¿Por qué el oro sufre por la guerra? Las tres semanas en las que el refugio perdió su brillo
El metal amarillo cae un 13% desde el inicio de las hostilidades, lastrado por las ventas de los grandes inversores para contener sus pérdidas en Bolsa, la apreciación del dólar y el mayor atractivo de la deuda estadounidense


El oro siempre ha ido por delante del petróleo. Durante la mayor parte de la historia de la civilización, el metal amarillo ha ostentado la máxima distinción de valor al servir como moneda corriente, gracias a su durabilidad y escasez, un atractivo incluso en tiempos de incertidumbre. El combustible, en cambio, solo empezó a ganar protagonismo a mediados del siglo XIX, cuando en Estados Unidos pasaron a extraerlo en grandes cantidades y utilizarlo como fuente de energía. No es casual que entonces se le empezara a llamar oro negro. Sin embargo, todo ha cambiado en tan solo tres semanas de guerra en Irán, y esa expresión centenaria nunca había tenido menos sentido.
Desde que la Guardia Revolucionaria iraní respondió a los ataques de Estados Unidos e Israel con el cierre del estrecho de Ormuz —esa lengua de agua entre la península arábiga e Irán por donde pasa un quinto del petróleo y gas consumidos en el mundo—, el precio del crudo se ha disparado un 50%. Mientras tanto, el oro no ha actuado como refugio, justo lo contrario. Ha caído un 13%, hasta por debajo de los 4.600 dólares la onza.
“El oro ha estado bajo presión desde que comenzó la guerra en Irán, porque los inversores han recurrido a este activo refugio para conseguir liquidez en medio de un fuerte desplome de las Bolsas globales, impidiendo que el metal se beneficie del resto de la agitación geopolítica”, explica Lawson Winder, analista de Bank of America, en un comentario esta semana.
A esta reacción se le pone cara en los fondos cotizados (ETF) respaldados por oro físico, muy populares en los últimos tres años y protagonistas de la gran racha alcista del oro, cuyo precio prácticamente se triplicó en este período, hasta marcar máximos en octubre pasado, por encima de los 5.400 dólares. Los ETF de oro permiten invertir en el metal sin necesidad de comprar lingotes, y la subida vertical del oro había atraído a muchos inversores de corto plazo. Este dinero de perfil especulativo ha salido del mercado ante las primeras señales de riesgo, un fenómeno inesperado para un activo considerado seguro.
Con las Bolsas en retroceso —los índices de Estados Unidos y Europa han perdido alrededor de un 5% en las dos primeras semanas de la guerra— muchos inversores han empezado a retirar dinero de estos ETF para cubrir sus pérdidas. Para atender esas salidas, los fondos se han visto obligados a vender parte de sus reservas y así han arrastrado el valor del metal.
Desde el inicio del conflicto en Irán, los ETF de oro han vendido algo más de 1.000 millones de onzas, aproximadamente un 1,5% de todas sus tenencias del metal, según datos de Bloomberg, algo no visto desde noviembre pasado, cuando las Bolsas cayeron con fuerza por la desconfianza con la rentabilidad de la industria de la inteligencia artificial. “El oro se ha vuelto más volátil, pero esto es natural después de una fuerte revalorización”, adelantaba Ignacio Cantos-Figuerola, director de inversiones del banco privado Atl Capital, a CincoDías en los primeros días de la guerra.
Guilhem Savry, responsable de Análisis Estratégico de Edmond de Rothschild, va en la misma línea en un informe esta semana: “La volatilidad probablemente seguirá alta a corto plazo debido a las incertidumbres geopolíticas. Sin embargo, seguimos siendo optimistas con respecto a la renta variable y el oro, como creemos que los fundamentales micro y macro siguen siendo sólidos”.
La expectativa del mercado es que, una vez cerradas las posiciones más especulativas, el oro vuelva poco a poco a recuperar su papel tradicional como activo refugio, con movimientos menos bruscos y una evolución más estable en los próximos años. De hecho, en tres semanas de guerra, las previsiones sobre el metal se han vuelto más optimistas. Justo antes del conflicto, el consenso de analistas recopilado por Bloomberg anticipaba una revalorización de algo menos del 4,5% a lo largo de 2026; ahora esa previsión supera el 5,5%.
“El oro actúa más como cobertura frente al impacto económico más amplio de los conflictos que frente a las amenazas directas propias de una guerra”, afirman los analistas de la banca privada de UBS. “El oro protege principalmente frente a riesgos monetarios como la devaluación de las divisas, el aumento de los déficits y las desaceleraciones económicas, que pueden derivarse de conflictos geopolíticos”, precisan. Por ello, recomiendan asignar al metal un nivel medio de un solo dígito dentro de la cartera.
El oro a la sombra del dólar
El futuro del metal amarillo lo marcará la divisa que hace medio siglo le arrebató su papel central en la política monetaria internacional y ahora también le roba el rol de activo refugio: el dólar. “[La moneda estadounidense] ha sido el refugio definitivo durante este conflicto. Eso es perjudicial para el oro”, afirmó esta semana Daniel Ghali, estratega de materias primas en Toronto Dominion Bank, en declaraciones a Bloomberg.
El dólar se ha fortalecido un 2% con respecto al promedio de las divisas mundiales (según recoge el índice DXY), en parte porque el comercio mundial del petróleo se paga en dólares y también porque EE UU es uno de los más grandes exportadores de crudo.
A todo ello se suma el hecho de que el billete verde venía de un año a la baja. Se desplomó un 10% en los últimos 12 meses debido a la guerra arancelaria y las amenazas de interferencia de Donald Trump sobre la Reserva Federal, incluida una investigación criminal contra el gobernador del banco, Jerome Powell, uno de los críticos más firmes del presidente y cuyo mandato termina en mayo.
Pese a la presión de Trump para recortar los tipos y abaratar el crédito, la Fed los mantuvo intactos en su última reunión, el miércoles pasado, en una señal positiva para la fortaleza del dólar. La tesis, como prevé el mercado, es de que la subida del precio del petróleo y del gas amenace con impulsar la inflación.
“La Reserva Federal advierte explícitamente de que existe un alto grado de incertidumbre... Todo esto deja cierto margen para que los mercados sigan especulando sobre la respuesta de política monetaria en función de la evolución geopolítica y del precio del petróleo. Pero, por ahora, eso no parece importar para el dólar más que el propio precio del petróleo y los vaivenes más amplios del sentimiento de riesgo en esta fase”, estiman los estrategas de ING en un informe publicado justo después de la decisión del banco.
Si la inflación sube lo suficiente como para obligar a la Reserva Federal a aumentar los tipos de interés, el oro también se verá perjudicado por la competencia con los bonos estadounidenses, cuya rentabilidad ya ha subido 36 puntos básicos, hasta el 4,3%, con la expectativa por nuevas alzas. Con tipos más altos, la deuda estadounidense ofrece mayores rendimientos y se vuelve más atractiva como activo refugio, ya que el mercado confía en la capacidad del Gobierno de EE UU para pagar sus obligaciones.
“El aumento de los rendimientos de los bonos estadounidenses no ayuda a los metales, especialmente porque su anterior subida se apoyaba claramente en la narrativa de la operación de depreciación del dólar”, estima Carsten Menke, analista de Julius Baer, en una nota esta semana.
Ningún metal reluce como el oro
La gente no pierde la fe en tiempos confusos; más bien la desplaza hacia cualquier cosa, según decía G. K. Chesterton, filósofo inglés de principios del siglo XX. Esta reflexión, pese a su tono filosófico, se refleja también en un ámbito tan concreto como la inversión en metales.
Al calor de la racha del oro, muchos inversores han volcado su interés en otros metales preciosos, especialmente la plata, una alternativa no solo mucho más arriesgada, sino también vulnerable, como ha evidenciado la guerra en Irán. El metal blanco, que había duplicado su valor en los últimos 12 meses, se ha desplomado un 20% en las tres semanas de conflicto.
Más de la mitad de la oferta mundial de plata se destina a la industria, como para la producción de paneles solares y baterías de coches eléctricos, donde destaca por su elevada conductividad eléctrica. Esto reduce el volumen realmente disponible para negociación en el mercado y, por tanto, aumenta su volatilidad. Además, carece de la demanda estructural de los bancos centrales, que actúa como ancla de precios del oro.
“El oro suele desempeñar el papel de ancla defensiva, mientras que la plata encaja mejor como un activo táctico para amplificar los movimientos del mercado. No cumplen la misma función dentro de una cartera”, señalan desde la asociación del sector del oro World Gold Council en un comentario. “La plata suele moverse unas cuatro veces más que el oro”, añade Giulio Buoncore, director de la oficina en España de la firma de inversión en metales Degussa.
Los analistas no se muestran tan optimistas respecto al futuro de la plata. El consenso recopilado por Bloomberg apunta a una caída del 7% a lo largo de 2026. En un mundo marcado por lo imprevisto, lo que menos desea un inversor es sumar una incertidumbre adicional.