Los mercados y el Supremo marcan algunos límites a Trump
No sabemos si el punto álgido del poder del republicano está por venir o si solo está a la vista en el espejo retrovisor


El Tribunal Supremo ha infligido a Donald Trump su derrota legal más dolorosa en un ámbito crítico, el arancelario. El órgano judicial, de mayoría conservadora, no se manifiesta sobre la política arancelaria, pero sí sobre las vías para llevarla a cabo. Y el anuncio de grandes aranceles a todo el mundo (literalmente; la norma incluía islas deshabitadas) fue, además de grotesco, no conforme a derecho.
El dictamen estaba previsto por el mercado y los expertos, cuyas principales incógnitas tampoco se han despejado: el Supremo no ha aclarado si el Tesoro de Estados Unidos tendrá que devolver los 170.000 millones de dólares recaudados. Y la Casa Blanca buscará otras vías para restablecer las tasas. En cualquier caso, la noticia es, sobre el papel, positiva para la economía y para los mercados. Y supone un dilema político para un Ejecutivo que hizo de los aranceles un tema clave.
La Administración tiene mecanismos para decretar aranceles o barreras comerciales de distinto tipo (no son un invento del exmagnate), pero el varapalo judicial ha cegado el atajo más sencillo: una ley de emergencia económica prevista para otras situaciones. Futuros aranceles precisarán de una mejor arquitectura legal o de respaldo político. Y, fundamentalmente, la Casa Blanca será menos creíble cuando los utilice como comodín en cualquiera de los frentes que mantiene abiertos.
Está pendiente otra segunda resolución clave del Tribunal Supremo, en este caso sobre la gobernadora de la Reserva Federal Lisa Cook. Este caso, calificado como el más importante en la historia de la Fed por Jerome Powell, es otro test sobre la solidez de las instituciones estadounidenses. Tanto en los aranceles como en la Fed, la justicia habla después de unos mercados que ya han alejado a la Casa Blanca de sus ambiciones maximalistas. Mucho antes del Supremo, fue el bono a 10 años el que forzó a Trump a decretar una tregua comercial de 90 días. Y, en cuanto a la Fed, Kevin Warsh tiene más en común con la aristocracia de Wall Street que con los heterodoxos ideólogos favoritos de Trump.
El presidente se está topando, por un lado, con las primeras cortapisas a un poder que, a tenor de sus palabras, pretendía ejercer sin más límites que los autoimpuestos. Y se está encontrando, también, con el umbral de tolerancia tanto de parte de la ciudadanía estadounidense como de su propio partido. Quedan nueve meses para unas elecciones legislativas clave, y no sabemos si el punto álgido del poder de Trump está por venir o solo está a la vista en el espejo retrovisor.