Tarifas aéreas, calidad del servicio y búsqueda de consensos
Parece necesaria la búsqueda de mayores acuerdos en la conectividad aérea


Nuevo asalto en la eterna disputa que escenifican de forma recurrente el gestor de los aeropuertos españoles, Aena, y las compañías aéreas, con la low cost Ryanair como punta de lanza de las críticas. A debate, una vez más, las tasas que abonan las aerolíneas por usar las instalaciones de los aeródromos españoles, un coste que termina pagando el usuario. Aena hacía público esta semana su plan para el quinquenio regulado 2027-2031, con una subida tarifaria anual del 3,8%. Las firmas afectadas, agrupadas en la patronal ALA, reclaman una bajada anual del 4,9%, en función de sus estimaciones de tráfico, costes de capital, operativos e inversiones. El choque de posturas, difícilmente conciliables, se produce apenas meses después de que Ryanair recortara tres millones de asientos en aeropuertos como Valladolid, Jerez, Zaragoza, Vigo o Vitoria, entre peticiones de mayores incentivos.
Más allá de que el tono y las formas que utiliza la aerolínea con base en Dublín –con descalificaciones incluidas a miembros del Gobierno– sea inasumible, conviene aterrizar el problema e ir a los datos. La senda tarifaria que plantea Aena marca un ingreso máximo anual por pasajero que parte de los 10,92 euros de 2027 hasta los 12,69 de 2031. Actualmente, ese parámetro se sitúa en 10,52 euros. No parecen, a priori, incrementos suficientes como para disuadir al viajero de sus planes de vuelo. Además, se trata de guarismos que sitúan el régimen de tarifas español en un entorno muy competitivo dentro del marco comunitario. Ámsterdam-Schiphol, por ejemplo, decidió en junio pasado subir sus tarifas un 37% en tres años con el objetivo de mejorar sus infraestructuras. Los principales aeródromos alemanes de Fráncfort y Múnich cobran 10 euros más por pasajero que Barajas y El Prat, a pesar de que soportan menos tráfico. Y suma y sigue.
A partir de aquí, y asumiendo que el cálculo para la fijación de tarifas corresponde a Aena y la de transportes e infraestructuras al Gobierno, parece necesaria la búsqueda de mayores consensos en la conectividad aérea, uno de los pilares en el engranaje de un sector clave. En el frontispicio de toda decisión, equilibrar el mantenimiento de la calidad del servicio, que no puede quedar comprometida por subidas de costes que no se compensen vía tarifas, y el interés del viajero. Si el billete se va de presupuesto, ni aerolínea ni aeropuerto cobrarán un céntimo. Aunque no estamos en ese punto, la cautela y el consenso son siempre buenos compañeros de viaje.