Los veleros previenen los choques con soluciones para vehículos
Las crash boxes han revolucionado las regatas oceánicas.
Se trata de un postizo de PVC de altísima densidad y resistencia al impacto que, al colisionar con un objeto contundente en el mar, evita que la parte inferior de la roda se rompa y se cree una vía de agua que podría, en el peor de los casos, provocar el hundimiento.
Las colisiones con elementos extraños en el mar son un problema cada vez más habitual en las navegaciones oceánicas. Ballenas, otros animales y hasta contenedores caídos desde algún mercante pueden causar daños severos en cualquier tipo de embarcación. Para prevenir el hundimiento, las embarcaciones convencionales suelen disponer de un mamparo estanco que evita que el agua pase de la parte delantera hacia el interior.
Sin embargo, esta solución solo previene los problemas posteriores a la rotura, que en caso de un barco de competición obliga casi siempre a abandonar la competición. Para prevenir el choque, y no solo sus consecuencias, los diseñadores han creado una solución copiada de la automoción. La pieza, bautizada como crash box, se coloca en la parte inferior de la roda (el borde vertical de la proa) y funciona como un auténtico parachoques.
Este postizo es una pieza rellena de espuma de PVC de altísima densidad y resistencia al impacto. Si el barco tiene una colisión, la crash box asume todo el impacto sin transmitir daños al casco; y en caso de choques extremadamente violentos, la crash box se rompe y cae de la embarcación, pero permite que el barco siga navegando.