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BlackRock limita los reembolsos de un fondo de 22.000 millones de deuda privada y hace saltar las alarmas

La mayor gestora del mundo restringe la liquidez de un vehículo tras recibir una avalancha de solicitudes de reembolso

Logotipo de BlackRock frente a su sede en Manhattan, Nueva York (EE UU). Carlo Allegri (REUTERS)

Los problemas crecen en el mercado de crédito privado. Las malas noticias llegan este viernes de un producto de la mayor gestora del mundo, BlackRock. Su filial HPS, que adquirió el año pasado, ha recibido solicitudes de reembolso por el 9,3% del patrimonio en uno de sus fondos de crédito, pero ha informado de que solo atenderá las correspondientes al 5%. El tamaño del vehículo es de 26.000 millones de dólares (22.000 millones de euros). Los fantasmas vuelven después de que la gestora Blue Owl se haya visto obligada a bloquear una cartera destinada a pequeños inversores al no poder asumir las solicitudes de reembolso.

Los fondos que prestan dinero a empresas al margen de la banca y el mercado de bonos son habituales en Estados Unidos. Lo hacen a tipos de interés mayores que la banca tradicional y que sirven como incentivo para sus inversores. Pero las dudas sobre la capacidad de recuperar en tiempo y forma los préstamos que han concedido a los sectores del software y la inteligencia artificial han activado las alertas en el mercado, y los primeros damnificados han sido los productos que permiten reembolsos a los pequeños inversores. La salud de un mercado de 1,8 billones de dólares (1,6 billones de euros) está en entredicho. Preocupan también las ramificaciones de esta fórmula de crédito en el sistema financiero tradicional, con una exposición de 1,3 billones de dólares entre los bancos estadounidenses y europeos, según UBS.

Los marcadores a los que tiene acceso el mercado comienzan a dar signos de alarma. El volumen de créditos que se negocian por debajo del 80% de su valor nominal se ha doblado con creces desde final de año, hasta 25.000 millones de dólares. De esta cuantía, casi un tercio son préstamos al sector en el que el mercado detecta más peligro, el ligado a la IA. Y lo previsible es que la tendencia prosiga al alza.

La gestora, adquirida por BlackRock el año pasado, advierte a sus inversores de que “en el primer trimestre de 2026, el fondo, HLEND, recibió solicitudes de los accionistas para recomprar aproximadamente el 9,3% de las participaciones en circulación a 31 de diciembre de 2025, superando por primera vez desde su inicio el límite del 5%”. Como resultado, señala que cumplirá con los parámetros de liquidez previstos del fondo por unos 620 millones de dólares. Pero no más. El importe no reembolsado tendrá que esperar a la próxima ventana.

En Estados Unidos, la mayoría de los BDC (compañías de desarrollo de negocios, por sus siglas en inglés), como Blue Owl o HPS, permiten invertir a partir de importes ínfimos y tienen limitadas las retiradas trimestrales al 5% del patrimonio. Esta figura, con unos activos totales de 600.000 millones de dólares según fuentes del mercado, no existe en Europa. Lo más parecido son los fondos de deuda semilíquidos (evergreen, en el argot), pero su impacto es mínimo en Europa en comparación con los BDC. Esto reduce los peligros en el Viejo Continente.

Pero en el país de Wall Street se agravan las dudas de la posibilidad de que se mantenga el endiablado crecimiento del crédito privado, del que son especialmente dependientes las empresas controladas por el private equity, al mismo tiempo que los supervisores financieros clásicos estrechan la vigilancia sobre los posibles contagios al sector bancario. El importe de los créditos concedidos por estos fondos se ha sextuplicado desde 2010.

Las alarmas ya saltaron con varias quiebras del fabricante de piezas de automóvil First Brands el pasado septiembre y de las financieras para la compra de coches Tricolor y Primalend. Fueron las denominadas cucarachas crediticias. En el primer caso, el crecimiento feroz de la mano de varias capas de deuda no registradas en el balance fueron los causantes de la debacle.

La CNMV es consciente de los riesgos y está extremando la supervisión en los productos que invierten en mercado privados. Su misión es prevenir escenarios como los sucedidos con los fondos inmobiliarios españoles que bloquearon los reembolsos de liquidez justo después del estallido de la gran crisis financiera en 2008. Aunque el final fue feliz para los atrapados, es mejor aprender del pasado.

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