóster y el herpes. Todo ello corre el riesgo de convertirse en una espiral descendente que se refuerza a sí misma. Una menor aceptación de las vacunas conduce a una caída de las ventas y, por tanto, a presupuestos de investigación más reducidos, lo que frena aún más la innovación y el crecimiento. La reticencia de los ciudadanos y de Washington corre el riesgo de reflejarse en los presupuestos de inversión de las farmacéuticas.

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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