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Editorial
Opinión

Claridad, rapidez y seguridad tras el accidente de Adamuz

Conocer las circunstancias del choque ayudará a prevenir nuevas tragedias y contribuirá a mantener el justificado prestigio del tren de alta velocidad

El trágico accidente ferroviario del domingo en Adamuz ha provocado una comprensible conmoción en el país, tanto por la catástrofe humana como por la sensación de fragilidad que puede generar en torno a un medio de transporte considerado, con razón, el más seguro, algo que sigue siendo. Pero, para eliminar cualquier atisbo de desconfianza entre los usuarios, es fundamental que se investiguen de forma exhaustiva y lo más rápida posible las causas del accidente, como así se está produciendo, según las autoridades competentes.

Un tren Iryo de alta velocidad que iba en dirección a Madrid y que había sido revisado el pasado día 15 descarriló a la altura de Adamuz, en un tramo que había sido renovado en mayo y examinado hacía dos meses, y chocó con un Alvia que iba en sentido contrario. Según el ministro de Transportes, Óscar Puente, los expertos quedaron inicialmente muy sorprendidos por el suceso, al que no veían explicación factible. Los investigadores han observado una rotura importante en la vía, pero no está claro que sea causa o consecuencia del incidente. Se analiza asimismo el sexto vagón del Iryo, el primero en salirse del carril.

Es de agradecer que los grandes partidos del país hayan mantenido un tono respetuoso y acorde con la situación, en lugar de enfrascarse en la confrontación política a la que nos tienen demasiado acostumbrados. Es de desear que eso se mantenga una vez que se conozcan las causas del desastre. Del mismo modo, el Estado deberá responder de la forma adecuada a las necesidades de las víctimas y sus familiares, dándoles el apoyo correspondiente.

La relativamente reciente liberalización del transporte por tren de pasajeros, en 2021, para amortizar las infraestructuras y mejorar la oferta para los viajeros, ha dado lugar a un tráfico creciente con precios más asequibles, pero que también origina más exigencia en lo relativo al mantenimiento del material implicado. El aumento de la circulación, por pura estadística, eleva también las probabilidades de accidentes, aunque eso no es óbice, de nuevo, para insistir en que la seguridad y los controles deben ser máximos. Conocer las circunstancias exactas del acontecimiento ayudará a prevenir nuevas tragedias. Y contribuirá a mantener el justificado prestigio alcanzado por el sistema ferroviario español de alta velocidad en sus más de tres décadas de existencia.

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