El eurobono, una medida de “compra Europa” financiera más necesaria que nunca
Adoptar el euro como referencia global no solo fortalecerá la autonomía del continente, sino que también reducirá los costos de financiamiento para empresas y gobiernos


El Banco Central Europeo nunca ha ocultado su preferencia por que el euro se convierta en la moneda de referencia europea dentro del sistema financiero internacional, un rol para el cual una divisa sólida es un instrumento indispensable, aunque no suficiente. Una moneda sin vínculo a un activo líquido y de bajo riesgo siempre será deficitaria. Los eurobonos han sido durante décadas un tabú en la Unión Europea, pero el continente ahora se encuentra en una situación radicalmente distinta a la de las últimas décadas.
La evolución del discurso del BCE refleja una situación radicalmente distinta. Europa ya no puede apoyarse en el paraguas estadounidense para su defensa, ni tampoco en el sistema financiero centrado en el dólar. En un mundo fragmentado, las finanzas —igual que el comercio, como ya hemos observado— pueden convertirse en un instrumento de presión.
Si los eurobonos no existen es debido al rechazo, principalmente alemán, a la mutualización de riesgos, más vinculado a asuntos de política interna que a cuestiones financieras puras; el mismo BCE ha precisado en su propuesta que esta deuda europea debe mantener los incentivos para una política fiscal responsable. Algo que, de todos modos, ya han considerado todas las propuestas serias sobre el tema.
Ahora bien, si se busca un eurobono activo, esto implica también un aumento en el volumen de emisiones, es decir, más deuda compartida. Las razones para desearlo son contundentes: ofrecer a los inversores internacionales, en un momento de búsqueda de diversificación de riesgos, una alternativa al binomio dólar y bono del Tesoro estadounidense a 10 años. Una versión financiera del buy Europe para la que existe una demanda evidente. Más allá de las declaraciones de los gestores de carteras institucionales, es el fortalecimiento del euro frente al dólar lo que demuestra que hay interés por una moneda de reserva que no esté sujeta a las fluctuaciones del humor de Donald Trump.
Convertir al euro en referencia mundial no solo fortalecerá la autonomía del continente, sino que también reducirá los costes de financiación para empresas y gobiernos, y otorgará a la eurozona una capa adicional de protección ante el probable escenario de turbulencias financieras. Tampoco escasean los destinos para canalizar las masivas emisiones de estos eurobonos. La defensa, la industria, el clima, las infraestructuras y la tecnología requieren inversiones sustanciales, cuyo costo financiero (y probablemente político) disminuirá si se coordinan de manera conjunta. Si el eurobono siempre tuvo una justificación, hoy se convierte en una necesidad estratégica.