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Opinión

Las farmacéuticas compran puentes para el precipicio de las patentes

Solo el 10% de los ingresos por fármacos de las 20 firmas principales seguirán contando con protección en una década

Imagotipo de Gilead.Dado Ruvic (REUTERS)

Los gigantes farmacéuticos quieren comprar desarrolladores de medicamentos novedosos, pero ¿cuánto están dispuestos a pagar? La compra por parte de Gilead por 7.800 millones de dólares de la start-up biotecnológica Arcellx, con una prima del 79%, indica que podría ser mucho.

Gilead es un buen ejemplo de las presiones que afronta el sector. La mitad de sus ingresos proviene del tratamiento contra el VIH Bik­tarvy, que tiene por delante una década de protección de patente. Es más o menos el tiempo que tarda un fármaco en pasar del descubrimiento en un laboratorio a su comercialización, lo que significa que el reloj no se detiene para los avances científicos que sustituirán los ingresos futuros que se perderán frente a los nuevos competidores.

La compra de su socio Arcellx es una forma de adelantarse. El acuerdo solo se pagará íntegramente si el fármaco en fase de desarrollo del vendedor para el tratamiento del mieloma múltiple alcanza 6.000 millones en ventas acumuladas hasta 2029. Supongamos que esto implica alcanzar una tasa de ejecución de 3.000 millones anuales para esa fecha. Si lo multiplicamos por el múltiplo de ingresos actual de Gilead, que es de seis veces, y le descontamos un 20% para tener en cuenta el valor temporal del dinero y el riesgo regulatorio, el valor es muy superior al precio de compra. Aun así, se trata de una estimación optimista de la dificultad de convertir un fármaco aún no aprobado en un éxito comercial.

Otros afrontan una presión similar. El fármaco oncológico Keytruda de MSD supone casi la mitad de sus ingresos y podría enfrentarse a la competencia en 2028. Según el Boston Consulting Group, solo el 10% de los ingresos por fármacos de las 20 firmas líderes en 2024 seguirán contando con protección de patente en una década. Es cierto que una serie de acuerdos con la Casa Blanca han reducido al menos la amenaza de que esta tome medidas drásticas contra los precios o imponga aranceles altos. Mientras, los gigantes han elevado su gasto en investigación. Pero el precipicio de las patentes sigue acechando, y la solución más rápida es comprar a los rivales más pequeños que no tienen capacidad para lanzar fármacos por sí mismos. Peor aún, si los tipos de interés bajan, eso elevaría casi automáticamente la valoración de las biotecnológicas. Es un buen momento para vender un puente sobre el abismo.

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