Irán tiene menos que perder en la guerra del agua
Obtiene solo el 2% de su agua potable de la desalinización, frente al 70% de Arabia Saudí

La Convención de Ginebra es inequívoca en cuanto al ataque de infraestructuras vitales durante la guerra. El actual conflicto en Oriente Próximo ha quebrantado esa norma, con el bombardeo de instalaciones de tratamiento de agua en Irán y Baréin. Puede parecer una destrucción mutua asegurada, pero no lo es. Irán obtiene solo el 2% de su agua potable de la desalinización; Arabia Saudí depende en un 70%.
La escasez de agua amenazó en su día el futuro económico de la zona. Eso cambió en los 60, cuando los países comenzaron a invertir fuertemente en la desalinización. Hay unas 5.000 plantas en funcionamiento en la región, muchas concentradas a lo largo de las costas expuestas de Arabia Saudí, Baréin, Qatar y Emiratos. Esta concentración las hace muy vulnerables a los ataques.
Irán presenta una situación diferente. Aunque le afecta otro tipo de crisis hídrica, causada por graves sequías y falta de inversión en infraestructuras, solo el 2% de sus necesidades se satisfacen con la desalinización. El resto, según un estudio de la Universidad de Potsdam, proviene de aguas subterráneas, ríos y lagos. Si bien ese sistema tiene sus propios problemas, porque la demanda es tres veces superior al suministro, significa que Teherán puede atacar las instalaciones de sus vecinos sin un riesgo de represalias proporcional.
En un escenario extremo, algunas de las principales ciudades quedarían inhabitables: un cable de la embajada de EE UU en Riad de 2008 –publicado por Wikileaks– reveló que una sola planta suministraba el 90% del agua potable de la urbe. Lo más probable es que los ataques sostenidos causaran un daño considerable al crecimiento si se tuviera que reducir el uso industrial: Arabia Saudí, Emiratos, Baréin y Qatar necesitan agua desalinizada para cultivos y piscinas, y para refrigerar los centros de datos que están construyendo rápidamente. Este año, la desalinización aportará el 60% del suministro de agua saudí, que incluye el uso comercial y el consumo humano.
Como parte de su plan Visión 2030, el Gobierno saudí pretende satisfacer el 90% de su demanda de agua mediante la desalinización para finales de la década: es decir, no hay un plan B significativo. Ese y otros países deben defendiendo enérgicamente sus infraestructuras y esperar que la guerra acabe pronto.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías