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Anuncios fraudulentos en redes sociales en Europa, un negocio oculto y muy preocupante

Un estudio de Juniper estima que lo ganado por las plataformas en 2025 podría llegar a nada menos que 4.400 millones de euros.

Redes Sociales

En los últimos años, las grandes plataformas sociales se han convertido en el escenario perfecto para los anuncios fraudulentos, hasta el punto de que ya no son solo un problema de seguridad para los usuarios, sino también una fuente de ingresos de lo más considerable. Esta situación genera un conflicto de intereses que, en muchos casos, impacta en la cuenta de resultados de las plataformas.​

Según datos de Juniper Research, solo en 2025 las redes sociales ingresaron alrededor de 4.400 millones de euros en Europa procedentes directamente de anuncios de estafa. Esto equivale aproximadamente al 10% de todos los ingresos publicitarios que generan en la región, una proporción que es impactante. En paralelo, los usuarios europeos tuvieron que soportar cerca de un billón de impresiones de anuncios fraudulentos en un solo año, lo que deja claro que no se trata de casos aislados, sino de un fenómeno estructural.​

Redes sociales y menores

Unas cifras difíciles de ignorar

Si miramos el día a día, hay datos que son incluso más preocupantes. El usuario medio de redes sociales en Europa se topa con más de 190 anuncios de estafa al mes en las plataformas donde se conecta, cifra que podría alcanzar los 250 anuncios mensuales en 2030 si nada cambia. Traducido a experiencia real, significa que uno de cada diez anuncios que ve un usuario europeo en redes sociales es una estafa -o, como mínimo, un intento de engaño-. Mientras tanto, las marcas legítimas comparten espacio con campañas diseñadas para generar beneficios.​

Perspectiva que no apunta a mejorar

Las proyecciones para 2030 refuerzan todo lo que decimos. Si la dinámica actual continúa, las empresas detrás de las redes sociales podrían superar los 10.000 millones de euros de beneficio derivados exclusivamente de anuncios fraudulentos en Europa. En ese mismo escenario, el número de impresiones de estafas y anuncios engañosos superaría los 1,4 billones al año, con un incremento estimado del 32% en el número de anuncios fraudulentos que impactan a cada usuario medio al mes. Es decir, más anuncios falsos… y más ingresos a corto plazo con más riesgo para los usuarios.​

El problema no se limita a las cifras de ingresos, sino a cómo funcionan las compañías. Estas controlan toda la cadena: el sistema de pujas publicitarias, los algoritmos que deciden qué anuncio ve cada persona y los procesos de aprobación previos a la publicación de campañas. Cada impresión, sea de una marca legítima o de una estafa, suma en las métricas de negocio (más tiempo de exposición, más clics, más facturación). El caso es que, a día de hoy, frenar las estafas implicaría invertir más en verificación, revisar de forma más concreta anuncios de sectores de alto riesgo y asumir que no todo vale en las redes sociales.​

Un detalle importante es que el estudio mencionado advierte que este dinero fácil de las estafas tiene un coste: la erosión progresiva de la confianza. Cuando los usuarios empiezan a desconfiar de lo que ven en su feed, no solo se protegen mejor frente a fraudes, también hacen menos caso a la publicidad legítima. A medio plazo, eso se traduce en menor eficacia para los anunciantes auténticos, menos valor percibido del inventario publicitario y, finalmente, pérdida de atractivo frente a otros canales digitales.​

La red social X Francia

El crecimiento de las redes sigue imparable

Esto es una realidad: alrededor de 437 millones de personas eran usuarios activos mensuales en 2025, y la cifra podría acercarse a los 476 millones en 2030. El caso es que más usuarios significa más impresiones, más espacio para campañas legítimas y también más oportunidades para camuflar anuncios falsos entre ellos. El modelo, por lo tanto, parece claro: a mayor escala de la plataforma, mayor volumen potencial de anuncios -y de posibles estafas- y mayores ingresos derivados (salvo que se tomen medidas contundentes para cortar ese flujo).​

Mientras tanto, los delincuentes afinan sus técnicas. Los anuncios de productos inexistentes o servicios que nunca se prestan se diseñan con un nivel de detalle cada vez más cercano al de campañas profesionales. El uso de inteligencia artificial para generar textos, imágenes o incluso vídeos hace que distinguir entre una oferta legítima y una fraudulenta sea cada vez más complicado para el usuario medio. Esto explica que las pérdidas por estafa por usuario estén aumentando en muchos países europeos… y que el impacto emocional, como la vergüenza o el miedo a volver a comprar online, sea cada vez más intenso.​

Las redes ya están reaccionando

Las plataformas están avanzando; ya utilizan sistemas basados en IA para detectar comportamientos sospechosos, puntuaciones de riesgo para anunciantes y canales de denuncia para que los usuarios reporten anuncios dudosos. También estas señalan el despliegue de verificaciones de identidad para ciertos sectores, especialmente el financiero, y la eliminación de millones de anuncios y cuentas relacionados con actividades fraudulentas cada año. Sin embargo, el informe de Juniper indica que es posible hacer más para eliminar el problema de raíz.

En el fondo, el dilema es económico y de modelo de negocio. Bloquear de forma agresiva a los anunciantes de estafas recorta ingresos inmediatos y obliga a invertir más en tecnología e, incluso, en personal. La paradoja es que, a largo plazo, el no ser mucho más activo erosiona el valor de la plataforma, empuja a los usuarios hacia alternativas más seguras y penaliza a las marcas que luchan por destacar con productos legítimos.​

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