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Editorial

Competencia más limpia en España

La puesta en marcha en 2007 de la Comisión Nacional de la Competencia (CNC), al integrar los antiguos Servicio de Defensa de la Competencia y Tribunal de Defensa de la Competencia en una única agencia independiente, abrió enormes expectativas para quienes estamos convencidos de que competir en libertad con juego limpio y transparencia es el mejor camino para el desarrollo de las empresas. La misión de preservar, garantizar y promover la existencia de una competencia efectiva en los mercados, así como velar por la aplicación coherente de la legislación relacionada, es a grandes rasgos el saludable objetivo al que se dirige desde entonces la CNC.

Desde ese verano de hace tres años en que se promulgó la Ley de Defensa de la Competencia que establecía el nuevo marco de actuación, modernizaba los métodos y creaba la CNC, los responsables de la Comisión se han aplicado con eficacia, han demostrado una envidiable capacidad de trabajo y han ido prestigiando con altas dosis de independencia una función imprescindible para el buen funcionamiento de la economía. Los poderes de la CNC han permitido al organismo iniciar una activa carrera de inspecciones, no exenta de críticas, que dieron lugar a 60 expedientes el último año, de los que más del 40% se abrieron de oficio. Un total de 38 empresas recibieron la visita de investigadores. De ellas, tres han presentado recursos ante la Audiencia Nacional quejándose de esas inspecciones y de que, en su opinión, los inspectores se excedían en sus funciones, lo que demuestra que la labor de la CNC no es un lecho de rosas.

Pero al despliegue de actividad le faltaba aplicar un mecanismo de contrastado éxito en la UE y EE UU, aunque inédito en España: el programa de clemencia, una de las grandes novedades de la ley. Este poderoso sistema para combatir cárteles, que habilita desde febrero de 2008 una vía de salida a las empresas que denuncien un pacto ilegal en el que participan -y les puede eximir de la totalidad de la multa-, recibió ayer el primer espaldarazo. La CNC ha multado con un total de ocho millones a Sara Lee, Puig y Colgate Palmolive -y sigue la investigación a Colomer- por un cártel para subir precios en el mercado de geles de baño y ducha, iniciado en 2005. Es la primera vez que en España se sanciona a empresas en virtud del programa de clemencia.

Este sistema ha recibido críticas antes de su entrada en vigor. Hay quien duda de sus resultados por una supuesta oposición a la moral española, contraria al componente de delación que incluye. Pues ya tenemos el primero, protagonizado por la alemana Henkel -eximida de la multa- y secundado por Sara Lee -que obtiene una rebaja del 40%-. Y, como resultado, una competencia más limpia en el mercado del gel. El programa de clemencia nunca ha sido criticado por los consumidores y, en una economía tan abierta como la española, sí puede ser eficaz contra los tramposos.

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