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Opinión

Una salida anticipada de Lagarde es clave para una transición suave en el BCE

El espíritu del euro obliga a garantizar que la existencia de la moneda no se vea amenazada

Marine Le Pen, el pasado día 11.CONTACTO vía Europa Press (CONTACTO vía Europa Press)

La dimititis es una epidemia que se está extendiendo rápidamente entre los banqueros centrales europeos. Christine Lagarde, presidenta del BCE, pretende abandonar su cargo antes de que finalice su mandato, según el FT. La noticia llega tras el anuncio del gobernador del Banco de Francia, François Villeroy de Galhau de que él también dimitiría antes de tiempo.

El BCE afirmó el miércoles que Lagarde no había tomado ninguna decisión. Pero, si se confirma su salida anticipada, la principal consecuencia de las dos dimisiones será privar al sucesor de Emmanuel Macron de voz y voto en dos decisiones cruciales. Las elecciones presidenciales en Francia están previstas para abril o mayo de 2027, y ambos banqueros centrales debían completar sus mandatos a finales de ese año. Dado que el favorito para ganar las elecciones es quien se presente por el partido de extrema derecha Reagrupamiento Nacional, ya sea Marine Le Pen o Jordan Bardella, es probable que haya algunas reacciones populistas. Pero un cambio de guardia fluido entre los banqueros centrales contribuirá a tranquilizar a los inversores internacionales sobre la fortaleza de la zona euro y de la propia moneda.

El evidente intento de eludir las decisiones de un futuro presidente puede que no contradiga la letra de los tratados fundacionales del euro –al fin y al cabo, cualquiera tiene derecho a dimitir en cualquier momento–, pero no parece coincidir con su espíritu. Es fácil imaginar un escenario en el que Le Pen lo convierta en un argumento electoral, denunciando la conspiración de la élite para limitar su poder. Pero el espíritu del tratado también obliga a las autoridades a garantizar que el consejo de gobierno del BCE –integrado por 21 gobernadores de bancos centrales nacionales y seis miembros del comité ejecutivo del BCE– pueda funcionar correctamente y que la existencia o la integridad del euro no se vean amenazadas.

Le Pen ya no defiende que Francia abandone la zona euro, como hacía en las elecciones de 2017. Pero los inversores internacionales podrían inquietarse ante la idea de que tuviera que tomar dos decisiones clave en materia de personal tras apenas unas semanas en el cargo. El apoyo al euro está en su máximo en 21 años en la región, con un 83% de la población con una opinión favorable a su moneda. Y la confianza en el BCE, que comenzó a caer en 2011, ha vuelto a su nivel precrisis.

La elección de un presidente de extrema derecha en la segunda economía de Europa probablemente sacudirá los mercados. Y, teniendo en cuenta la peligrosa situación presupuestaria de Francia, la necesidad de contar con banqueros centrales realmente independientes nunca ha sido tan acuciante. La incertidumbre o la división sobre la dirección de la política monetaria empeorarían las cosas. ¿Por qué correr el riesgo?

Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías

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