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La NASA desvela los secretos de una nebulosa con forma de cráneo gracias al telescopio James Webb

Es muy curioso ver este fenómeno que permite visualizar el interior de la nebulosa gracias a la tecnología avanzada del telescopio espacial utilizado.

Esta imagen de la Nebulosa de Canarina muestra estrellas como el Sol en formación y ayuda a entender cómo afecta a la formación de planetas la radiación de las estrellas de su entorno.NASA, ESA, CSA, STScI, Megan Reiter (Rice University), with image processing by Joseph DePasquale (STScI), Anton M. Koekemoer (STScI)

La astronomía tiene esa capacidad de dejarnos con la boca abierta, no solo por la magnitud de sus cifras… sino por las formas caprichosas que el azar y la física dibujan. Recientemente, el telescopio espacial NASA James Webb ha capturado una imagen que parece sacada de una película de ciencia ficción. Se trata de la nebulosa PMR 1, un objeto tan fascinante como tétrico que los científicos han apodado acertadamente como la nebulosa del Cráneo Expuesto (Exposed Cranium).

Esta estructura, una fantasmal nube de gas y polvo que envuelve a una estrella en sus últimos estertores, guarda un parecido asombroso con un cerebro humano alojado dentro de una bóveda craneal transparente. Lo que hace que esta imagen sea especialmente impactante es una densa franja oscura que atraviesa el centro de la nebulosa, dividiéndola visualmente en dos hemisferios, casi como si estuviéramos observando una radiografía cósmica de nuestra propia biología.

Una mirada al interior del cráneo espacial

Aunque esta peculiar formación no es un descubrimiento estrictamente nuevo -el ya jubilado telescopio espacial Spitzer de la NASA la detectó hace más de una década-, las imágenes anteriores eran apenas un borrón comparadas con la nitidez que ofrece el Webb. Donde antes veíamos una mancha difusa en el espectro infrarrojo, ahora tenemos un mapa detallado de texturas, capas y procesos dinámicos.

Nebulosa Exposed Cranium vista por la NASA

Para obtener esta visión tan precisa, se han combinado datos de dos de los instrumentos más potentes del James Webb: la cámara de infrarrojo cercano (NIRCam) y el instrumento de infrarrojo medio (MIRI). Esta combinación permite a los astrónomos ver a través del polvo denso y observar cómo la materia es expulsada por la estrella central con una claridad que antes era sencillamente imposible. Gracias a esto, la estructura cerebral no solo es más evidente, sino que revela una complejidad interna que mejora lo que se sabía sobre la evolución de estas nubes estelares.

Capas, chorros y hemisferios

La nebulosa PMR 1 es, en esencia, el testamento de una estrella que se está deshaciendo de sí misma. Los datos recopilados muestran varias etapas críticas en este proceso de desintegración:

  • Capa exterior: compuesta principalmente por hidrógeno, esta zona representa el material que la estrella expulsó en las fases más tempranas de su agonía.
  • Región interna: una zona mucho más intrincada donde se mezclan diversos gases y se aprecian estructuras detalladas que reflejan la actividad más reciente del astro.
  • Surco central: esta es una línea vertical oscura que segmenta la nube en dos. Los científicos creen que esta división podría estar vinculada a un flujo de material o una explosión masiva impulsada por chorros gemelos que salen disparados en direcciones opuestas desde el núcleo.

En las imágenes proporcionadas por el instrumento MIRI, se observa con especial nitidez cómo el gas de la zona interna es empujado hacia el exterior, un indicio claro de que la estrella sigue siendo un motor de actividad violenta a pesar de estar cerca de su final.

Frontal del telescopio Telescopio James Webb

El destino incierto de un sol moribundo

Aunque la imagen es estática, lo que estamos presenciando es un evento extremadamente dinámico. La estrella central está agotando su combustible, un proceso que, aunque en escalas humanas parezca eterno, es un parpadeo en la cronología del universo. Lo que todavía genera dudas a los expertos de la NASA es el destino final de este cuerpo celeste, ya que su masa exacta sigue siendo un misterio.

Si la estrella es lo suficientemente masiva, su vida podría terminar en una explosión de supernova, un evento cataclísmico que sembraría el espacio circundante con elementos pesados. Por el contrario, si su tamaño es similar al de nuestro Sol, continuará perdiendo capas de forma progresiva hasta que solo quede un núcleo denso y pequeño: una enana blanca. Este resto estelar se irá enfriando lentamente a lo largo de eones, quedando como un vestigio silencioso de lo que una vez fue un sol radiante.

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