La discreta familia multimillonaria Besnier, dueña de Lactalis, golpeada por el escándalo de la leche de bebe contaminada
El gigante alimentario se encuentra en el centro de la polémica que afecta también a Nestlé y Danone

Para la reservada familia multimillonaria Besnier, la reciente retirada del mercado de una leche infantil que puede tener componentes de riesgo, y fabricada por su empresa centenaria, trae consigo una incómoda sensación de déjà vu. Hace solo ocho años, el clan francés detrás del Grupo Lactalis, y su director ejecutivo, Emmanuel Besnier, descendiente de la tercera generación de los fundadores de la compañía, atravesaron una crisis similar después de que decenas de bebés que consumieron leche de fórmula producida en una de sus plantas del oeste de Francia resultaran intoxicados por salmonela. Lactalis fue criticada por actuar con demasiada lentitud y acusada de no retirar el producto, engaño y lesiones involuntarias. El caso sigue abierto.
Ahora, el temor a que la leche en polvo para bebés haya sido contaminada con una toxina que puede causar vómitos y diarrea ha obligado a Lactalis y a los gigantes alimentarios más conocidos, Nestlé y Danone, a retirar productos de las tiendas de todo el mundo durante las últimas semanas. Las autoridades francesas están investigando si dos muertes de bebés están relacionadas con el consumo de la marca Guigoz de Nestlé. Mientras las retiradas de productos, las amenazas de demandas y las acusaciones de incumplimiento de la normativa llenaban las ondas, Nestlé y Danone fueron castigadas en el mercado bursátil.
Lactalis anunció la retirada de su leche infantil el 21 de enero, dos semanas después de que Nestlé comenzara a retirar sus propios productos. La atención se centra ahora en la familia que controla la empresa, con preguntas sobre si actuaron con la suficiente rapidez. El grupo francés es la mayor empresa láctea del mundo, y propietario en España de las marcas Puleva o Président, si bien estos dos productos no están afectados por la crisis de la leche de fórmula.
“En el caso de Lactalis, la familia es, en última instancia, la responsable”, afirmó Philippe Pele-Clamour, profesor adjunto de la escuela de negocios HEC Paris y especialista en empresas familiares. “Esto puede suponer un problema a la hora de gestionar una crisis”. E l escándalo actual que afecta a los fabricantes de leche infantil se debe a la posible presencia de cereulida, una toxina que se remonta al aceite de ácido araquidónico contaminado, o ARA, de un proveedor chino.
Lactalis afirmó que la alerta de un organismo comercial francés le llevó a analizar “inmediatamente” su leche en polvo. Los análisis iniciales mostraron que tanto el ingrediente ARA como el producto final eran “conformes”, pero pruebas posteriores realizadas en la leche preparada “revelaron la presencia de cereulida”, según afirmó. La retirada del mercado de la leche infantil comercializada bajo la marca Picot y otras enseñas afectó a 18 de los 47 países en los que se distribuye. Lactalis declaró a Bloomberg News que ha dejado de utilizar al proveedor chino identificado como problemático y ha comenzado a solicitar a otros proveedores una garantía sobre la ausencia de cereulida.
Ambos incidentes han servido para poner de relieve a los Besnier y al gigantesco imperio lácteo que han construido a lo largo de los años mediante adquisiciones, lo que les ha proporcionado una influencia sin igual en el sector y les ha situado con frecuencia en el centro de controversias. El grupo, líder del sector, con quesos, mantequilla, yogur y otros productos lácteos con marcas como President, Galbani, Parmalat, Yoplait y Kraft, ha visto cómo sus ventas se multiplicaban por seis en dos décadas hasta alcanzar la cifra récord de 30.000 millones de euros.
Sin embargo, a lo largo de los años, Emmanuel Besnier y sus dos hermanos han mantenido un perfil bajo, rara vez conceden entrevistas o dan ruedas de prensa, incluso cuando las repetidas crisis les han valido mala publicidad. Su empresa es blanco frecuente de los agricultores franceses, que la acusan de no pagar lo suficiente por la leche cruda. También ha estado en el punto de mira de las autoridades fiscales. Besnier rechazó una solicitud de comentarios.
No hay muchos indicios de que el incidente actual vaya a frenar la ambición de la familia de seguir avanzando en la industria mundial de la leche infantil, valorada en 51.000 millones de dólares.
Apenas unos meses después del escándalo de la salmonela, Lactalis anunció la adquisición del negocio de leche infantil del Grupo Aspen por 740 millones de euros, lo que le proporcionó marcas como Alula e Infacare, que se venden en África, Asia y América Latina. También dijo que planeaba “desarrollar un negocio global de nutrición infanti”.
Aunque no está claro si eso sigue en pie tras la última alarma sanitaria, el clan Besnier parece decidido a mantener su dominio en el sector lácteo. En una entrevista el año pasado con el diario financiero francés Les Echos, Emmanuel Besnier dijo que este producto básico es la columna vertebral de la empresa, con una diversificación centrada en la expansión geográfica y en productos relacionados como el yogur.
“Lactalis cree desde hace mucho tiempo en el sector lácteo”, afirmó Mary Ledman, antigua estratega de Rabobank y actualmente en la publicación especializada The Daily Dairy Report. “No tienen que preocuparse por los resultados trimestrales y eso sin duda ha contribuido a su éxito”.
Con sede en el noroeste de Francia, los Besnier, a lo largo de tres generaciones, han ampliado lo que comenzó como una empresa artesanal de elaboración de queso hasta convertirla en una entidad multinacional con productos que se venden en unos 150 países. Los tres hermanos propietarios del grupo —Jean-Michel, de 58 años, Emmanuel, de 55, y Marie, de 45— tienen ahora un patrimonio conjunto de 18.000 millones de dólares, según el Índice de multimillonarios de Bloomberg. Jean-Michel y Marie son directores de la sociedad holding familiar B.S.A.
La fortuna de este trío de hermanos, reacio a los medios de comunicación, ilustra el alcance global de un grupo de familias francesas que supervisan empresas que han pasado de ser pequeños negocios a gigantes industriales gracias a la expansión y las adquisiciones.
Francia domina el sector del lujo a través de empresas como LVMH, fundada por el multimillonario Bernard Arnault, y Hermes International, cuya familia controladora es la más rica de Europa. Los herederos de Dassault tienen influencia mundial en aviones de combate y aviones ejecutivos, mientras que la segunda generación de los Saade controla la tercera línea de transporte marítimo de contenedores más grande del mundo, CMA CGM.
Nace en 1933
En el caso de Lactalis, su fundador, André Besnier, elaboró sus primeros 17 quesos Camembert en 1933 con la marca Le Petit Lavallois, utilizando leche recogida cerca de su ciudad natal, Laval, donde la empresa sigue teniendo su sede. A lo largo de los años, amplió su gama de productos con mantequilla y nata. Tras la muerte de André en 1955, su hijo Michel tomó el relevo, creó la marca President, exportó el queso brie a Estados Unidos y realizó las primeras adquisiciones del grupo. Michel falleció repentinamente en 2000 y Emmanuel tomó el mando a los 29 años.
Como director ejecutivo, ha supervisado unas 124 adquisiciones por valor de miles de millones de dólares, desde el fabricante italiano de mozzarella Galbani y el productor brasileño de leche Itambe hasta el negocio de yogures de General Mills en Estados Unidos, que incluye las marcas de queso Yoplait y Kraft Heinz, como Cracker Barrel.
“Si ven un objetivo y lo quieren, lo más probable es que sean los compradores”, afirmó Ledman. Rabobank afirmó en su clasificación de 2025 de las 20 mayores empresas lácteas del mundo que “el apetito de Lactalis por las adquisiciones parece insaciable”, señalando su dominio mundial y su cómoda ventaja sobre la número 2, Nestlé. Si bien los acuerdos han situado a Lactalis en el mapa del sector como uno de los principales actores, el grupo también ha tenido su cuota de malas noticias.
Los repetidos enfrentamientos con los ganaderos franceses por el precio de la leche han pasado factura. La disputa de 2016 fue especialmente ruidosa, degradándose hasta convertirse en una guerra de palabras y provocando la intervención del Gobierno y la concesión por parte de Lactalis de subir la tarifa. El guion fue similar en lo que respecta a la inflación de los alimentos tras la pandemia.
Lactalis y los Besnier también se han visto envueltos en desacuerdos con las autoridades fiscales francesas. En 2024, la empresa acordó pagar 475 millones de euros a la administración como parte de una disputa sobre la financiación internacional a través de entidades belgas y luxemburguesas. El acuerdo se produjo en un momento en que el debate político sobre las políticas de impuestos a los ricos se ha intensificado en Francia y ha contribuido a reducir el beneficio neto a 359 millones de euros en 2024. La deuda de la sociedad holding familiar B.S.A. Asciende a 12 000 millones de euros, según datos de Bloomberg.
A pesar de todos sus problemas, la familia ha mantenido el silencio, algo que cabe esperar de nuevo mientras atraviesa sus actuales dificultades, dijo Pele-Clamour. “La familia Besnier se ha aferrado durante mucho tiempo a una cultura de opacidad”, dijo. “Están arraigados en un lugar alejado de París y otras grandes capitales, lo que les ayuda a mantener la discreción”.