Ir al contenido
_
_
_
_

La emisión de bonos gana terreno a la Bolsa en la financiación empresarial

Los máximos históricos del Ibex favorecen la preferencia por el mercado de deuda corporativa, que alcanzó los 92.000 millones en 2025

Con el selectivo en cifras récord y los tipos de interés estabilizados, las grandes empresas se financian cada vez más a través de bonos, una opción en pleno auge. El mercado de deuda corporativa registró en 2025 más de 92.000 millones de euros en emisiones por parte de las empresas, lo que supone un crecimiento del 22% respecto al ejercicio anterior. Cifras que, en opinión de Mariana Longobardo, directora del servicio de estudios de BME, evidencian “el papel esencial que sigue desempeñando la financiación mediante deuda para las compañías españolas”.

Así, destaca que el nivel de profundidad y liquidez de este mercado es elevado, presentando una demanda inversora sólida. De hecho, emisores como Endesa, Santander o Enagás han repatriado sus programas a nuestro país desde 2020, “impulsados por las mejoras operativas que ha implantado BME”, sumando un volumen de 47.000 millones.

El giro en la política del BCE ha reducido la presión sobre los costes financieros empresariales

Frente a esto, casi la mitad de las compañías que han intentado salir a Bolsa en el último lustro no han culminado el proceso, “en muchos casos por episodios de volatilidad o tensiones geopolíticas”, apunta Longobardo. El pasado ejercicio, tres sociedades se sumaron al mercado continuo (HBX Group, Izertis y Cirsa), que inicia 2026 con 111 valores, casi una docena menos que el año de la pandemia. Mientras, los mercados de crecimiento de BME han tenido 14 incorporaciones.

Ante un contexto de “elevada incertidumbre”, la portavoz del gestor explica que la evolución del acceso de las empresas a los mercados de capitales ha logrado “resultados muy satisfactorios, siendo conscientes de que hay que aumentar este número”.

En este sentido, Alberto Blanco, profesor del Máster en Bolsa y Mercados Financieros del IEB, matiza que los máximos históricos que han alcanzado los valores del Ibex 35 el año pasado favorecen la preferencia de las compañías por la emisión de deuda. “El rendimiento esperado por los inversores hace que el coste del capital les sea muy caro”, afirma, aclarando que, “a medida que el ciclo del Banco Central Europeo (BCE) se estabiliza a la baja, el coste de la deuda volvió a ser predecible y atractivo”.

A esto, Blanco añade un cambio estructural en el mercado fruto de la desintermediación que suponen estrategias como la emisión de bonos, que facilitan a las sociedades alejarse de la financiación a través de los préstamos bancarios tradicionales.

Un aspecto que corrobora Félix López, socio director de Atl Capital, para quien las colocaciones récord de deuda corporativa provienen de “las reducciones en los diferenciales de crédito que hemos visto en 2025, lo que demuestra el apetito inversor”. Sin olvidar “la buena marcha de la economía, la confianza en las empresas y las buenas perspectivas de resultados”, asegura.

El MARF afianza su papel como alternativa para que las pymes lancen colocaciones en el mercado

Como ejemplo de lo anterior, López señala las emisiones de ACS, Sacyr y Prosegur como nuevas protagonistas del pasado ejercicio, siguiendo una tendencia que –avisa– continuará en los próximos trimestres. Junto a las grandes corporaciones, también destaca “un mayor interés en las emisiones de compañías de mediana capitalización”, canalizadas a través del Mercado Alternativo de Renta Fija (MARF).

No en vano, el MARF también ha alcanzado un hito en el pasado ejercicio, superando por primera vez los 10.000 millones de euros de saldo vivo. “Un auge que ha permitido que las pymes, que antes solo podían ir al banco, ahora emitan bonos”, resalta Blanco. Sin embargo, el profesor de IEB advierte de los costes ocultos, ya que, si bien los bonos ofrecen unos plazos más largos que los préstamos –y permiten planificar los vencimientos con más antelación–, también incorporan cláusulas que recortan la flexibilidad de la dirección y, si el apalancamiento se dispara, “pueden acabar asfixiando la valoración al elevar la prima de riesgo”.

Para Blanco, los indicadores que definirán si las empresas se deciden por la Bolsa o la deuda serán la brecha entre los rendimientos, la intensidad de las fusiones y adquisiciones y la posible reaparición de episodios de volatilidad.

Avisos para 2026

Estas señales también condicionan la estabilidad macroeconómica y el riesgo de ajustes futuros, a decir de Francisco Rodríguez, catedrático de Economía de la UGR y director del área financiera y de digitalización de Funcas. “En 2025, la financiación de las empresas españolas ha evolucionado en un contexto de progresiva normalización financiera”, declara, argumentando que esto ha rebajado la presión sobre los costes y ha mejorado la visibilidad de las decisiones de inversión. Como consecuencia, muchas compañías han optado por la deuda, “porque ofrece rapidez, menos complejidad operativa y evita la dilución”, restando protagonismo al mercado de capitales.

Aunque este mayor peso de la deuda en la estructura financiera no es problemático, para Rodríguez sí conlleva tres implicaciones que conviene observar de cara a 2026. La primera, la creciente sensibilidad al calendario de refinanciaciones, “ya que una parte relevante del pasivo deberá renovarse en un entorno todavía sujeto a condiciones de mercado”. La segunda, una mayor dispersión de resultados entre empresas: “Las que aseguren costes favorables partirán con ventaja”. Por último, “si se produce un impacto externo, se amplificarán los ajustes, especialmente con recortes de proyectos de inversión”, concluye el portavoz de Funcas.

Rellena tu nombre y apellido para comentarcompletar datos

Archivado En

_
_