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Empresas de defensa para un mundo en caos: entre el impulso al negocio y el desafío de producir mucho más

La reacción en Bolsa del sector armamentístico queda lejos del repunte inicial ante la guerra en Ucrania. El rally acumulado y las presiones de Trump, contrario a que paguen dividendos, complica su avance en Bolsa

El presidente estadounidense, Donald Trump, aterriza en la Casa Blanca el 9 de marzo de 2026.ZUMA vía Europa Press (ZUMA vía Europa Press)

La guerra en Irán entra ya en su segunda semana y el desgaste del arsenal comienza a ser imposible de ocultar, tras el uso extensivo de misiles de largo alcance por parte de Estados Unidos y el progresivo deterioro de los sistemas de defensa antiaérea de los aliados en la región, sometidos a intensos bombardeos iraníes. Si en los primeros días del conflicto el presidente estadounidense, Donald Trump, llegó a afirmar en su red social, Truth Social, que EE UU podía “luchar guerras eternamente”, la semana pasada rebajaba el tono en la misma plataforma: “Disponemos de un suministro prácticamente ilimitado de munición de grado medio y medio‑alto… En cualquier caso, hemos incrementado también los pedidos en esos niveles”.

El mensaje lo publicó pocas horas después de reunirse en la Casa Blanca, el pasado día 6 de marzo, con los representantes de las principales empresas estadounidenses de defensa —Lockheed Martin, RTX, Northrop y Boeing, entre otras—, además de la británica BAE Systems, otro importante contratista, que también estuvo presente. Afirma que esas compañías se han comprometido a cuadruplicar la producción de armamento de “clase exquisita”, en referencia a los misiles guiados que han sido clave para atacar desde lejos a los objetivos en Irán.

Trump llevaba meses quejándose de la baja productividad de la industria de defensa estadounidense bajo amenazas de retirar los contratos multimillonarios que sostienen el sector (sus principales ingresos provienen de los presupuestos nacionales, entre los que destaca con creces el estadounidense). “El equipamiento militar no se está fabricando lo suficientemente rápido”, señaló en mayúsculas Trump el pasado enero en un extenso mensaje de 322 palabras publicado en Truth Social. Para hacerse una idea, este texto que está leyendo no llega ni a las 300.

Los primeros seis días de guerra en Irán han costado a EE UU 11.300 millones de dólares, según datos del Pentágono. El presidente estadounidense es un claro activo para la industria armamentística en Bolsa, con su determinación a eelvar los presupuestos militares no solo de EE UU, sino también de los socios europeos de la alianza atlántica (OTAN) a base de presión. Y sobre todo con su disposición a lanzarse a intervenciones militares en el exterior. El año empezó con el rápido ataque a Venezuela y la detención de Nicolás Maduro y ha seguido con el estallido de la guerra en Irán.

El belicismo de Trump ha impulsado con fuerza los valores de defensa: en los últimos 12 meses, las cotizadas del sector en EE UU se han revalorizado en Bolsa un 50%. En Europa, donde las valoraciones son más exigentes tras el repunte iniciado en 2022 por el rearme europeo ante la invasión rusa de Ucrania, el avance acumulado en los últimos 12 meses ha sido del 30%.

Sin embargo, las exigencias de Trump por una mayor productividad casi intervencionista, con constantes amenazas de rupturas de contratos ya firmados, están entorpeciendo el avance bursátil del sector. Desde el anuncio de la promesa de cuadruplicar la producción, no confirmada por ninguna de las empresas implicadas, las compañías contratistas de EE UU se han frenado en Bolsa y han encadenado una semana en rojo, justo lo contrario de la bonanza vivida la semana previa con el inicio de la guerra.

Northrop, que subió un 4% en la primera semana, ha caído más de un 1% en la segunda. Lockheed Martin fue de acumular ganancias del 2% a ceder un 2%. RTX y Boeing siguieron una trayectoria similar. Del otro lado del Atlántico, BAE Systems se ha mantenido positivo en la segunda semana de conflicto con 4%.

“Reponer y ampliar las reservas agotadas de munición, tanto de Estados Unidos como de sus aliados, es una de las principales prioridades del Departamento de Defensa. Esto ha dado lugar a recientes acuerdos marco con contratistas, incluidos Lockheed y Raytheon [RTX], para aumentar la capacidad. Sin embargo, esta expansión llevará tiempo y, dependiendo de su duración, es probable que este conflicto aumente la urgencia”, ya advertían los analistas de JP Morgan en un informe en los primeros días del conflicto.

Lo ejemplifica como nadie el objeto del mayor programa armamentístico del mundo, los cazas F-35 que vende Lockheed Martin al Pentágono. Las entregas de esos cazas clave en la ofensiva contra Irán llevan más de una década de retrasos por problemas en la cadena de suministro. Según adelantó Bloomberg, el Pentágono necesitará 12.000 millones de dólares adicionales hasta 2031 para mejorar la disponibilidad de esos cazas frente a la demanda impulsada por la guerra.

Los conflictos bélicos son una evidente oportunidad de negocio para las empresas armamentísticas; la tensión geopolítica apunta a ser una constante que exigirá más gasto en defensa de forma estructural en los próximos años. Pero aumentar la producción, con el consiguiente incremento de las inversiones necesarias para ello, implica más costes, una de las palabras que más inquieta a los inversores (quizá solo por detrás de incertidumbre). Para materializar sus exigencias, Trump ha ampliado en 113.300 millones de dólares el presupuesto del Pentágono para 2026, un 10% más, gracias a su reforma tributaria del año pasado. La cifra puede parecer elevada, pero las empresas necesitan un plan de pedidos a largo plazo para poder estructurar su producción, lo que demanda años. Ahora, con la crisis en Irán, Trump propone otros 50.000 millones de dólares de gasto militar, redirigidos desde otras partidas del presupuesto.

La industria de la defensa afronta la exigencia de la inmediatez en los pedidos que reclaman los gobiernos, sus principales clientes, y las limitaciones de capacidad para afrontarlos, aunque sea en el largo plazo. La falta de tamaño de las compañías es además un reto añadido, en especial en la industria armamentística europea. Ese reto se ha notado también en España: el impulso hacia el 2% del PIB en defensa, inicialmente previsto hasta 2030, tuvo que acelerarse en apenas un año. Un informe de EY de hace un par de semanas señalaba que “lo relevante, más allá de las cifras anunciadas, es garantizar unos crecimientos progresivos, asumibles y sostenidos” ante “la preocupación de muchas empresas por absorber de forma eficiente el aumento acelerado” de la demanda.

De cualquier manera, algunos analistas mantienen el optimismo con la capacidad de la industria de la defensa de superar los retos de la productividad. “Si persiste la urgencia por aumentar la producción de misiles, también podríamos ver que los recientes acuerdos marco se concreten con unas condiciones económicas mejores de lo inicialmente previsto”, señalan desde Citi en un informe de los últimos días.

La oportunidad para Europa

Pese a las exigencias que impone el belicismo de Trump al sector, los analistas no dudan de la oportunidad que presenta el sector de defensa, no solo de forma puntual sino con una perspectiva de largo plazo. Según recoge el consenso de Bloomberg, el 80% recomienda invertir en la defensa estadounidense y el 70% también en la europea, que incluso se presenta como una alternativa más segura a largo plazo.

“Estos nuevos catalizadores [las políticas de Trump] inclinan aún más la balanza a favor de los contratistas europeos. Estos se benefician de narrativas más claras en torno a la remuneración del capital, de vientos de cola presupuestarios procedentes de múltiples frentes y de una creciente prima sobre la autonomía estratégica europea ante un paraguas de seguridad estadounidense cada vez más volátil políticamente”, afirman los analistas de la gestora británica Wisdomtree en una tribuna publicada a finales de febrero.

Un ejemplo del riesgo en la defensa estadounidense es la orden ejecutiva firmada por Trump a principios de enero con sanciones —entre ellas, la terminación de contratos o la prohibición de futuras licitaciones— a los contratistas que hayan realizado pagos de dividendos o recompras de acciones y “que incumplen sus contratos, no invierten capital propio en la capacidad de producción necesaria, no dan prioridad suficiente a los contratos del Gobierno de Estados Unidos o cuya velocidad de producción es insuficiente”.

“Es la política del palo y la zanahoria”, describía Kristine Liwag, analista de Morgan Stanley, en una nota difundida entonces. Estimaba que “un límite a la remuneración del capital supondría un impacto negativo adicional, aunque de magnitud manejable”, si el Congreso aprueba a finales de este año el nuevo aumento del presupuesto de Defensa solicitado por Trump para 2027, que asciende a cerca del 50%, hasta los 1,5 billones de dólares.

Desde la invasión de Irán, las apuestas más consistentes en el sector europeo de la defensa han sido las cotizadas con grandes contratos con EE UU, como la italiana Leonardo y la británica BAE Systems, que avanzan un 12% y un 9%, respectivamente. En cambio, el gigante alemán Rheinmetall cae más de un 3% en las últimas dos semanas, lastrada por unas previsiones de ventas para 2026 por debajo de lo que esperaba el mercado.

Leonardo y Bae Systems se benefician a la vez de sus contratos multimillonarios ligados al expansivo presupuesto del Departamento de Defensa de EE UU y del mercado europeo, el que más crece en el mundo: las importaciones de armas en Europa se han triplicado desde la invasión rusa de Ucrania respecto a los cuatro años anteriores, según datos recién publicados por el Stockholm International Peace Research Institute.

“BAE Systems está bien situada para aprovechar la demanda a ambos lados del Atlántico... Las ventas podrían crecer a un ritmo alto de un solo dígito a lo largo de la década, impulsadas por la mayor demanda de vehículos de combate, aviones de combate, soluciones de guerra electrónica, cargas útiles de sensores espaciales y submarinos”, señalan los estrategas del servicio de Inteligencia de Bloomberg. Si en tiempos de incertidumbre un inversor debe diversificar su cartera, una empresa cotizada debe diversificar sus mercados.

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