Cooperativas 4.0 con información satelital y sensores terrestres: el campo transita el camino hacia la digitalización
Implementar las nuevas tecnologías aumenta la productividad de los cultivos entre un 10% y un 30%


El desembarco tecnológico en la cooperativa Bodega Cuatro Rayas arrancó en la administración y la gestión, y fue avanzando hacia la trazabilidad integral –del viñedo a la botella–, el control de las parcelas y la automatización en bodega. En 2018, lanzó su propia aplicación móvil para comunicarse con los socios, que pueden registrar tratamientos, labores y datos en un cuaderno de campo digital “de manera sencilla y centralizada”, aseguran. Ha participado en los proyectos DronSafe –uso de drones aplicados al viñedo– y Vipo –poda en realidad virtual para formación–. El año pasado incorporó a un nuevo director tecnológico. ¿Motivaciones? “Ser más sostenibles y competitivos, y ofrecer más valor tanto a nuestros socios como a nuestros clientes”, manifiesta, convencido, su director gerente, Vicente Orihuela.

La digitalización no va de tecnología sino de personas. En el proceso de explicar la aparente paradoja que encierra esta frase, Gonzalo Martín, director de producto y estrategia en Hispatec, ilustra cómo la singularidades de producción, logística y organización de una cooperativa –propiedad colectiva y democrática regida bajo el principio de “un socio, un voto”– están determinando su transformación digital. Él se refiere, concretamente, a las agroalimentarias, y reconoce que sus relaciones humanas son más complejas que las de una empresa privada. Por lo tanto, sus retos también difieren. “Sus servicios centrales, de compras y comercialización se encuentran al mismo nivel que cualquier empresa de su tamaño pero, en la parte de la producción, entra el agricultor, sobre el que la cooperativa tiene ascendencia, no mandato”, distingue.
Hispatec desarrolla el cuaderno de campo digital y una inteligencia artificial generativa llamada Margaret Professional Assistant, con la que los agricultores pueden conversar en lenguaje natural. El potencial de la IA generativa es enorme, subraya Martín, porque simplifica la interacción entre máquina y humano, ayudando a vencer reticencias y desactivar recelos. “Las principales barreras son las inercias de un sector tradicional, parte del cual está poco profesionalizado”, enuncia Juan Sangarra, responsable de sostenibilidad, proyectos e innovación de Cooperativas Agroalimentarias de España. La asociación empresarial quiere que la cooperativa se convierta en nodo, elemento tractor y punto de referencia que lleve la digitalización hasta los pequeños y medianos productores.
Dice Sangarra que, si los datos son el nuevo activo económico, deberían ser las cooperativas, y no terceros, quienes los aprovechen y cristalicen en mejoras. “El campo va a transitar desde las decisiones basadas en el conocimiento exhaustivo y ancestral hasta los manejos guiados por la información de satélites y sensores en el tractor o sobrevolando en un dron”, describe. Esta revolución basada en el big data no debería pillar a los pequeños y medianos productores “mirando al pasado”. “Si el sector no aborda su digitalización de manera proactiva, las multinacionales que compran sus productos impondrán su propio sistema”, advierte. “Si el ecosistema cooperativo no hace lo propio, competirá en inferioridad de condiciones frente a las grandes explotaciones”, repite.

Las cooperativas financieras, energéticas y educativas, las más avanzadas en internet
Las cooperativas suponen alrededor del 30% de la economía social, tanto en número (23.257) como en el empleo que crean, según la primera Cuenta Satélite de la Economía Social publicada por el INE. Se encuentran muy repartidas por casi todos los sectores, pero son especialmente significativas en el agroalimentario, donde generan en torno al 70% del valor de la producción final agraria en España, recoge el informe 2024-2025 de las empresas más relevantes de la economía social elaborado por Cepes (Confederación Empresarial Española de la Economía Social). Un 60,3% de las 3.804 entidades analizadas pertenecían al sector primario: cooperativas, cofradías de pescadores y sociedades agrarias de transformación.
Para Juan Antonio Pedreño, presidente de Cepes, la urgencia de implementar tecnología tiene menos que ver con el tipo de empresa que con el sector productivo en el que desarrolla su actividad. Determinadas labores requieren una mayor premura en la transformación digital; para otras con más intensidad de trabajo manual o más dedicación hacia las personas –los cuidados, la venta ambulante, la artesanía o el calzado–, “la modernización tecnológica no es tan urgente”, expresa. Aunque todas están embarcadas en ese proceso, puntualiza.
La implementación digital incrementa la productividad de los cultivos entre un 10% y un 30%
“Las cooperativas financieras sobresalen en digitalización”, remarca Adoración Mozas, presidenta del Centro Internacional de Investigación e Información sobre la Economía Pública, Social y Cooperativa (Ciriec España). También las energéticas, y las educativas, que representan un 12% de la enseñanza concertada, cifra Cepes. Las hay muy innovadoras, resalta la experta, poniendo el ejemplo de Moonlight Games: una cooperativa de trabajo asociado salida de la Universidad de Jaén que se dedica al diseño de videojuegos. Sangarra detecta distintos ritmos de evolución entre las entidades, aunque, en conjunto, ninguna se está quedando atrás.
El modelo asociativo es un 30% de la economía social, tanto por su número como por el empleo generado
Mozas recuerda que, en procesos de transformación, además del sector influye el tamaño de la organización. Las agroalimentarias grandes se están desempeñando bien, observa Martín, pero las más pequeñas, o las que tienen menos ascendencia sobre el agricultor, encuentran problemas a la hora de llevar un buen registro de almacén –quién ha transportado qué, y cuánto– para planificarse.
La exportación
Si además exportan, su necesidad de digitalizarse crece. Aquí la internacionalización actúa de acelerador, al obligar a la trazabilidad, la agilidad logística y a una comunicación virtual fluida con distribuidores de todo el mundo, enumera Orihuela. “No es un incentivo sino una necesidad para ser más competitivos y eficientes en mercados donde la velocidad y la fiabilidad son clave para el crecimiento”, expone la hortofrutícola almeriense Única.

La implementación digital es la única manera de atender las demandas de los canales retail y horeca (hostelería y restauración), que “presionan cada vez más con la calidad, la trazabilidad y la rapidez”, insiste Martín. Hace aumentar la rentabilidad de los cultivos entre un 10% y un 30%, según la fuente, al reducir los consumos y la mano de obra, prevenir plagas e incrementar la productividad. Y permite medir y supervisar en tiempo real. Gracias a la agrointeligencia, la cooperativa Fresón de Palos pudo proclamar en Fruit Attraction que producía “las fresas más seguras de Europa”. Detrás de su anuncio estaba la capacidad predictiva para el control de residuos de dos herramientas integradas de Bayer e Hispatec.
La demanda de calidad y trazabilidad en hostelería y restauración presiona a las agro al ‘online’ y a la IA
En Única, las novedades siempre han comenzado por el flanco comercial, núcleo de su negocio. Actualmente tiene implantada automatización e inteligencia artificial. Por ejemplo, dispone de agentes de IA para procesar los pedidos. “La transformación que impulsa la inteligencia artificial es mucho más profunda y compleja que la que vivimos con la transformación digital inicial, donde pasamos de procesos manuales y sistemas aislados a ecosistemas digitales interconectados”, diferencia su director de IT, José Antonio López. Aquella etapa sentó las bases. El siguiente paso es la redefinición de procesos tradicionales hacia modelos donde la IA es protagonista. “Los empleados colaboramos con ella de forma natural, como una extensión de nuestras capacidades”, avanza.
Avances y retos
Los ganaderos. Las intensas protestas del sector agrario han retrasado hasta 2027 la entrada de la normativa europea que obliga al cuaderno de campo digital (ahora mismo es voluntario). Cooperativas Agroalimentarias de España detecta que los ganaderos son los menos reticentes a esta herramienta. “Llevan mucho tiempo con el cuaderno ganadero, declarando digitalmente los tratamientos veterinarios y su manejo del ganado con el fin de reducir emisiones”, lo justifica Sangarra. “Por necesidades normativas, lo han integrado, y ahora cuentan con más datos sobre su producción, lo que supone una ventaja competitiva, y los ayuda a ser más eficientes”, sostiene.
Online. Cooperativas Agroalimentarias de España ha preguntado por su transformación a las 240 entidades en las que despliega el cuaderno (a través de su plataforma oficial C3, Cuaderno de Campo Cooperativo) y el sistema de seguimiento Sigcex (plataforma tecnológica diseñada para centralizar y analizar datos de explotaciones agrarias). Un alto porcentaje de ellas ha llevado a internet su contabilidad, y el 53% cuenta con software específico de ERP o gestión empresarial para llevar las nóminas y la contabilidad.
Burocracia. La renovación de la propia Administración está impulsando la transformación digital de las cooperativas, tanto para comunicaciones como para obtener apoyos y subvenciones. En ocasiones, es la cooperativa la que ayuda a gestionar a sus agricultores las ayudas de la PAC (Política Agraria Común), y todos sus procesos –desde la solicitud a las notificaciones– son informáticos. “La parte administrativa y regulada es la más informatizada”, concluye Sangarra.
Comercial. Solo el 11% de las cooperativas consultadas utilizan un CRM (software para gestionar las relaciones con los clientes). “Es una cifra baja que se corresponde con las del resto de los sectores”, aclara Sangarra. Busca una explicación en el hecho de que, en un mercado con cadenas de valor muy consolidadas, los compradores han introducido ya la digitalización. “Si el distribuidor al que vendes ya tiene la herramienta, a lo mejor tú no la necesitas”, indica. No obstante, cree que hay que mejorar en este capítulo.