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Las grandes empresas reconfiguran su área de sostenibilidad: “El mundo avanza hacia la descarbonización”

La estrategia ambiental recae ahora en los departamentos de riesgo y finanzas. El número de compañías con objetivos climáticos es nueve veces más que hace cinco años

getty (Getty Images)

A principios de abril de 2025, Iberia hizo un cambio importante en su cúpula directiva. El departamento de sostenibilidad, que hasta entonces había estado a cargo de Teresa Parejo Navas, recayó en Diego Fernández Ortiz, que de ser solo el responsable de estrategia pasó ocupar un nuevo puesto: el de director de estrategia, transformación y sostenibilidad. Esta modificación puede sugerir que Iberia, la compañía aérea bandera en España, retrocede en sus ambiciones climáticas al albur de los vientos negacionistas del calentamiento global que dominan el mundo.

Sin embargo, la antigua aerolínea oficial del Estado, que hoy pertenece al grupo IAG, no parece haber dejado de lado su compromiso: acaba de lanzar, junto a otros socios como Amadeus, BBVA, Repsol o Telefónica la comunidad Círculo SAF, un programa corporativo que se ha dado el objetivo de impulsar el uso de combustibles sostenibles para la aviación (SAF, por sus siglas en inglés).

Inditex, Iberia, Acciona y BBVA son algunas de las firmas del Ibex que han llevado a cabo reestructuraciones

Entonces, ¿qué está pasando? La aerolínea española no es la única gran empresa que ha hecho este tipo de cambios en su cúpula directiva y un informe del NewClimate Institute de 2025, que ha analizado a 20 multinacionales, asegura que ninguna ha alcanzado un nivel “alto” de integridad en sus compromisos ambientales. ¿Estamos ante un retroceso de la agenda climática en las grandes corporaciones, o ante una reconfiguración necesaria de los departamentos de sostenibilidad y sus prioridades después de la moda verde?

Como todo en la vida, lo más seguro es que haya un poco de ambas. Philipp Navratil, director ejecutivo de Nestlé, en un acto con empleados de diciembre de 2025 recogido por el Financial Times, lamentó el retroceso de las grandes empresas en este aspecto. Navratil asumió parte de la responsabilidad, pero sobre todo echó la culpa a Donald Trump, presidente de Estados Unidos. “Hace tres o cinco años, cuando ibas a reunirte con inversores, te hacían un montón de preguntas sobre sostenibilidad”, contaba. Ahora ya no pasa. “De alguna manera, ese tema ha desaparecido completamente de la agenda en EE UU”, lamentaba el directivo. En un discurso ante la ONU, Trump calificó el concepto de huella de carbono como un “engaño”, y ha retirado a Estados Unidos, entre otros, de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático.

El director de Nestlé lamenta que apenas se hable de esto en sus reuniones con inversores

Esta pelea frontal contra la sostenibilidad del líder del mundo ha causado estragos. Desde su llegada al poder, la estrategia corporativa en esta materia ha pasado del archiconocido greenwashing (cuando una empresa vende que es sostenible, pero en la práctica no lo es tanto) al nuevo greenhushing, que implica justo lo contrario: la compañía mantiene sus objetivos climáticos y políticas de sostenibilidad, e incluso las refuerza, pero no presume tanto de ellas. Tienen miedo a las represalias del presidente de Estados Unidos.

Bastien Sachet, fundador de Earthworm, una organización internacional sin ánimo de lucro que trabaja con grandes empresas para mejorar la sostenibilidad de sus cadenas de suministro, tiene una opinión interesante al respecto. “Trump es un síntoma de algo que se ha estado cocinando durante mucho tiempo”, explica. Aunque haya un grupo de empresas que respiran aliviadas, existe otro que ya no está dispuesto a dar marcha atrás en sus estrategias porque han comprendido la importancia que tienen para su negocio. “Hay compañías obsesionadas con la rentabilidad, pero cada vez son menos. Las otras se están convirtiendo en coches de rally (en vez de ser coches de Fórmula 1). Son más lentos, pero mucho más versátiles”, ilustra.

Los datos, de hecho, dicen que el efecto Trump no está siendo tan fuerte como parece (aunque, como dice Navratil, se hable cada vez menos de ello). El informe State of Decarbonization 2025 de la consultora PwC recoge que un 16% de las 4.136 empresas analizadas ha reducido sus compromisos climáticos, pero un 37% los ha reforzado. El número de compañías que fijan objetivos ambientales es nueve veces mayor que hace cinco años y el 83% asegura haber invertido en I+D para desarrollar productos y servicios sostenibles.

Cambios organizativos

Visto esto, ¿a qué se deben las modificaciones en la alta dirección? En mayo de 2025, Inditex creó un nuevo puesto, el de director general corporativo, que ha sido ocupado por el antiguo director general de finanzas, Ignacio Fernández. Ahora, bajo su mando, están las direcciones de finanzas, logística, transporte, infraestructuras y (otra vez viene la última) sostenibilidad. Preguntados por este cambio, el gigante textil asegura que esto “subraya el carácter estratégico” que tiene el departamento, no al contrario.

En otras firmas, esta dirección ha caído tradicionalmente bajo el cargo de finanzas o riesgos. En Acciona, José Entrecanales Carrión se convirtió en mayo de 2025 en el director financiero y de sostenibilidad. En el BBVA, Javier Rodríguez Soler es el director global de sostenibilidad y de banca de inversiones de la firma.

PwC afirma que un 37% de las empresas analizadas en su informe ha reforzado sus compromisos

Los expertos no creen que esto signifique el fin de esta práctica, sino que las grandes empresas están entrando en una fase de madurez y de integración de estos valores en los fundamentos del negocio. Ramón Pueyo, socio responsable de sostenibilidad y buen gobierno de KPMG, afirma que los directores del área van a tener que seguir yendo a los consejos de administración con mucha frecuencia. “El mundo avanza hacia la descarbonización”, asegura, “y hay una corriente de fondo de factores que empujan a que las compañías adopten este tipo de prácticas renovables”, insiste.

Entre estos factores está la creciente regulación de la Unión Europea, como la última directiva ómnibus, que ya ha sido aprobada por el Parlamento Europeo y que marca un punto de inflexión en la evolución del marco regulatorio al unificar los parámetros de medición de sostenibilidad en las grandes compañías. “La simplificación que trae la normativa está haciendo que las empresas conecten más con la generación de valor y gestión del riesgo”, apunta Mónica Chao, fundadora y presidenta de WAS, una asociación española formada por mujeres directivas que trabajan en este ámbito.

La creciente regulación que viene de la Unión Europea ha obligado a las compañías a actualizarse

“Estamos viendo que no se ha disminuido ni presupuestos ni equipos en estas áreas”, expone la fundadora. Además, estos puestos tienen cada vez funciones más amplias: “Es alguien que trabaja transversalmente con el resto de partes del negocio”. Germán Granda, director general de Forética, organización de referencia en temas ESG (criterios ambientales, sociales y de gobernanza por sus siglas en inglés). “Ha dejado de ser un ámbito periférico y se ha integrado en ámbitos críticos como finanzas, control de riesgos y operaciones”, defiende el experto. “¿Ha perdido fuerza? No, se está recalibrando en un mundo que está empezando a ver su importancia”. Ahora “se habla más de ello en términos de negocio que de voluntarismo”, remacha.

Alberto Castilla, responsable de cambio climático y sostenibilidad en de EY, habla del “impacto tangible”, de la necesidad de estos departamentos de aprender a justificar su planes y proyectos para que mejoren la resiliencia del negocio, creen valor y tengan resultados medibles. Nuria Rodríguez, presidenta de la Asociación Española de Directivos de Sostenibilidad (Dirse), cree que ha habido una evolución más cualitativa que jerárquica. En los casos en los que se integra en otros departamentos como el de riesgo o finanzas, si está bien gestionada, “no implica una pérdida de relevancia, sino una mayor conexión con los procesos clave de gestión empresarial”.

Ángel Ramírez, director global de sostenibilidad en Atos, multinacional tecnológica francesa, considera que las empresas que mejor lo hacen son aquellas que van más allá de la recogida de datos: “Se trata de utilizar esa información para mejorar tu estrategia de negocio y ser más competitivo en el mercado”.

Hay quien teme que una regulación laxa con las empresas las lleve a dejar de lado sus ambiciones medioambientales. Orencio Vázquez, coordinador del Observatorio RSC de Responsabilidad Social Corporativa, critica que la directiva de la Unión Europea no está a la altura de los objetivos climáticos. “Con la excusa de simplificar la carga administrativa, se ha aminorado mucho la carga de responsabilidad. Si solo se hace sostenibilidad al obtener beneficio económico, muchas empresas dejarán sus planes”, advierte el experto.

El armazón legislativo

Ley 11/2018. Fue el primer gran anclaje español del reporting no financiero. Introdujo por primera vez en el ordenamiento español una obligación clara, estructurada y exigible de reporte de información no financiera (EINF). Debe ir junto a las cuentas anuales, detallando políticas, riesgos y resultados en materia ambiental, social y de gobernanza con verificación independiente. La norma supuso el paso de la voluntariedad a la obligación legal de informar sobre impactos y riesgos no financieros. En 2026 sigue vigente, aunque su papel es cada vez más transitorio ante la adaptación al marco europeo reforzado.


CSRD. La directiva de informes de sostenibilidad corporativa (CSRD) eleva el listón en transparencia. Exige un estado de sostenibilidad estructurado bajo estándares comunes europeos, incorpora el principio de doble materialidad –impacto del entorno en la empresa e impacto de la empresa en el entorno– y establece aseguramiento externo obligatorio. Su aplicación comenzó por oleadas desde el ejercicio 2024, con informes publicados en 2025. En 2026 conviven empresas que ya reportan bajo este esquema con otras cuya entrada se ha visto modulada por ajustes regulatorios posteriores.


Paquete ómnibus. Presentado por la Comisión Europea en febrero de 2025, introduce una recalibración del marco regulatorio. Revisa la CSRD y la taxonomía europea de actividades sostenibles y otros instrumentos vinculados a la transición ecológica, con el objetivo declarado de simplificar requisitos, ajustar umbrales y ampliar plazos de reporte y aplicación. Esta normativa retrasa determinadas obligaciones antes de su despliegue completo. No desmantela la arquitectura normativa, pero sí modula su ritmo de implantación.


Acuerdo de París. Adoptado en 2015 y en vigor desde 2016, es un tratado internacional jurídicamente vinculante para los Estados firmantes que busca mantener el aumento de la temperatura global por debajo de 2 grados. Ese compromiso se ha incorporado al derecho europeo mediante la Ley Europea del Clima, que convierte en obligación jurídica la neutralidad climática en 2050 y establece metas intermedias, como la reducción de al menos el 55% de las emisiones netas en 2030 con respecto a 1990, dentro del paquete Fit for 55.

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