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Lagarde está preparada para actuar ante una espiral inflacionista: “Hemos aprendido de 2022”

El escenario más extremo del BCE contempla un alza de precios del 6,3% en el primer trimestre de 2027, con un pico del petróleo en los 145 dólares y del gas en los 106 euros por megavatio

La presidenta del BCE Christine Lagarde en rueda de prensa el 19 de marzo de 2026.Jana Rodenbusch (REUTERS)

La peor pesadilla de un banquero central que se precie de independiente es una escalada sin control de los precios. Es lo que sucedió en la zona euro a partir de 2022, cuando el estallido de la guerra en Ucrania disparó el precio de la energía y aceleró la espiral alcista de precios que ya se había iniciado con el fin de la pandemia. El descorche de la actividad provocó el colapso de las cadenas de suministro, una amenaza que se cierne de nuevo ante la economía global con el bloqueo del estrecho de Ormuz, una arteria marítima que tiene en vilo el consumo de petróleo y de gas en todo el mundo y que está encareciendo de forma alarmante el coste de la energía. El BCE está preparado para afrontar los estragos de una posible crisis energética y asegura haber aprendido de 2022. Entonces, tanto el BCE como la Reserva Federal valoraron el alza de precios como un fenómeno transitorio, un error de cálculo que provocó después un traumático encarecimiento del precio del dinero que casi termina en una recesión.

Christine Lagarde está decidida a no volver a tropezar en la misma piedra que hace cuatro años. Así lo sugirió ayer en la rueda de prensa posterior al Consejo de Gobierno del BCE, que decidió mantener sin cambios los tipos en el 2% a pesar de que el entorno económico ha cambiado de forma radical desde el 28 de febrero, cuando EE UU e Israel lanzaron su ataque sobre Irán. De nuevo, como sucedió con la invasión rusa de Ucrania, el precio del petróleo y del gas se ha disparado y ya ha comenzado a encarecerse el coste de la energía en la zona euro. El barril brent cotiza al filo de los 120 dólares, frente a los 70 de finales de febrero, y el gas natural ha duplicado su precio desde entonces, hasta superar los 60 euros el megavatio hora.

Las comparaciones con el shock energético causado por el inicio de la guerra de Ucrania con el momento actual son inevitables, más aún a la vista de que la guerra en Irán se recrudece sin visos de una pronta solución. El conflicto ha entrado en una nueva fase en la que ya son blanco de los ataques las infraestructuras de gas y petróleo del golfo Pérsico, con lo que incluso en el caso de una rápida reapertura de Ormuz no sería fácil la reanudación del transporte marítimo en la zona. Con las plantas de producción cerradas o dañadas, la vuelta a la normalidad en la producción y exportación puede llevar meses.

“Estamos bien posicionados y bien equipados para hacer frente a la grave crisis que se está desarrollando”, declaró Lagarde este jueves en rueda de prensa. La opción de subir los tipos está ahí y el mercado ya concede un 50% de probabilidades a un alza en la próxima reunión del 30 de abril, cuando antes del 28 de febrero esa probabilidad era nula. Pero sobre todo, la presidenta del BCE quiso dejar claro que no hay similitudes con la situación de 2022, a pesar de que los riesgos inflacionistas son evidentes. “En estos cuatro años, hemos aprendido, hemos mejorado nuestros modelos, hemos cambiado nuestra estrategia y ahora prestamos más atención a los riesgos que rodean las perspectivas”, aseguró Lagarde, en un velado reconocimiento de los errores de cálculo del pasado.

Para empezar, el BCE se ha apresurado a incluir en sus previsiones económicas el impacto del ataque sobre Irán y el alza del petróleo y el gas. Lagarde ha advertido además que los efectos secundarios de ese encarecimiento, como el efecto en las cadenas de suministro o en las expectativas de inflación, ya se aprecia: “Estamos viendo un poco de propagación, algunos efectos indirectos”, indicó. La medida en que los efectos de la crisis energética se propaguen a otros sectores más allá de la energía será clave en las decisiones del BCE, además de la duración y la intensidad de las subidas de precios. La medida en que las empresas suban precios o los trabajadores pacten alzas salariales serán, también, indicadores clave para el banco.

Las previsiones económicas anunciadas este jueves por el BCE incorporan de forma excepcional la información recogida hasta el 11 de marzo, una tarea de la que Lagarde aseguró sentirse “muy orgullosa”. Y en consecuencia, la previsión de inflación para este año ha subido al 2,6%, desde el 1,9% estimado en diciembre para 2026. Los precios inevitablemente van a subir, aunque el punto de partida es mucho más favorable hoy día para la zona euro que en 2022. Según quiso dejar claro Lagarde, con anterioridad al ataque a Irán, la inflación ya estaba en torno al objetivo del BCE —en el 1,9% en febrero en la zona euro—, las expectativas de inflación ya estaban también ancladas entorno al 2% de ese objetivo y los tipos de interés están en el 2%, un nivel considerado como neutral.

En febrero de 2022, la inflación en la zona euro estaba en el 5,8% y ya había dejado obsoleta, incluso con anterioridad al estallido de la guerra en Ucrania, la previsión que había elaborado en diciembre el BCE para el conjunto del año, de un alza de precios en el 3,2%. A principios de aquel mes de febrero, Lagarde reconoció por primera vez que la situación de la inflación había cambiado, renunciando a insistir en que fuera transitoria, pero en la reunión del Consejo de Gobierno de marzo de 2022 el BCE no mostró tener prisa en subir tipos y optó primero por acelerar la reducción de compras netas de deuda. Su previsión entonces era que la inflación ese año subiría el 5,1%, aunque los precios terminaron subiendo a finales de ese año por encima del 10%. En julio de 2022, el BCE elevó por primera vez los tipos en medio punto, al 0,5% y aceleró las alzas al 1,25% en septiembre, al 2% en noviembre y al 2,5% en diciembre.

Lagarde reconoció este jueves que aquel pico de inflación está fresco en la memoria de los consumidores de la zona euro. Y el BCE se ha curado en salud anticipando ya qué puede pasar con los precios en el caso de que la guerra en Irán y el cierre de Ormuz se prolonguen. Su escenario base, por el que ahora prevé una inflación en 2026 del 2,6%, incluye un petróleo en los 90 dólares, un gas en los 50 euros en el segundo trimestre y el posterior descenso en los siguientes trimestres. Pero su escenario más extremo contempla que el crudo alcance un pico de 145 dólares el barril y el gas un máximo de 106 euros el megavatio hora entre abril y junio, con un descenso posterior mucho más lento que deje ambas materias primas bastante por encima de los niveles del escenario base por un tiempo prolongado. En tal caso, la inflación en la zona euro alcanzaría el pico del 6,3% en el primer trimestre de 2027, después de trepar al 5,8% en el cuarto trimestre de este año.

La presidenta del BCE ha querido marcar distancias con la crisis de 2022 pero el mercado ya anticipa subidas de tipos este año. “Aunque Lagarde ha dicho que la situación actual no tiene nada que ver con la del año 2022, porque por entonces la inflación ya estaba excediendo el objetivo del 2%, el consenso estima que el BCE llegará incluso a subir los tipos de interés este año más de dos veces, algo difícil de creer hace apenas tres semanas”, reconoce Miguel Ángel Rico, director de inversiones de Creand Asset Management.

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