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Las claves
Opinión

Las claves: las ‘big tech’ o el nuevo oro a prueba de guerras

Las siete magníficas pueden ser demasiado grandes para algunos, sí, pero no dejan de ser transatlánticos financieros que ganan dinero a raudales

Panel de información del Nasdaq en una tarde lluviosa en Nueva York, en 2022.Michael Nagle (Bloomberg)

Si hace apenas dos semanas a un inversor le hubiesen dicho que acabaría refugiándose de la guerra en las firmas tecnológicas –de las que llevaba meses huyendo mientras buscaba refugio– se habría dado con un canto en los dientes. The times, they are a-changin’, que diría Dylan. El ataque de Estados Unidos e Israel sobre Irán ha conseguido algo que ni el mejor de los resultados financieros de Nvidia había logrado en los últimos dos años: que el mercado se calme un poco con sus angustias de burbuja y confíe en el sector tecnológico. De toda la sangría bursátil de los últimos días, las big tech han sido las que mejor paradas han salido, porque las siete magníficas pueden ser demasiado grandes para algunos, sí, pero no dejan de ser transatlánticos financieros que ganan dinero a raudales (y no se ven especialmente afectadas por el precio de la gasolina: sus ejecutivos suelen tener modernos coches eléctricos). Así las cosas, en estos tiempos cambiantes, los inversores han tirado de las tecnológicas como antaño tiraban del oro para resguardarse del chaparrón. Cuesta imaginar cuál será el siguiente refugio nuclear.

Los mercados vuelven a temer que crezca el gasto público

La guerra de Irán se ha sumado a las perturbaciones de los últimos seis años, que no han terminado de encontrar su lugar, y está castigando a la renta fija, ante el temor a que la inflación haga que vuelva a subir el gasto público para proteger a los hogares. Esa ha sido la medida aplicada por los Gobiernos en los últimos años, tanto con la pandemia como con la crisis energética alimentada por la guerra de Ucrania. Los organismos internacionales han avisado del alto endeudamiento soberano de Occidente, que, por otro lado, afronta una tensión de gasto extra por la apuesta por el rearme ante el desacople global.

Brechas que se añaden a una tormenta perfecta

La crisis de la vivienda en España es una tormenta perfecta, conjunción de falta de oferta, demanda creciente y muy poca previsión. A sus múltiples patas se añade el hecho de que la vivienda nueva –rara avis del mercado inmobiliario en los últimos años– no solo está especialmente cara, sino que lo está cada vez más por encima de la de segunda mano. Esta particular brecha también dificulta el acceso a aquellos que aspiran al título nobiliario de propietarios: con un parque de vivienda envejecido, muchos de los pisos que entran en el mercado necesitan reforma. Pocos son los que pueden pagarse una casa y menos los que pueden además reformarla. Todo ello con la vivienda nueva más cara que nunca. Mientras, el capital global busca grandes carteras en España.

La frase

No creo que una empresa pueda dictar a un Gobierno soberano lo que debe hacer con sus herramientas Simplemente, no creo que sea un modelo viable
Michael Dell, consejero delegado de Dell

Apollo mete en el Atlético músculo tanto deportivo como inmobiliario

El negocio del deporte siempre ha tenido mucho que ver con el inmobiliario, tanto por la frecuente presencia de promotores de este sector en los clubes de fútbol, como por todo lo relacionado con los estadios y sus alrededores. En esa línea encaja la entrada del private equity Apollo en el Atlético de Madrid, con el 57%: el dinero aportado por el gigante se invertirá en la parte deportiva, pero también en la Ciudad del Deporte que se va a construir junto al estadio Metropolitano, en cinco parcelas públicas cedidas para 75 años. La entrada de grandes capitalistas en los clubes de fútbol no deja de crecer, y el Atlético de Madrid se suma así a otros clubes europeos, con la idea, también, de competir en ingresos y en capacidad para fichar grandes jugadores.

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