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Escrito en el agua
Opinión

Lagarde al Elíseo, Draghi a Bruselas y Hernández de Cos a Fráncfort

La Unión precisa líderes convencidos de qué hay que hacer en cada puesto para reactivar económica y políticamente Europa

Momento del traspaso de poderes entre Mario Draghi y Christine Lagarde, en 2020.Pool (Getty Images)

Una pequeña dosis de política ficción para el próximo decenio en Europa. El baile de sillas que abrirá la presidenta del Banco Central Europeo si decide acortar su mandato abre una miríada de posibilidades que involucrará a los líderes políticos de los grandes países de la Unión y a los gestores más reputados de la economía y las finanzas del continente, pero ahora ni siquiera Macron y Merz saben cómo acabará el tsunami. Este humilde escribidor ofrece una simple terna que podría solucionar los problemas que impiden avanzar a Europa en la desatada competencia con Estados Unidos y China por conservar un lugar de privilegio en el mundo: Lagarde al Elíseo, Draghi a Bruselas y Hernández de Cos a Fráncfort.

Ni Christine Lagarde ni su entorno han desmentido con convicción la especie que circula desde la semana pasada de que no agotará su mandato al frente de la autoridad monetaria europea, que vence en noviembre de 2027. Como tampoco nadie ha cuestionado la versión oficiosa de que Emmanuel Macron quiere dejar cerrado con Friedrich Merz el relevo en el BCE antes de abandonar la presidencia de la República Francesa, para evitar que pueda hacerlo Marine Le Pen si fuese su sucesora en el Elíseo. Y ambas cosas, de estar encadenadas, tienen lógica ante la presión de los populismos que cuestionan el proyecto de unión europea, aunque alguna muestra tenemos, Italia sin ir más lejos, de que hasta los populismos se amansan cuando gobiernan.

En todo caso, no es buena idea que sea Marine Le Pen, revisionista integral de la Unión cuando no negacionista, quien decida el futuro de la única institución que ha sido dique indestructible de la zona euro desde el arranque de la moneda única, aunque hay que admitir que solo será presidenta de Francia si los franceses así lo quieren. Y ni Alemania, ni su canciller Merz, desean negociar el reparto de poderes para las instituciones comunitarias, sean financieras o políticas, con líderes con pedigrí antieuropeísta.

Haya partido la idea de París o de Berlín, o sea compartida por los dos polos del eje, lo cierto es que el Banco Central Europeo debe renovar al menos cuatro de los seis puestos del Comité Ejecutivo en los próximos veinte meses, entre ellos la presidenta francesa Christine Lagarde, el vicepresidente español Luis de Guindos y las vocalías del irlandés economista jefe Philip Lane, y de la germana Isabel Schnabel. Todos los cargos deben ser aprobados por el Consejo Europeo en el que participan los jefes de Estado o de Gobierno de todos los países miembros, pero mandan las propuestas pactadas de los dos grandes países, Francia y Alemania, con participaciones secundarias de los de segundo nivel: España, Italia, Holanda, Irlanda, …

Francia perderá ahora (estaba previsto para noviembre de 2027) la presidencia de la autoridad monetaria, puesto que entre Jean Claude Trichet y Christine Lagarde han acaparado el mandato durante la mitad de la vida del euro (la otra mitad la ocuparon primero el holandés Wim Duisenberg y el italiano Mario Draghi). Pero no quiere decir que el reparto tradicional de poder entre París y Berlín vaya a otorgar la cabeza del BCE a Alemania, porque el recelo del resto de Europa hacia el tradicional rigor monetario germano no ha desaparecido.

Fráncfort maneja varios nombres alemanes jaleados desde Berlín, como Joachim Nagel, el ministro de Finanzas Jürgen Kukies, o la propia Isabel Schnabel, pero las más adorables palomas alemanas son percibidas como agresivos halcones en el resto de Europa, sobre todo en los países mediterráneos. En su defecto, gustan de nombres de su esfera de influencia monetaria, como el ex gobernador holandés Klaas Knot. Pero Alemania tiene ahora la presidencia de la Comisión, que, aunque tiene un poder más propositivo que ejecutivo, está en manos de Ursula von der Leyen, y Fráncfort está muy lejos de la capital federal.

Solo una cosa es segura: que nadie se ruborizará porque cada uno de los entrantes elegidos para sustituir a cada uno de los salientes tengan un marcado pasado político, porque el propósito que alumbró la creación del BCE de que sus dirigentes fuesen lo más competentes profesional y técnicamente y se mantuviesen al margen de las corrientes políticas, ha pasado hace muchos años a mejor vida. Los franceses, los alemanes, los italianos y los españoles que han gestionado el núcleo duro de la institución han ocupado previamente cargos de naturaleza política en sus países.

Las instituciones europeas están huérfanas de un renovado y firme impulso político, pero en él están también sus limitaciones por la necesidad de hacer equilibrios en un continente con una polarización política y social desconocida. Y quienes tienen plena conciencia y conocimiento de qué hay que hacer con el proyecto europeo en materia económica para recuperar el protagonismo mundial, para hacer a Europa grande otra vez, son quienes no tienen que atender remilgos políticos. Nadie como Mario Draghi sabe qué hacer en la Unión para ponerla de nuevo en órbita, aunque le lleve una década entera, porque nadie como él ha identificado los déficits y las fórmulas para financiar su corrección. Nadie como Draghi para liderar la Comisión Europea. El puesto no está libre, pero no es imposible, aunque esté en manos de Alemania.

Para suceder a Lagarde en Fráncfort hay muchas opciones, pero pocas que conciten tanto consenso profesional como la de Pablo Hernández de Cos, ex gobernador del Banco de España y ahora director del Banco de Pagos Internacional. Escuchado con atención en el seno del BCE mientras formaba parte del consejo de gobernadores, con visión holística y de futuro de las necesidades financieras y económicas de Europa y de las herramientas a utilizar, y con crédito tanto en París como en Berlín. El único que sería considerado si el Gobierno español tuviese a bien presentarlo como candidato, siempre que la condenada política no se cruce y lo ensucie todo, dado que Hernández de Cos era un uno fijo en las quinielas que se sellaban en 2023 para liderar la política económica de Feijóo si hubiese dispuesto de mayoría para gobernar. Otra cuestión es que Madrid deje pasar la ronda, ¡otra vez la condenada política!, reservándose para cuando Sánchez necesite una salida glamurosa.

¿Y Lagarde? Chirstine Madeleine Odette Lagarde lo ha sido ya todo, salvo presidenta de la República Francesa, y quién mejor para confrontar con Marine Le Pen, que acapara el favor de las encuestas, en unas presidenciales de 2027 en las que los franceses tendrán de nuevo de elegir entre la Francia europeísta y la aislacionista. De hecho, no le vendría nada mal al país la mano práctica de quien siempre sonríe apretando los dientes, y está dispuesta a agitar los privilegios que unos franceses disfrutan y otros financian con extenuante sacrificio.

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