Los valores marcarán el futuro de la tecnología digital
Hay que defender el beneficio para toda la sociedad, frente a la deriva autoritaria de Estados Unidos

El 20 de enero de 2025 Donald Trump tomaba posesión de su cargo como presidente de Estados Unidos. En aquel momento era difícil prever los enormes cambios y los efectos en todos los órdenes de la sociedad, muy en particular en el ámbito geopolítico, que hemos vivido en el año transcurrido. Todavía menos podíamos imaginar que los valores que defendemos iban a sufrir un ataque tan agresivo desde personas, instituciones y líderes tecnológicos muy próximos e influyentes sobre el actual Gobierno estadounidense.
En estos meses, la sociedad ha ido descubriendo las intenciones de algunos megarricos económicos (megapobres morales), movidos por la ambición, el ansia de poder y una concepción supremacista de la sociedad, donde ser blanco y anglosajón, según ellos, debería otorgar patente de corso para actuar.
El mundo está inmerso en una gran guerra cultural entre valores contrapuestos. La solidaridad, la generosidad, el apoyo mutuo, la compasión, la cohesión social, etc., se ven enfrentados a la fuerza del dinero, el poder, el individualismo, el racismo, la exclusión del débil, el odio al diferente, etc. Todo ello multiplicado por el efecto potentísimo del cambio tecnológico y social que las nuevas tecnologías digitales generan.
La pregunta es: ¿pueden defenderse valores inclusivos en un mundo dominado por la tecnología? Nuestra respuesta es sí. El problema no es la tecnología, sino los valores que mueven su desarrollo y su aplicación. Por eso es tan decisivo defenderlos. Es imprescindible ganar la guerra de los valores si queremos tener una sociedad abierta para todos. Para ello hay que empezar por mostrar con ejemplos reales que la tecnología, si es coherente y respetuosa con valores sociales positivos, puede beneficiar a toda la sociedad. A la vez hay que proponer, impulsar y exigir medidas que discriminen positivamente a las aplicaciones que promuevan el bien común y acciones defensivas contra las que lo ataquen.
En nuestro mundo, para tener voz es imprescindible dominar la tecnología. Si no lo haces estás condenado a la dependencia. Como decía recientemente el primer ministro canadiense, Mark Carney, en el foro de Davos: “Si no estás en la mesa, estás en el menú”. Por eso es tan decisivo contar con el conocimiento y la experiencia que nos habilitan para desarrollar nuevas aplicaciones y tecnologías a través de la innovación y la industria. Sin industria no hay posibilidad de dominar la tecnología y hacerla evolucionar. Por ello, soberanía estratégica y autonomía tecnológica van íntimamente ligadas a la capacidad industrial.
La tecnología es el gran instrumento del siglo XXI. Con ella se pueden hacer cosas extraordinarias en todos los ámbitos: la salud, la ciencia, la economía, la enseñanza, etc. Pero también se pueden cometer grandes crímenes: la guerra, el control y manipulación de la voluntad, el abuso de menores, la suplantación de identidades, el crimen organizado, la guerra autónoma, etc.
Un reciente y esclarecedor trabajo de la profesora Francesca Bria (The authoritarian stack: how tech billionaires are building a post-democratic America, and why Europe is next) detalla cómo en Estados Unidos se está configurando una red para privatizar la soberanía, actuando de forma coordinada en cinco ámbitos: soberanía cripto, complejo nuclear-IA, infraestructura orbital, guerra autónoma, y sistema operativo de gobierno.
El “complejo tecnoautoritario” lo define como formado por ámbitos coordinados para conseguir su propósito: doctrina/ideología, política, Estado, capital riesgo y empresas. En cada ámbito participan personas, instituciones y empresas muy relevantes y con enorme poder económico y tecnológico que intervienen en cada uno de los ámbitos citados. Como ejemplo de la ideología que les mueve, Peter Thiel, fundador de Pallantir Technologies y uno de los principales arquitectos del complejo, declaró: “Libertad y democracia han dejado de ser compatibles”.
No es extraño que veamos reacciones tan virulentas por parte de personas como Elon Musk, el hombre más rico del mundo y el mayor de los tecnooligarcas, cuando Gobiernos de sociedades democráticas intentan poner límites utilizando la soberanía que los Estados democráticos ponen en manos de ellos, elegidos democráticamente.
Como consecuencia de todo ello, “Europa encara una elección existencial: construir una soberanía tecnológica genuina ahora o aceptar ser gobernados por plataformas cuyos arquitectos ven la democracia como un sistema operativo obsoleto”.
Es mucho lo que nos jugamos en la defensa de los valores que han definido el modelo de sociedad europeo después de la Segunda Guerra Mundial. Los valores que ganen la guerra de los valores o rientarán el desarrollo de las tecnologías que marcarán la evolución de la sociedad en los próximos años y el modelo de sociedad en el que vivirán las futuras generaciones.
Creemos que es nuestra obligación como ciudadanos posicionarnos y participar en esta guerra de los valores defendiendo el bien común como el gran objetivo.
Todas las propuestas las seguiremos haciendo desde una óptica independiente, transversal, informada y no partidista. Estamos convencidos de que las soluciones a los problemas deben nacer desde la sociedad civil y deben resolverse a través de la colaboración en todos los ámbitos, y muy en particular a través de la colaboración público-privada. Para ello contamos con la colaboración de todos los que quieran sumarse y compartan los valores que defendemos.
Y todo ello con el gran objetivo del bien común, para que toda la sociedad se pueda beneficiar.