Precio del petróleo y efectos colaterales
El movimiento de las compañías con sus refinerías parece explicarse mejor por los ingresos de la subida del crudo que por su altruismo respecto a eventuales problemas de escasez


El conflicto bélico desencadena por Donald Trump en Irán y su impacto en el petróleo provoca ya llamativos efectos colaterales. Las refinerías radicadas en España, de firmas como Repsol, Moeve o BP, han decidido retrasar las paradas técnicas inicialmente previstas con el fin de mantener su nivel de producción de gasóleo A y combustible para aviación. Lo hacen en un momento especialmente delicado, tanto por las tensiones en la demanda como de los precios. El cuello de botella provocado por la guerra en Oriente Próximo se produce años después de que Europa diera un paso atrás en su capacidad de refino, una decisión vinculada a los procesos de electrificación y descarbonización en marcha en todo el territorio comunitario. No es casualidad que, ante el nuevo escenario que parece abrirse, ya haya voces que se planteen reabrir un debate que parecía clausurado a cal y canto.
“Es hora de replantearnos el papel del sector del refino en Europa, porque si hablamos, y coincido plenamente con las declaraciones de la presidenta de la Comisión Europea, sobre la autonomía estratégica de Europa, necesitamos un sector de refino sólido en Europa”, aseguraba recientemente Josu Jon Imaz, consejero delegado de Repsol. Más o menos certero en su apreciación, parece pronto para sacar conclusiones definitivas, al menos hasta que la refriega no desgrane compases más largos. De hecho, el movimiento de las petroleras con sus refinerías parece explicarse mejor por los pingües ingresos que la subida del precio del crudo reportará a sus balances –tanto por la vía de los mayores márgenes en el refino de derivados como por la mera comercialización– que por su altruismo respecto a eventuales problemas de escasez.
El mundo, con todo, contiene la respiración. El daño a infraestructuras petroleras, el colapso logístico y la reapertura de pozos clausurados van a tensar el mercado petrolero durante meses; eso quiere decir precios altos y, también, riesgo de escasez física si el conflicto se prolonga. Los mercados financieros parecen comprar la idea de que Donald Trump quiere terminar el conflicto, lo que permitiría abrir Ormuz en algún momento. No será tan sencillo; primero, Teherán no entregará fácilmente su única, pero poderosa, carta. En segundo lugar, porque, aun así, el daño sobre el sector y sobre la cadena de suministro coleará durante, por lo menos, unos cuantos meses, tanto en los mercados de crudo como, sobre todo, de gas e hidrocarburos refinados.