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Unos astrónomos descubren algo muy llamativo y curioso muy cerca del Sol

Los indicios apuntan a un subhalo de materia oscura, algo que puede revolucionar los conocimientos que se tienen del universo.

Un equipo liderado por la astrofísica Sukanya Chakrabarti (Universidad de Alabama en Huntsville) ha presentado la que podría ser la pista más cercana hasta ahora de un subhalo de materia oscura en las inmediaciones del Sol. La señal no se ha visto con telescopios, sino en los relojes cósmicos más precisos que conocemos: los púlsares. El estudio, aceptado y publicado a finales de enero de 2026, propone que una masa invisible estaría tirando con suavidad de varios púlsares próximos, una huella gravitatoria coherente con un grumo de materia oscura.

La materia oscura no se ha detectado directamente, pero su huella gravitatoria explica gran parte de la estructura a gran escala del universo y se estima que representa alrededor del 85% de toda la existente. Los modelos cosmológicos prevén que galaxias como la Vía Láctea estén envueltas por un halo de materia oscura, salpicado de subhalos más pequeños. Identificarlos en nuestra propia galaxia ha sido esquivo durante décadas, precisamente porque apenas interactúan con la materia ordinaria.

Dr. Sukanya Chakrabarti de la Universidad de Alabama en Huntsville

Un descubrimiento muy importante

Para buscar estas estructuras, el equipo recurrió a la sincronización de púlsares. Hay que recordar que estas son estrellas de neutrones que giran muy rápido y emiten haces de radiación como si fueran un faro; si acelera hacia nosotros o se aleja, el ritmo de sus pulsos cambia levemente, y ese desajuste permite medir su aceleración con una precisión extraordinaria. En binarios -púlsar más compañera, a menudo una enana blanca- el periodo orbital evoluciona con el tiempo y, tras descontar efectos conocidos (pérdida de energía por ondas gravitacionales, movimiento propio o el potencial galáctico suave), cualquier aceleración extra apunta a masa adicional en el entorno.

El análisis combinó datos de 27 púlsares binarios con medidas fiables de aceleración y se extendió después a púlsares solitarios cercanos. Entre los pares evaluados destacaron dos fuentes clásicas de la cronometría de púlsares, PSR J1640+2224 y PSR J1713+0747, que muestran una aceleración común difícil de atribuir a materia ordinaria. Esta correlación, una vez controladas alternativas astrofísicas, es precisamente lo que se espera si ambos están bajo la influencia de la misma concentración de masa.

¿Cuánta masa implicaría esa sombra cercana al Sol?

El trabajo aceptado ofrece dos estimaciones según la geometría asumida. Si se modela como un objeto compacto, la masa ronda los 24–25 millones de masas solares; si se adopta un perfil de densidad tipo NFW (más extendido), el total asciende a ≈6,2×10⁷ masas solares, con ~4,8×10⁶ dentro del radio de escala. En ambos casos, los factores de Bayes están en el rango 20–40: una evidencia sugestiva, todavía no definitiva.

La localización también es próxima en términos galácticos. Las distintas versiones del análisis sitúan el subhalo a unos pocos miles de años luz del Sol; una estimación preliminar, basada en la primera versión del manuscrito, lo colocaba en torno a 0,93 kiloparsecs (unos 3.000 años luz). Más allá de la cifra exacta -con incertidumbre- el resultado implica un exceso de aceleración local en nuestro vecindario estelar.

Para descartar explicaciones convencionales, los autores confrontaron la señal con recuentos estelares de Gaia y con mapas de hidrógeno atómico y molecular. Ni las estrellas ni el gas conocidos en esa región pueden generar la aceleración observada; el déficit persiste incluso con supuestos conservadores al estimar masas estelares y densidades de gas. Este ejercicio refuerza que estamos ante masa adicional no luminosa.

Sol centro del Sistema Solar

El método es tan interesante como el hallazgo: utilizar la aceleración directa de púlsares como acelerómetros galácticos abre una vía para cartografiar masa invisible sin imponer una simetría concreta al potencial de la Vía Láctea. Si el número de púlsares cronometrados con precisión crece -y lo hará con radiotelescopios y redes de sincronización cada vez más estables- las restricciones sobre subestructuras de materia oscura en el entorno del Sol serán más estrictas, y se podrán excluir subhalos más masivos en volúmenes mayores alrededor de nuestra posición galáctica.

Una forma de trabajar en evolución

Es importante subrayar la prudencia del equipo: la Vía Láctea no es perfectamente lisa. Interacciones pasadas con galaxias enanas pueden introducir ondulaciones en el campo gravitatorio que, en principio, imitan aceleraciones locales. La clave aquí es que la señal aparece localizada y coherente entre varias fuentes, y se sostiene con distintos tratamientos estadísticos. Aun así, los autores la califican como tentativa y piden más datos para confirmar su persistencia en el tiempo.

Si se consolida, estaríamos ante el primer subhalo de materia oscura identificado dentro de la Vía Láctea, un paso importante para cerrar la brecha entre simulaciones de formación de galaxias y observaciones directas. Lo más estimulante es que esta técnica -leer, literalmente, el latido de los púlsares- puede multiplicar los candidatos en nuestra barrida en torno al Sol y guiarnos hacia una imagen más fiel del esqueleto invisible que sostiene nuestra galaxia.

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