Bajo el sol de Basilea III
La madurez de un pueblo no se reconoce en la naturaleza de sus problemas sino en la calidad de sus respuestas. Hubiera sido hermoso contar con un demiurgo que hablase al oído al Gobierno y fruto de ese diálogo diseñara sus decisiones. Pero no ha sido así. El sistema financiero español se ha construido como respuesta a los problemas que hemos padecido. Les dimos la mayoría de edad a las cajas, en los setenta, porque necesitábamos introducir competencia en un mercado dominado por una banca oligárquica, ineficiente y sumergida en el estallido de la burbuja industrial. Si no hubiéramos actuado de ese modo, la banca extranjera habría colonizado España.
A la vez que el sector bancario se fusionaba, veíamos desaparecer a decenas de oligarquías financieras. Apellidos significados, habituales del No-Do, abandonaron paulatinamente los consejos de administración para dar paso a un ejército de ejecutivos formados en las mejores universidades. ¿Su castigo? Descuidar la gestión del riesgo. Quererlo todo. Nadie los lloró. Su vinculación al franquismo les perjudicó. Hoy, otra casta, en este caso hija de la democracia y con fuertes lazos con la clase política vuelve a estar amenazada. ¿Qué harán? Depende de cómo utilicen la prórroga que les ha concedido Elena Salgado. Si la usan acertadamente podrán sobrevivir. Aquellos que nieguen Basilea y crean que los partidos se ganan en los despachos, tendrán que pedir entrada en algún club social, les sobrará el tiempo libre.
En los ochenta, la obsesión del Banco de España fue la salud del sistema. Tenía claro que un sistema vivo es aquel que presta. Así de sencillo. Por ello, la ambición de las cajas de ahorro, hoy tan denostada, fue bienvenida. De su mano, millones de españoles financiaron su primer coche y alcanzaron a tener, al igual que sus patronos, una tarjeta. Bancarizaron este país. Tanto bien nos hicieron que olvidamos que para otorgar riesgos hay que tener capacidad de asumirlos. Y era lógico el olvido, pues el mundo entero, representado por Basilea II, había caído rendido al encanto de lo híbrido. Fortalecíamos la solvencia obteniendo financiación a cinco años, capital que automáticamente usábamos para otorgar hipotecas a cuarenta años. El ratio de solvencia BIS II crecía y crecía del mismo modo que se desarrolla la harina con exceso de levadura, con apariencia pero sin fundamento.
Tras la borrachera viene la resaca y a veces la reflexión. Y quien suele hacerla busca una gran verdad y la que se asentó en el Bank of International Settlements (BIS) fue simple: para asumir riesgo hay que tener capacidad de asumir pérdidas. ¿Le parece descabellada? A mí no. Observe, sin embargo, como gran parte de esta oligarquía amenazada que le comenté antes intentó ignorarla e incluso negarla. Buscaron crear doctrina a través del BOE y no lo consiguieron. Que nadie olvide que las únicas leyes que nunca se recurren son las económicas y esto parece tenerlo presente Elena Salgado, ante lo cual me alegro. El core capital no es un derecho ni un deber, es simplemente una suma, la del dinero que respalda un negocio.
Quien opine que en este país José Luis Rodríguez Zapatero mató a las cajas de ahorro con el Real Decreto-ley de Reforzamiento del Sector Financiero lo único que muestra es que no se ha enterado del problema. Lo que está en vías de extinción no es una figura jurídica, sino una práctica no entendida: tomar riesgos sin disponer del suficiente capital regulatorio básico o de instrumentos de captación del mismo.
Si por algo tienen trascendencia los informes del BIS es porque son fruto del consenso y este suele vivir en maridaje con la lógica. ¿Y qué dicen de las cajas? Que si desean competir en el crédito han de tener capacidad de financiarse, es decir, ser bancos y si desean mantener su situación jurídica entonces han de ser extremadamente conservadoras en su política de concesión. ¿Ve usted que pasen por problemas las cajas rurales? Pues ese será el futuro de las cajas que no tengan necesidad de transformarse en bancos: vivir ancladas a su territorio, sin ambiciones expansionistas y centradas en la inversión crediticia de su clientela tradicional. ¿Qué cree usted que es mejor para España?
Venancio Salcines. Presidente de Escuela de Finanzas