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La banca vuelve a rebajar sus créditos problemáticos en 2025 y marcan nuevos mínimos

El sector acumula una exposición inferior a 230.000 millones, con la morosidad en torno al 2%

Sucursales bancarias en una calle de Madrid. JUAN BARBOSA

La banca exhibe en sus balances una salud de hierro. El sector continuó en 2025 con el proceso de reducción de sus activos problemáticos que inició hace más de una década, durante la crisis financiera. El dato a cierre de 2025 se sitúa ligeramente por debajo de los 230.000 millones, un 1,3% menos que en el año anterior, de acuerdo a los datos de los balances de las instituciones financieras recopilados por la consultora Accuracy. El sector se apoya en la buena marcha de la macroeconomía, que compensa el incremento en los volúmenes de concesión de préstamos de todas las entidades.

Créditos problemáticos de la banca gráfico

Las seis principales enseñas bancarias españolas (Santander, BBVA, CaixaBank, Sabadell, Bankinter y Unicaja) han registrado en 2025 un nuevo récord de beneficios, en 34.000 millones, con la rentabilidad también al alza. La cifra, aunque abultada, ha supuesto una ralentización del crecimiento de las ganancias, que el año anterior se incrementaron un 20%. El sector se ha enfrentado en la primera parte del año pasado a varias bajadas en los tipos de interés, que se sitúan ahora estables en el 2%. Para compensarlo, ha tirado, por un lado, de potenciar los ingresos por comisiones, pero también con un aumento en los volúmenes de crédito.

Esto ha elevado la competencia en el sector y también las críticas de algunos bancos, fundamentalmente en lo que se refiere a las hipotecas. Una de las más contundentes ha sido la consejera delegada de Bankinter, Gloria Ortiz, que ha puesto el acento en el precio al que se están concediendo los nuevos préstamos, incluso por debajo del euríbor. Esto provoca, según su visión, que se estén constituyendo carteras deficitarias, que pueden poner a las entidades en problemas. También Carlos Torres, presidente del BBVA, y Gonzalo Gortázar, consejero delegado de CaixaBank, afirman que han cedido cuota de mercado en este segmento.

Los problemas, sin embargo, aún no se trasladan a la calidad del balance de los bancos. El montante de los préstamos considerados como de fase 2 (en vigilancia especial) y de fase 3 (en impago) está en 229.000 millones. Sí se aprecia, en el año, un incremento de aquellos créditos en fase 2, fundamentalmente en el Santander y en CaixaBank, pero que son compensados por una menor presencia de los que se consideran directamente morosos. La tasa de morosidad, no en vano, ha caído a niveles históricamente bajos, cercanos al 2%.

Solo se sitúa por encima de esta tasa en el Santander y el BBVA, en el 2,9% y el 2,7% respectivamente, a los que penaliza su exposición a economías emergentes, como México o Brasil. En Unicaja y CaixaBank está en el 2,1% por un 2,4% del Sabadell. Bankinter es el banco español con la mora más baja, en el 1,9%.

De acuerdo al informe de Accuracy, los principales descensos en créditos en impago se han registrado en Unicaja, hasta del 20% interanual, una vez culminada en los últimos años la estabilización de su balance, años después que el resto de las entidades; seguido por CaixaBank, con el 15,7% y el Sabadell, también en el 15%. El BBVA mantiene la cifra inalterada, por la evolución de Turquía y México, mientras que en España la cifra mejora. “En términos generales, se sigue observando una mejora de la calidad crediticia de las carteras de las principales entidades españolas, teniendo en cuenta que continúan aumentado los volúmenes de negocio”, reza el documento.

Como vía para desaguar de las cuentas a estos créditos morosos, las entidades han seguido utilizando la venta de carteras de préstamos problemáticos. Sin embargo, este proceso se realiza con menor intensidad y con carteras más pequeñas que durante los años posteriores a la crisis. Las entidades han abrazado además una fórmula alternativa para sanear sus balances: las titulizaciones. Fue un producto proscrito tras la crisis, puesto que estuvo en el corazón del estallido de Lehman Brothers. Ahora, bajo el paraguas de una legislación más exigente, han vuelto a abrazar este sistema, que supone la transferencia del riesgo de crédito de un conjunto de préstamos a inversores externos.

Una de las claves del sector de cara a 2026 será si, en medio de esos temores a una posible nueva burbuja inmobiliaria, la buena salud en el crédito se mantendrá. Alberto Valle, director de la práctica bancaria en Accuracy y experto en ámbito bancario, explica que monitorizan dos elementos. El primero es que en 2026 empezarán a vencer los préstamos otorgados durante la covid-19, concedidos con avales públicos para paliar el destrozo económico de la pandemia. En segundo lugar, aprecian un auge del crédito al consumo, al que perciben un crecimiento más rápido que el de las hipotecas, si bien las provisiones aún no están subiendo. Este tipo de crédito suele ser más arriesgado que el hipotecario y entraña más fallidos.

“La baja tasa de morosidad les permite a los bancos incrementar el riesgo sin tener problemas de solvencia ante el regulador. 2026 será un buen año para el sector y todos los ojos están pendientes en si Christine Lagarde [presidenta del Banco Central Europeo] decide bajar tipos en el verano, lo que puede cambiar un poco el panorama”, señala el informe de la consultora.

El estudio también apunta a perspectivas positivas para el sector en el año, apoyado precisamente por la estabilidad en política monetaria. Esto se traducirá en subidas en Bolsa, si bien más moderadas que en años anteriores, donde se han registrado mejoras por encima del 100% entre algunos de los grandes bancos españoles. También prevé que la presión sobre el margen de intereses (la diferencia entre lo que los bancos ganan por prestar dinero y lo que pagan por los depósitos) siga sin notarse.

“En un contexto de tipos en torno al 2%, la evolución del margen de interés dependerá en mayor medida del dinamismo comercial y de la estabilidad del diferencial, lo que sitúa como prioridades estratégicas mantener la disciplina comercial en un entorno regulatorio exigente y expuesto a la volatilidad geopolítica y comercial; preservar la calidad crediticia sin deterioro del perfil de riesgo; avanzar en eficiencia operativa mediante digitalización y optimización de estructuras; profundizar en la diversificación de ingresos, reforzando las comisiones recurrentes (gestión de activos, seguros y negocio transaccional); y gestionar de forma prudente el capital y los riesgos en un entorno macroeconómico más exigente, aunque estable”, considera el documento como análisis final.

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