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El ataque de Estados Unidos a Irán reaviva las presiones inflacionistas y frena las expectativas de recorte de tipos

El economista jefe del BCE, Philip Lane, avisa del impacto del conflicto sobre los precios, mientras el tipo de interés de las letras marca máximos en 12 meses

Christine Lagarde, presidenta del BCE, y Jerome Powell, presidente de la Fed.Picture alliance (picture alliance via Getty Image)

El mercado se ha dado de bruces con la realidad. Las maniobras militares y las amenazas de Trump sobre Irán, intensificadas en las últimas semanas, habían pasado de puntillas por los parqués. Pero una vez se han materializado, han provocado un giro brutal en las previsiones y el ánimo de los mercados. El golpe más duro llega por el frente energético: el cierre del estrecho de Ormuz —paso estratégico del 20% del crudo mundial— y la paralización de la producción de gas en Qatar han disparado los precios, reavivando viejos fantasmas inflacionistas. Hasta ahora, el exceso de oferta había mantenido el crudo bajo control, ayudando a los bancos centrales a acercarse a su objetivo inflacionario. Ese equilibrio alcanzado en la zona euro, más esquivo en Estados Unidos a causa de los aranceles, está ahora en entredicho. Un encarecimiento prolongado del crudo podría intensificar las presiones sobre los precios y poner en jaque las expectativas de tipos.

“Un aumento de los precios de la energía ejerce una presión al alza sobre la inflación, especialmente a corto plazo”, ha advertido el economista jefe del BCE, Philip Lane, en una entrevista con Financial Times. “Tal evolución sería negativa para el crecimiento”, ha añadido. El banquero central ha citado un informe del banco de 2023 que avisaba de un alza sustancial de la inflación impulsada por la energía y una fuerte caída de la producción si un conflicto en Oriente Próximo provocara una reducción persistente del suministro energético. La magnitud del impacto dependería “de la amplitud y la duración del conflicto”, afirmó Lane. Añadió que “el impacto se vería amplificado si también diera lugar a una reevaluación del riesgo en los mercados financieros”.

Por su parte, los analistas de ING introducen un matiz clave en el debate. Si el conflicto se limita a unas pocas semanas, el impacto sería manejable y la inflación podría repuntar temporalmente hacia la franja media del 2%. El verdadero riesgo, advierten, es que la perturbación del suministro energético se prolongue. En ese caso, el efecto sobre los precios sería más intenso y persistente, y devolvería a la economía a un terreno que parecía superado: el de la incertidumbre inflacionista.

Germán García Mellado, gestor de renta fija en A&G Global Investors, advierte que un crudo sostenido cerca de los 100 dólares añadiría presión inflacionista en las economías desarrolladas. “En un contexto en el que los precios ya superan los objetivos de los bancos centrales, el riesgo es un escenario de estanflación moderada: menor crecimiento por el encarecimiento energético y las disrupciones logísticas, junto con mayores presiones inflacionistas”, apunta. Para García Mellado, este escenario complica la labor de los bancos centrales: mientras la Fed ve reducido su margen para aplicar nuevos recortes si repuntan las expectativas de inflación, el BCE podría optar por prolongar una pausa o incluso endurecer su tono si el shock energético se consolida.

Los analistas de ING recuerdan que, tras el aumento de la inflación que siguió el inicio de la invasión en Ucrania, es poco probable que el BCE considere automáticamente transitorio un nuevo repunte del petróleo. “No obstante, para que se produzca una subida de tipos, la economía de la eurozona tendría que demostrar una clara resiliencia”, matizan. Pierre Wunsch, miembro del Consejo de Gobierno, señaló que por ahora el banco central optará por “mirar más allá” del repunte energético. Antes del conflicto, el consenso del mercado veía 2026 como un año de transición para el BCE, con los tipos estabilizados en el 2% y la siguiente decisión orientada, previsiblemente, a un alza ya en 2027. Los analistas de Goldman Sachs mantienen su escenario de estabilidad, pero admiten que si el encarecimiento de la energía genera efectos de segunda ronda —vía salarios y costes de producción— el calendario podría adelantarse.

Tipos al alza en las letras

El cambio de expectativas han tenido un reflejo inmediato en el mercado de deuda. Este martes el Tesoro ha colocado 5.943,5 millones de euros en letras a seis y doce meses, con rentabilidades superiores al 2%. En el plazo a seis meses, el tipo marginal se situó en el 2,077%, el más alto desde abril de 2025. En las letras a un año, el rendimiento alcanzó el 2,137%, máximos de los últimos doce meses. También las rentabilidades de los bono estadounidenses han subido, más de 10 puntos básicos en dos días en su peor racha desde octubre: la deuda con vencimiento en 2035 superó ayer el 4%, la referencia a 30 años alcanzó el 4,7% y el bono a dos años se situó en torno al 3,5%. La inflación y la política monetaria condicionan cada movimiento en el mercado de renta fija.

Al otro lado del Atlántico, los futuros sobre los fondos federales también reflejan cautela. Antes del estallido del conflicto, el mercado anticipaba el inicio de los recortes en junio; ahora la probabilidad apenas supera el 35%. Para entonces, la Reserva Federal contaría con un nuevo responsable, ya que el mandato de Jerome Powell expira en mayo. Además de difuminarse las probabilidades de una reducción del precio del dinero a mitad de año, las expectativas de un segundo recorte a mitad de año apenas alcanzan ya el 30%. La perspectiva de un shock energético complica el margen de maniobra de la Reserva Federal.

El responsable de la Fed de Kansas, Jeff Schmid, ha reconocido que la inflación sigue siendo demasiado elevada y que, tras los últimos acontecimientos, las perspectivas apuntan a que se sitúe cerca de un punto porcentual por encima del objetivo. “La inflación ha estado por encima del objetivo de la Fed durante casi cinco años. No creo que tengamos margen para la complacencia”, advirtió, subrayando la incomodidad creciente dentro del organismo ante cualquier nuevo repunte de los precios.

Los analistas de ING subrayan que, aunque la exposición comercial de EE UU al estrecho de Ormuz es limitada, el aumento de los precios mundiales del petróleo agravaría la actual crisis del coste de la vida. “Los consumidores estadounidenses ya están bajo presión, y los precios de la gasolina son sumamente sensibles políticamente de cara a las elecciones de mitad de mandato. El aumento del crudo también complicaría la futura política monetaria de la Reserva Federal”, destacan. Según cálculos de Goldman Sachs, un aumento sostenido del 10% en el precio del petróleo elevaría el IPC subyacente en cuatro puntos básicos y la tasa general en 28 puntos básicos. En su escenario central, la inflación interanual repuntaría del 2,4% en enero al 2,7% en mayo, antes de moderarse. Si el shock energético se prolonga, podría acercarse al 3%.

En Reino Unido, las probabilidades de un recorte este mes rondan el 50%, frente al 80% de hace días, y el mercado ha borrado la posibilidad de una segunda rebaja este año, cuando hasta ahora descontaba tres. Los analistas de Bloomberg Intelligence advierten que el conflicto en Oriente Próximo pondrá a prueba la idea de un recorte del Banco de Inglaterra. Su gobernador, Andrew Bailey, ha dejado claro que un alza en los precios del petróleo podría bastar para mantener la política monetaria estable. Y en la conferencia de política monetaria celebrada en Oslo, Sharon Kozicki, vicegobernadora del Banco de Canadá, destacó las virtudes de contar con un marco de inflación flexible, que permite a la institución disponer de margen de maniobra ante subidas bruscas de los precios.

La combinación de incertidumbre geopolítica y tensión energética devuelve a los mercados a un terreno incómodo: el de los shocks de oferta. Y recuerda que el petróleo no solo mueve balances y curvas de tipos, sino que puede alterar la vida cotidiana de millones de personas y condicionar durante meses la agenda de los bancos centrales.

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