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Cómo se blindan los inversores profesionales ante la guerra: disparan el peso del efectivo en sus carteras

El porcentaje de liquidez entre los gestores de fondos sube al 4,3%, el aumento más pronunciado desde la pandemia, según la encuesta de Bank of America. Fuerte deterioro de las expectativa económicas

Gestor de la Bolsa de Nueva York.Spencer Platt (Getty Images)

La guerra en Oriente Próximo ha supuesto un golpe de realidad para los mercados. Los inversores, que habían logrado navegar entre las dudas sobre la inteligencia artificial y el avance de las medidas proteccionistas en Estados Unidos, se enfrentan ahora a un escenario inesperado con el repunte de los precios energéticos. La subida del petróleo, el gas y otras materias primas abre la puerta a la inflación y al deterioro de las perspectivas de crecimiento. La falta de visibilidad sobre la duración del conflicto añade incertidumbre y obliga a replantear estrategias a los gestores de fondos profesionales, que han optado por atrincherarse.

La encuesta de gestores de Bank of America correspondiente a marzo —realizada entre los días 6 y 12, en pleno repunte de la tensión en el mercado energético— muestra un giro claro en el sentimiento inversor. A medida que se han intensificado las ventas de bonos y acciones, los gestores han aumentado sus posiciones en liquidez. El nivel de efectivo en cartera (dinero que no está invertido) pasa del 3,4% registrado el mes anterior al 4,3% actual, el mayor aumento en seis años, coincidiendo con el estallido de la pandemia y la paralización de la economía mundial.

El aumento de la liquidez contrasta con la reducción de la exposición a renta variable. El indicador que combina niveles de efectivo, asignación a Bolsa y expectativas de crecimiento global cae de 8,2 a 5,6 puntos, su nivel más bajo en seis meses. Pese al descenso, se mantiene aún lejos de los niveles extremos registrados tras el anuncio de nuevos aranceles por parte de EE UU (1,8 puntos). La guerra en Oriente Próximo y las dudas sobre el crédito privado han puesto freno a la euforia que había dominado los mercados en los últimos meses.

Las expectativas económicas también se han deteriorado de forma abrupta. El optimismo da paso ahora a las previsiones de estanflación, es decir, bajo crecimiento y precios al alza. Solo un 7% neto (la diferencia en puntos entre optimistas y pesimistas) prevé una mejora de la actividad a nivel mundial, desde el 39% anterior. En Europa, el ajuste es aún mayor: la proporción que espera una aceleración cae del 74% al 29%, mientras que un 54% anticipa un estancamiento.

Este cambio reduce, pero no acaba por completo con la confianza en el buen hacer de la renta variable europea. El 36% neto aún confía en que las Bolsas se recuperen y vuelvan a la senda de las ganancias. Por sectores, los gestores adoptan un perfil más defensivo y escogen a los materiales básicos y el sector sanitario como sus opciones preferidas en el Viejo Continente. Respecto a la banca, el motor de las Bolsas europeas en los últimos años, el 43% de los gestores lo sigue viendo atractivo, frente al 56% previo.

La guerra en Irán ha obligado a revisar previsiones macroeconómicas de gestores e instituciones internacionales. Aunque el escenario es más incierto, la probabilidad de una recesión global sigue siendo baja. Solo un 5% anticipa un aterrizaje forzoso (desaceleración económica abrupta y severa).

En cambio, las expectativas de inflación repuntan de forma notable. Un 45% neto prevé un IPC más alto en los próximos 12 meses, frente al 9% de febrero. La inflación y la inestabilidad geopolítica se sitúan ya como los principales riesgos para los mercados, desplazando a la preocupación por una posible burbuja en la inteligencia artificial. A esto se suman las dudas sobre el crédito privado. El 63% considera que este nicho de mercado es la fuente más probable de un evento crediticio sistémico.

El encarecimiento energético y la incertidumbre macro han rebajado también las expectativas de recortes de tipos. En un momento en el que los mercados reducen las probabilidades de rebajas en Estados Unidos y contemplan incluso ajustes al alza en Europa, solo un 17% neto de los gestores anticipa tasas más bajas, el nivel más reducido desde febrero de 2023.

En un escenario marcado por la presión energética, el deterioro del crecimiento y la persistencia de la inflación, los gestores se mantienen a la defensiva y priorizan la liquidez a la espera de mayor claridad. La evolución del conflicto y la respuesta de los bancos centrales definirán en las próximas semanas si este giro es solo un ajuste temporal o el inicio de un cambio más profundo en el ciclo de mercado.

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