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El cambio climático y el aumento de la población ralentizan el acceso universal al agua

Más de 2.000 millones de personas en el mundo no pueden abrir aún el grifo. La calidad del recurso se ha visto mermada por la contaminación y la sobreexplotación. La guerra en Oriente Próximo pone todavía más en riesgo los objetivos la ONU

Una madre india y su hija cruzan las dunas del desierto de Thar, en Rajastán, con unos recipientes de agua en sus cabezas.Hadynyah (Getty Images)

Tictac. Quedan solo cuatro años para 2030, la fecha límite para cumplir los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, y todavía en el mundo hay más de 2.000 millones de personas sin acceso a agua potable ni saneamiento de calidad. Si bien el ODS 6 se mantiene estancado en un color naranja a escala global –que indica un progreso moderado–, los últimos informes publicados que analizan su evolución advierten de que aún quedan importantes desafíos por resolver.

Comportamiento de los indicadores del ODS 6: agua y saneamiento en España Gráfico

En el actual contexto geopolítico, con una guerra en Ucrania y otra en Oriente Próximo, la Organización de Naciones Unidas aprovecha el Día Mundial del Agua, que se celebra mañana, para alertar sobre la desigualdad que genera la carencia de este recurso. Sobre todo en mujeres y niñas, que son las encargadas de recolectar este recurso vital en los países en vías de desarrollo.

“El ritmo de progreso actual es insuficiente para alcanzar las metas sin una aceleración significativa”, advierte Borja Montaño Sanz, profesor titular del Departamento de Análisis Económico Aplicado de la Universidad de Alicante (UA). El experto señala que ha habido ciertos progresos: el porcentaje de población con servicios gestionados de forma segura ha aumentado, así como la financiación internacional y el número de proyectos de cooperación. También se han reducido las prácticas de defecación al aire libre y cada vez más países adoptan marcos de gobernanza alineados con el objetivo.

Sin embargo, todavía falta mucho por hacer. “Debemos seguir mejorando la calidad del agua, disminuyendo la contaminación por nutrientes o pesticidas, mejorar en eficiencia, especialmente en agricultura (70% del consumo), y reducir el estrés hídrico y la presión sobre los ecosistemas acuáticos”, avisa Montaño.

Subida de la temperatura

Para Víctor Ruiz Ezpeleta, profesor de OBS Business School, el principal obstáculo es la brecha en financiación, además de la falta de infraestructuras resilientes. “Se necesita cuadruplicar la inversión global”, considera. A lo anterior se suma el cambio climático y el crecimiento de la población. “El primero ha elevado las sequías, las inundaciones y la variabilidad hidrológica. Y el segundo, al que prestamos menos atención, implica una demanda cada vez más creciente que eleva a su vez la presión sobre los recursos hídricos”, indica Montaño, también investigador del Instituto del Agua y las Ciencias Ambientales de la UA.

En un estudio reciente, la ONU hablaba de que el mundo está en bancarrota hídrica. “Esto significa que las sociedades consumen más agua de la que la naturaleza puede reponer y que se están agotando las reservas estratégicas como acuíferos, glaciares y humedales”, explica. Algunos datos que expone: la pérdida de 410 millones de hectáreas de humedales, la disminución del 70% de los grandes acuíferos, la pérdida de volumen desde los años noventa en más del 50% de los grandes lagos y que la masa glaciar ha descendido más del 30% desde 1970.

Paloma Alcorlo Pagés, profesora titular de Ecología y Limnología del Departamento de Ecología de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), recuerda que el ciclo está completamente alterado. “La situación no es buena porque estamos desbalanceando los flujos del agua por la sobreexplotación, y la devolvemos contaminada”, incide.

Otras tendencias

Parques inundables. En Alicante, País Vasco y en otras ciudades europeas se están impulsando estos proyectos que buscan recuperar zonas inundables ocupadas por carreteras, urbanizaciones o polígonos industriales, a raíz de la directiva de 2007 en esta materia que busca recobrar su funcionamiento, cuenta Paloma Alcorlo Pagés, profesora de Ecología de la UAM. “No solo por ocio, sino para que el río funcione, restaurar la biodiversidad y la fauna cuática”, dice.


Drenajes sostenibles. En vez de colocar un pavimento de hormigón, consiste en utilizar ladrillos sin cementación sobre un lecho de arena que va al adoquín, lo que permite la infiltración del agua cuando se produzcan precipitaciones, explica Alcorlo Pagés. “Minimiza el impacto de las inundaciones y ayuda a recargar los acuíferos”, subraya. Las urbes también están recurriendo a los tanques de tormentas o aliviaderos. “Son unos depósitos subterráneos gigantescos que capturan y almacenan el agua de lluvia, ralentizan su flujo y evita que el sistema se desborde”, detalla. Murcia, Valencia o Madrid cuentan con este tipo de infraestructuras, ilustra.


Ruiz Ezpeleta subraya que este recurso, cada vez más valioso, ya se usa como arma de guerra. “La situación empeorará con el crecimiento demográfico y la crisis climática”, advierte. África, Oriente Próximo, el Mediterráneo y Asia central y meridional son las zonas en peligro de quiebra. Y con la escalada bélica en Irán, se espera un empeoramiento. “El agua es uno de los factores más estratégicos en la actualidad y eso la convierten en un elemento de poder, vulnerabilidad, amenaza y negociación entre Estados”, apostilla Alberto Garrido, catedrático de la Universidad Politécnica de Madrid.

“Deberíamos preguntarnos si estamos gestionando el riesgo o reaccionando cuando ya ha ocurrido. La prevención comienza con cartografía climática, inventario de f enómenos extremos, identificación de puntos críticos y análisis de recurrencia. Sin eso, se basa más en la reacción que en la planificación; hace falta continuidad técnica y estabilidad”, cree Guillem Martín, profesor de Climatología de la Universidad Carlemany.

Europa

En el caso europeo, el panorama es más halagüeño. “La región mantiene un desempeño relativamente sólido. Cuenta con altos niveles de acceso a agua potable segura y a servicios de saneamiento, respaldados por infraestructuras avanzadas y marcos regulatorios consolidados”, apunta Cristina Sánchez, directora ejecutiva de Pacto Mundial ONU España. No obstante, alerta de que persisten retos vinculados a la presión de los recursos, la contaminación y la necesidad de reforzar su gestión sostenible: “Si queremos cumplir la Agenda 2030, debemos acelerar el ritmo de acción y situar el agua en el centro de la agenda empresarial y política”.

Alcorlo lamenta que pese al desarrollo tecnológico en Occidente se produzcan todavía fallos en el acceso. En el barrio de la Cañada Real en Madrid o en Andalucía, en la zona del Bajo Guadalquivir. O la tendencia a privatizar los servicios, que solo “erosiona la gobernanza en la democracia y genera una desigualdad terrorífica”, aduce.

Otros retos críticos en el país son el estrés de este recurso natural y la depuración de aguas residuales, con sanciones de la UE aún pendientes, cita Ruiz Ezpeleta. “Hay una ceguera hídrica: el agua se percibe como un recurso barato e inagotable. Si bien las empresas han empezado a calcular su huella, falta voluntad política para reformas valientes. Se echa en falta una mayor colaboración público-privada y que la sociedad valore el coste real del servicio”, opina.

La profesora de la UAM lamenta la escasa implantación del tratamiento terciario, más costoso, pero que retira pesticidas, medicamentos y otras drogas. “En Madrid solo 30 de las 150 instalaciones cuentan son este sistema”, especifica. La gestión también es muy compleja. “Es como una muñeca rusa. Tenemos muchas Administraciones interconectadas: Europa, los Estados, las autonomías, los municipios. Muchas veces no son las mismas ideas políticamente hablando y hay muchos conflictos”, recapitula Alcorlo.

Proyectos

Aun así, existen algunas iniciativas en marcha para cumplir con los objetivos marcados. Montaño menciona el proyecto de investigación SOS Agua XXI, subvencionado con seis millones de euros por el CDTI y gracias a fondos europeos y el apoyo del Ministerio de Ciencia e Innovación. El objetivo es la investigación en eficiencia hídrica y agricultura de precisión con la participación de empresas y universidades, con un papel destacado de la UA y el Instituto del Agua y las Ciencias Ambientales, cuenta.

Garrido, también director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, relata una medida novedosa que se está implantando en nuevos desarrollos urbanos en Madrid, Cataluña, Comunidad Valenciana y Baleares, y que ya es un estándar en Australia, Japón y Singapur. “El uso del agua de ducha para llenar las cisternas de los inodoros a través de la red secundaria en zonas con estrés hídrico”, puntualiza. Se trata de un segundo circuito de tuberías dentro del mismo edificio, separado de las de agua potable, que transporta las aguas grises tratadas para el riego de jardines, limpieza de zonas comunes o sistemas contra incendios, amplía.

“Si no cambia el modelo de uso, nos enfrentaremos al riesgo de que colapsen acuíferos, aumente la desertificación y crezcan las migraciones y los conflictos”, concluye Montaño.

El reto empresarial: medir la huella hídrica y no solo la de carbono

La gestión sostenible del agua empieza a consolidarse como una prioridad en las estrategias ambientales de las empresas. De hecho, más del 60% de las compañías españolas cuenta con este tipo de políticas y el 99% tiene en marcha mecanismos para reparar los impactos adversos producidos, según el último informe del Pacto Mundial de la ONU España Comunicando el progreso 2025.


Sin embargo, el principal reto es calcular su consumo en los procesos industriales, como ya se hace con las emisiones de dióxido de carbono (CO2) o la demanda de energía. “Si queremos cumplir el ODS 6, el primer gran desafío es medir el agua que utilizamos en el tejido empresarial”, avisa Cristina Sánchez, directora ejecutiva del Pacto Mundial ONU España.


Sánchez aporta algunas cifras. El 64% de las compañías dice conocer su consumo, pero apenas el 20% dispone de datos sobre su extracción, cuando el promedio global se sitúa en el 41%. Una brecha que se explica por la prevalencia de pymes y su menor capacidad para calcular la huella –solo el 12% lo hace–, dice. “La colaboración y el diálogo son claves”, sostiene.


Alberto Garrido, director del Observatorio del Agua de la Fundación Botín, agrega que el 93% de los hoteles ya mide su consumo y el 77% aplica medidas de ahorro, pero solo el 46% cumple sus objetivos de reducción. Además, destaca que empresas como Nestlé, Matarromera, Mahou-San Miguel, Danone y Pascual trabajan en la optimización de procesos de limpieza para recortar el gasto, la captación de agua de lluvia y uso de la regenerada, control de fugas, mantenimiento predictivo y tratamiento avanzado de efluentes para la reutilización interna. En el sector financiero, BBVA redujo un 27% su consumo entre 2019 y 2025 en edificios, oficinas y centros de datos y un 36% la huella por empleado.


Raquel Paiz, socia de Women Action Sustainability (WAS), resalta que se comienza a entender que no solo es un recurso natural, sino estratégico para la actividad empresarial y la de los territorios en los que operan. “Si no se gestiona adecuadamente, puede condicionar procesos productivos, cadenas de suministros o limitar el progreso, la calidad de vida y el desarrollo económico”, arguye.


Paiz observa que la reutilización, la regeneración y la desalación cobran protagonismo, así como la cooperación entre actores mediante plataformas multisectoriales para compartir conocimiento, impulsar soluciones y avanzar de forma coordinada en la gestión, como la alianza StepbyWater. “El debate climático se ha centrado en el CO2 y hablar de calentamiento es también hablar de agua”, mantiene. Los expertos también echan de menos una mayor transparencia y concienciación social. “Solo lograremos las metas si damos un salto en ambición y gestión”, opina Sánchez.

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