El temor a una guerra energética y más inflación provoca fuertes caídas en Bolsa, deuda y oro
El Ibex 35 cede un 2,3% y dice adiós a los 17.000 puntos, con fuertes subidas en los tipos de interés de corto plazo

Los nervios están a flor de piel en los centros financieros de todo el mundo ante la escalada de la guerra en Oriente Próximo, donde las infraestructuras energéticas se han convertido en objetivo militar. El ataque de EE UU e Israel al mayor yacimiento de gas natural explotado por Irán tuvo respuesta inmediata: Teherán cumplió sus amenazas y el miércoles golpeó la mayor planta de gas del planeta y varias instalaciones petroleras saudíes en el Mar Rojo. El temor a un shock de suministro dispara los precios del crudo y del gas y reactiva los miedos a un repunte de la inflación en plena desaceleración económica.
Ese escenario se ha trasladado rápidamente a los mercados, con las Bolsas, la deuda y el oro ampliando las pérdidas. El Ibex 35, que el miércoles logró cerrar en positivo, no ha conseguido esquivar esta vez el tono bajista y cede un 2,3%, después de haber llegado a perder cerca del 3% a primera hora. El selectivo no logra retornar a los 17.000 puntos. Los descensos son generalizados este jueves y solo dos cotizadas evitan las caídas. Aunque el encarecimiento de la energía puede lastrar el consumo y, en consecuencia, la actividad económica, las firmas vinculadas a los precios del gas y del petróleo muestran mayor resistencia: Naturgy avanza un 1% y Repsol suma un 1,4%. Al margen del impacto de la guerra en los mercados, Indra se convierte en la compañía con peor desempeño del Ibex 35 y se desploma un 12,28%, en su peor jornada desde 2022, tras la suspensión de la compra de Escribano.
El deterioro es generalizado en Europa. Los índices del Viejo Continente registran recortes de entre 2,8% del Dax alemán y el 2% del Cac francés. Wall Street, que el miércoles sufrió un severo correctivo, limita las caídas al 0,3%. Los inversores priorizan el riesgo de tipos altos durante más tiempo en un contexto de creciente tensión geopolítica. Las noticias que llegan desde el Golfo Pérsico no ayudan tampoco a templar los ánimos. Según Reuters, los ataques de Irán han dejado fuera de servicio el 17 % de la capacidad de exportación de gas natural licuado de Qatar y la recuperación total de las instalaciones podría tardar entre tres y cinco años. Con este telón de fondo, el gas europeo de referencia, el TTF neerlandés, sube un 11,5%, aunque aún se mantiene lejos del repunte del 35% registrado en sesiones anteriores.
Más volátil es el comportamiento del petróleo. El brent, que en los primeros compases de la sesión llegó a superar los 119 dólares, modera las ganancias y cierra por debajo de los 110 dólares. Detrás del giro vuelve a estar el presidente de EE UU, Donald Trump. En una jornada en la que el mercado ha empezado a poner en precio una guerra energética. El líder republicano ha asegurado que no contempla prohibir las exportaciones de crudo.
En un contexto marcado por la paralización del estrecho de Ormuz y los ataques a infraestructuras energéticas en el Golfo Pérsico, la retirada de más barriles del mercado podría reactivar las subidas del crudo. Si el conflicto se prolonga y las restricciones se intensifican, el precio podría escalar hacia los 200 dólares, un umbral que Irán ha llegado a poner sobre la mesa en plena escalada de tensiones energéticas. Trump, habituado a sorprender al mercado, es consciente del riesgo que un nuevo repunte del petróleo supone para la inflación y del impacto que podría tener sobre los mercados financieros.
Presiones inflacionistas
Las presiones inflacionistas han dominado las reuniones de los bancos centrales en las últimas jornadas. Lejos de disipar las dudas, los mensajes de los responsables de política monetaria han reforzado la incertidumbre. Horas después de que la Reserva Federal decidiera mantener sin cambios los tipos de interés, el Banco de Japón, el Banco de Inglaterra y el BCE han seguido la misma línea y dejan las tasas en sus niveles actuales mientras evalúan el impacto del conflicto sobre la inflación y el crecimiento.
El BCE, en línea con la Reserva Federal, advierte de que la guerra en Irán eleva los riesgos inflacionistas y empeora las perspectivas económicas de la zona euro. Sus nuevas proyecciones incorporan ya el encarecimiento energético y elevan la previsión de inflación para este año hasta el 2,6%, frente al 1,9% estimado hace tres meses. La revisión es más intensa que en Estados Unidos: mientras la Fed prevé un repunte de algo más de tres décimas , Fráncfort anticipa un aumento de siete. En paralelo, el organismo que preside Christine Lagarde rebaja su previsión de crecimiento, que pasa del 1,2% al 0,9%. En conjunto, el BCE dibuja un escenario más exigente para la zona euro, con mayores presiones inflacionistas y un avance del PIB más débil. “Europa tiene más en juego en esta crisis energética, y el BCE lo sabe”, indica Madison Faller, estratega de Inversiones Globales de JP Morgan Private Bank.
Los inversores interpretan estos mensajes como una señal de que los bancos centrales priorizan los riesgos inflacionistas. Felix Feather, economista de Aberdeen Investments, considera probable al menos una subida adicional del BCE antes de final de año. “El ritmo y el momento de estas subidas dependerán de la duración del conflicto en Oriente Medio”, señala.
La reacción del mercado ha sido inmediata. Las rentabilidades de la deuda se aceleran al alza y, en sentido inverso, los precios profundizan las caídas. Aunque el movimiento afecta al conjunto del mercado, el impacto es especialmente acusado en los bonos a corto plazo, los más sensibles a las expectativas de política monetaria. Los rendimientos de los títulos alemanes con vencimiento en 2028 avanzan 15 puntos básicos y rozan el 2,6%, máximos de julio de 2024.
En apenas 24 horas, los operadores han pasado de asignar menos del 30% de probabilidad a una subida de tipos en abril a elevarla por encima del 50%. “Los inversores no deberían establecer comparaciones con 2022. El punto de partida es importante. El contexto macroeconómico es más sólido; la inflación se ha enfriado considerablemente (1,9% a cierre de febrero frente al 5,8% de hace cuatro años) y la política monetaria se ha mantenido firmemente neutral durante meses”, remarca Faller. Por su parte, Peter Goves, responsable de deuda soberana de mercados desarrollados en MFS IM, considera que la volatilidad se mantendrá elevada mientras no se alivien las tensiones geopolíticas.
El movimiento es aún más acusado en Reino Unido. El rendimiento de los bonos a dos años avanza 28 puntos básicos, hasta el 4,4%, después de que los inversores comenzaran a descontar hasta tres subidas este año. “Si los precios de la energía se mantienen en niveles elevados durante un período prolongado, las subidas son altamente probables”, afirma James Smith, analista de ING.
La deuda de EE UU no escapa a los recortes. La rentabilidad del bono a dos años avanza ocho puntos básicos, hasta el 3,8%. Los economistas de Pimco destacan que la cautela que mostraron ayer los miembros de la Fed es un buen reflejo de la incertidumbre y los riesgos para el suministro energético mundial. “Dados los riesgos para ambos lados del doble mandato (inflación y empleo), seguimos esperando que la Fed mantenga los tipos sin cambios durante la mayor parte de 2026, antes de reanudar su ciclo de flexibilización hacia un tipo neutral ligeramente por encima del 3%”, remarcan.
La guerra en Irán y la incertidumbre sobre la duración del conflicto están poniendo a prueba la paciencia de los gestores. En las últimas sesiones, los mercados se han enfrentado a un nivel de volatilidad que, en los últimos doce meses, solo se había visto en los momentos más críticos de la guerra comercial. A diferencia de lo ocurrido en 2025, cuando los inversores se refugiaron en el oro como escudo frente al riesgo, esta vez ni siquiera el metal precioso escapa a las pérdidas.
En su séptima sesión consecutiva a la baja —la peor racha desde octubre de 2023—, el oro retrocede un 4,6%, hasta los 4.577 dólares, mínimos del pasado enero. Desde el inicio del conflicto, el metal se ha dejado más de un 13%, lastrado por el aumento de las presiones inflacionistas y por el auge de las expectativas de tipos más altos.
En una sesión marcada por las ventas generalizadas, el riesgo geopolítico vuelve a imponerse sobre el ciclo económico y obliga a los bancos centrales a operar en un terreno especialmente incierto. La combinación de presiones inflacionistas y un crecimiento más débil deja a la economía europea en una posición vulnerable. El desafío para los inversores será distinguir qué parte de los movimientos de hoy responde a un ajuste puntual por el repunte del riesgo energético y cuál anticipa un deterioro más persistente de las expectativas. La evolución del petróleo y del gas en los próximos días —y la capacidad del BCE para sostener la confianza sin poner en riesgo su credibilidad antiinflacionista— determinarán si esta jornada se recuerda como un episodio más de volatilidad o como el comienzo de un cambio de narrativa en los mercados europeos.
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