De refugios en Barcelona a corredores naturales en Bilbao: las urbes españolas ante eventos climáticos extremos
Las grandes ciudades despliegan planes integrales para adaptarse a los efectos del calentamiento global. La implementación, sin embargo, va lenta


El año que viene, Barcelona vivirá un simulacro integral frente a un episodio extremo de calor, basado en un escenario hipotético de temperaturas de hasta 50 grados centígrados. Su objetivo será evaluar su capacidad para anticipar, gestionar y responder a los impactos que un bochorno prolongado y extraordinario podría tener sobre la salud pública, los servicios esenciales y el funcionamiento urbano. El ejercicio tendrá lugar en el marco del Pla Clima, activo desde 2018 y paraguas que engloba los esfuerzos del Ayuntamiento por mitigar los efectos del calentamiento global y adaptarse a los eventos climáticos extremos, desde sequías a inundaciones.
Barcelona, Vitoria-Gasteiz (desde 2022) o Bilbao (desde 2024) disponen de planes integrales para ser más resilientes al clima, con presupuesto, análisis de riesgos ambientales y medidas: refugios climáticos, zonas de sombra, integración de la naturaleza en la ciudad –como huertos urbanos, corredores verdes o renaturalización de ríos–, infraestructuras pluviales y edificación bioclimática. En España existen proyectos concretos, de más o menos alcance –agua regenerada en Madrid, movilidad en Pontevedra, sistemas de drenaje sostenible en Donosti–, pero muchos menos planes de ciudad como los de la capital catalana y las dos vascas. Entre otras cosas porque la Ley de Cambio Climático (de 2021) no obliga a los municipios a realizarlos, como recuerda Jorge Olcina. “Vamos muy lentos en las acciones de adaptación”, lamenta.
La resiliencia climática es una exigencia económica para preservar la salud y la competitividad
Al catedrático de Análisis Geográfico Regional de la Universidad de Alicante y experto en cambio climático le parece importante que el problema se aborde transversalmente, con todas las concejalías remando a una. “Este tipo de políticas tienen más éxito cuando están lideradas por las alcaldías”, refrenda Marta Olazabal, responsable del grupo de adaptación en el Basque Centre for Climate Change (BC3).
Olazabal reclama que las soluciones emanen de un diagnóstico y una planificación basada en datos de uso, eficiencia y beneficios; y que se evalúen periódicamente, para ir mejorando. También invita a que sean proactivas, no solo reactivas. “Las redes de refugios climáticos son un recurso maravilloso ante una emergencia, nos permiten un respiro en momentos extremos, pero son soluciones a corto plazo”, pone como ejemplo. “Nos falta la mirada a largo plazo”, reflexiona.
Cataluña habría sufrido una pérdida de unos 1.013 millones de euros (un 0,37%) de valor añadido bruto (VAB) por la caída de productividad, reducción de horas trabajadas y menor actividad económica en 2025, derivadas de f enómenos meteorológicos extremos, según Dry Roasted NUTS: early estimates of the regional impact of 2025 extreme weather. El informe estima una pérdida agregada de 6.012 millones de euros (un 2,20% del VAB) en 2029, incluso sin registrar nuevos episodios extremos. Si no se implementan medidas de adaptación, Cataluña y Barcelona podrían bajar hasta un 14% del PIB per cápita en 2050 por el efecto combinado de calor excesivo, estrés hídrico e inundaciones, prevé Climate adaptation in Catalonia & Barcelona – GDP impact, de Axa Climate y Fundación Axa.
Barcelona realizará un simulacro integral de calor excesivo para ver la respuesta a 50 grados de temperatura
“La resiliencia climática no es solo una inversión ambiental sino una exigencia económica para preservar competitividad, salud y bienestar urbano”, concluye la corporación barcelonesa, consciente de que el coste económico de la inacción es muy superior al de la prevención. Barcelona es una ciudad grande y con recursos; el reto se presenta más complicado a los ayuntamientos de poblaciones medianas y pequeñas, con mucha menos capacidad económica. Aquí, los expertos coinciden en la necesidad de financiación, y valoran la ayuda que puedan suministrar instituciones supralocales como las diputaciones.

La Federación Española de Municipios y Provincias (FEMP) creó la Red Española de Ciudades por el Clima en 2005, como herramienta de apoyo; cuenta con 371 miembros entre ayuntamientos, diputaciones, cabildos y consells insulares. En 2017 se enfocó en la adaptación, teniendo la subida del nivel del mar y el impacto de las lluvias torrenciales como principales preocupaciones. Desde 2023 elabora guías para el desarrollo de planes locales de actuación –10 planes piloto en 2025, y otros seis en proceso– frente al calor o el riesgo de incendios forestales en territorio urbano; esté año abordará las inundaciones. “Sabemos que los impactos están siendo muchos y variados, y que los fenómenos meteorológicos extremos van a ser más intensos y frecuentes en el arco mediterráneo”, incide el vicepresidente segundo de la red y alcalde de Castelldefels, Manu Reyes.
Hay siete urbes españolas –Barcelona, Madrid, Sevilla, Valencia, Valladolid, Vitoria-Gasteiz y Zaragoza– entre las 100 que se han comprometido a convertirse en Ciudades Climáticamente Neutras e Inteligentes de la UE para 2030. “Están en el punto de que saben que han de adaptarse; ahora les toca actuar”, señala el director del área de acción climática y bioeconomía de Ecodes, Pablo Pevidal, quien cree que van con retraso respecto al centro y norte de Europa. “Estamos avanzando, cada vez hay planes mejor pensados y diagnosticados. ¿Es suficiente? No, ni en España ni en el mundo”, zanja Olazabal. “Hay que implementar recursos y financiación”, reclama.