El oro pulveriza su récord por encima de los 5.000 dólares la onza y el FMI espera más: “Abróchense los cinturones”
El metal precioso supera esa cota por primera vez en la historia, impulsado por la fiebre de los activos refugio ante las tensiones geopolíticas

“Abróchense los cinturones”. La directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), Kristalina Georgieva, no vislumbra el final del meteórico ascenso del oro en un mundo cada vez más imprevisible. Y los inversores parecen empeñados en darle la razón, doblando su apuesta por los activos seguros. El metal precioso prolonga su febril escalada este lunes y marca máximo histórico: la onza supera la cota simbólica de los 5.000 dólares por primera vez, y ha llegado a rebasar también los 5.100. La plata marca récords en los 109,44 dólares la onza. “Cuando digo que la incertidumbre es la nueva normalidad, el precio del oro lo demuestra con bastante claridad”, indicó la economista búlgara en un acto organizado en Bruselas por el think tank Bruegel, “el oro se conoce desde hace siglos como una reserva de valor en la que se puede confiar”.
El oro, que se anotó un 64% en 2025, su mayor ganancia anual desde 1979, acumula en lo que va de ejercicio una subida cercana al 18%. El precio no encuentra techo impulsado por la demanda de activos refugio como vía de los inversores de protegerse de las sacudidas en los mercados. El nerviosismo se ha agudizado ante tensiones geopolíticas como la intervención de Estados Unidos en Venezuela, las amenazas de Donald Trump sobre Groenlandia y el riesgo de conflicto comercial con la UE o las preocupaciones sobre la independencia de la Reserva Federal (Fed).
Además, las turbulencias financieras en Japón están haciendo recuperar posiciones al yen en detrimento del dólar, ante la especulación de una posible intervención conjunta de las autoridades japonesas y estadounidenses para atajar las caídas recientes, que sería la primera operación coordinada de los dos bancos centrales en 15 años. Una divisa estadounidense más débil hace que el oro, cotizado en dólares, sea más asequible para quienes poseen otras divisas.
“La debilidad del dólar, los bajos tipos de interés reales y la persistente incertidumbre política han reforzado el interés de los inversores por los activos tangibles. La fortaleza de la plata refleja tanto los flujos resilientes hacia activos refugio como la sólida demanda industrial, lo que ha empujado la relación entre el oro y la plata a poco más de 50 veces, el nivel más bajo desde 2011″, señala unta ING, que apunta al menor tamaño del mercado de la plata y su utilidad industrial como explicación de las subidas más rápidas. “Aunque las condiciones del mercado siguen siendo volátiles, el contexto general es favorable. Las tensiones geopolíticas, las compras de los bancos centrales y los déficits estructurales de suministro dejan a ambos metales en una buena posición”, remata la entidad.
Otro de los focos de nerviosismo está en las injerencias de Trump sobre la política monetaria de EE UU y las presiones sobre el presidente de la Fed, Jerome Powell, para que baje los tipos de interés, lo que ha derivado en un enfrentamiento explícito entre ambos. En los próximos días se podría hacer público el nombre del sucesor de Powell y, entre las quinielas, Rick Rieder, jefe de inversión de renta fija global de BlackRock, mayores posibilidades de quedarse con el puesto. La elección de un responsable del banco central más moderado —que acelere los recortes de tipos como quiere Trump— aumentaría las probabilidades de bajadas más agresivas este año, lo que favorece al metal amarillo. Esta semana, el Comité del Mercado Abierto de la Fed debatirá sobre las tasas, pero no se esperan cambios tras haber ejecutado un recorte de 25 puntos básicos en diciembre.
En un contexto de ruido geopolítico y comercial, los analistas prevén que el precio del oro siga subiendo, de camino hacia los 6.000 dólares por onza, ante la sólida demanda de los bancos centrales y del sector minorista. Los expertos de Goldman Sachs calculan que podría alcanzar los 5.400 dólares por onza a cierre de año. Desde L’Union Bancaire Privée (UBP) prevén que “el oro debería disfrutar de otro año fuerte, reflejando la continua demanda de los bancos centrales y de las inversiones minoristas, con un precio objetivo para fin de año de 5.200 dólares por onza”.
El último catalizador para el metal precioso es “la crisis de confianza en la administración estadounidense y los activos estadounidenses, desencadenada por las decisiones erráticas de la administración Trump”, afirma a Reuters Kyle Rodda, analista senior de mercado de Capital.com. El presidente “ha provocado una ruptura permanente en la forma de hacer las cosas, por lo que ahora los inversores están recurriendo al oro como única alternativa”, añade Rodda. Desde el regreso de Trump a la Casa Blanca el oro acumula una escalada del 90%. Una situación que, según Steve Miller, asesor de estrategia de inversión de la gestora australiana GSFM, no se ha producido en décadas: “La segunda crisis del petróleo y el susto inflacionario de finales de los años 70 y principios de los 80 serían la última vez que recuerdo que el oro hizo esto”.
Otro pilar del repunte del oro ha sido el aumento de la deuda pública en las economías avanzadas en los últimos años. Algunos inversores a largo plazo consideran que la inflación se convertirá en la vía de los Estados para pagar la deuda, ante el aumento de las emisiones, y por ello han acumulado oro como forma de preservar su poder adquisitivo. “En los últimos tres años, los inversores se han preocupado mucho más por la trayectoria de la deuda a largo plazo”, señala a Bloomberg John Reade, estratega jefe del Consejo Mundial del Oro, organización empresarial con sede en Londres.