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A fondo
Opinión

Las organizaciones intergubernamentales son necesarias

Es necesario actualizar las normas que las regulan; la OMC podría incorporar algunas del FMI o el Banco Mundial

La directora general de la OMC, Ngozi Okonjo‑Iweala, en Davos, en enero pasado.Denis Balibouse (REUTERS)

Vivimos en unos tiempos geopolíticos en los que se cuestiona la utilidad de las organizaciones intergubernamentales. Se las considera inútiles y pretéritas. Sin embargo, son necesarias y desempeñan un papel importante en el orden internacional. Lo que es preciso, sin embargo, es actualizar las normas que las regulan. Estados Unidos considera que ya no se ajustan a sus intereses.

Actualmente, el sistema de las Naciones Unidas, compuesto por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), con sus cientos de órganos, y sus 15 organizaciones o agencias especializadas, constituye el principal marco institucional que regula las relaciones de cooperación y el orden internacionales. Parece claro que todo el sistema de las Naciones Unidas requiere una profunda revisión para adecuarlo a la nueva realidad mundial.

El pasado 7 de enero, el presidente de Estados Unidos firmó un decreto para retirar a su país de 66 organizaciones internacionales y de varios tratados internacionales. De ellas, 31 son organizaciones pertenecientes a la familia del sistema de las Naciones Unidas. Destacan las relacionadas con los problemas del desarrollo económico, como: el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Secretaría de la ONU; cuatro de sus cinco comisiones regionales (África, América Latina y el Caribe, Asia y el Pacífico, y Asia Occidental); o la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (CNUCD).

La ONU se constituyó en 1945, siendo una continuidad de la Sociedad de Naciones de 1919. Las principales novedades que introdujo fueron la incorporación de Estados Unidos y su preocupación por los problemas de cooperación económicos internacionales. Si EE UU hubiese sido miembro de la Sociedad de Naciones, se hubiese mantenido su nombre. Lo importante de una organización no es su nombre, sino el objeto de su existencia y las normas que la regulan, que históricamente han sido siempre impuestas por la potencia militar y económica del momento.

Durante la II Guerra Mundial, al debatirse los temas de la cooperación económica internacional de la postguerra, se decidió dividirlos en dos grupos. Para el primero, en el que se incluyeron los monetarios, financieros o comerciales, se decidió crear instituciones multilaterales específicas, en caso de que no existiesen. Para el segundo, los asuntos quedarían dentro del paraguas de la ONU.

El orden económico mundial ha estado evolucionando como consecuencia de los cambios que se han ido produciendo desde la conclusión de la Guerra Fría en 1989. Parece como si el multilateralismo en las relaciones internacionales hubiese desaparecido, cuando lo cierto es que ha surgido un nuevo tipo de multilateralismo, el multilateralismo asimétrico, condicionado sobre todo por la rivalidad entre Estados Unidos y China. Otros actores significativos del escenario internacional, como Rusia o India, no parece que vayan a tener un papel muy relevante en los próximos años, a pesar de ser potencias nucleares.

En el plano económico, el concepto de orden económico internacional (OEI) es un concepto dinámico, reflejo de la realidad internacional de cada momento. Implica la existencia de un conjunto de normas jurídicas que regulan las relaciones económicas internacionales. El OEI de Bretton Woods, establecido por Estados Unidos, se basó en los principios de propiedad privada, libertad de mercado y libertad de comercio. Así como por el multilateralismo en las relaciones económicas internacionales. En julio de 1944, se crearon en Bretton Woods el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF), con el objetivo de regular las relaciones monetarias y financieras internacionales. En las relaciones comerciales, se firmó en noviembre de 1947 el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT), que funcionó como una institución intergubernamental que regulaba el comercio internacional hasta la constitución de la Organización Mundial de Comercio (OMC) en 1995.

La tecnología, la energía y el comercio constituyen los tres vectores del crecimiento económico. El progreso tecnológico, centrado en los avances en la inteligencia artificial (IA), la biotecnología y la computación cuántica, está generando un telón del silicio que está enfrentando a Estados Unidos y China.

La Unión Europea se encuentra en una situación de casi desaparición política del escenario internacional si no reacciona a tiempo. La existencia de grupos de países como Brics+, G7, G20, G77 o los del sur global no implicarán cambios sustantivos en las relaciones entre las dos grandes potencias. Políticamente, todos los países son soberanos e iguales, pero económicamente no, como se ha puesto de manifiesto en los cambios que se están produciendo en el orden mundial.

Ejemplo de la necesidad de introducir cambios en las normas que regulan las relaciones económicas internacionales es la OMC. El multilateralismo comercial está atravesando un periodo de dificultades que tiene como consecuencia el retorno a regulaciones de carácter bilateral, regional o de bloques de países. La paralización de su Órgano de Apelación es el principal problema al que se enfrenta la organización. China, desde su ingreso en 2001, sigue siendo considerado país en desarrollo.

La OMC podría plantearse incorporar alguna de las normas del FMI o del Banco Mundial. O constituir un directorio en el que estuvieran representados los principales países en el comercio internacional, dependiente de una asamblea general que se reuniese anualmente, y en el que las decisiones se tomasen teniendo en cuenta el peso porcentual de cada país en el comercio internacional, con una capacidad de veto, y no en la regla de un país, un voto.

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